Rezando junto a la tumba de Jesús

Un rato de oración, acompañando el cuerpo muerto de Jesús, antes de que resucite.

tumba Jesús

Ayer nos dabas tu vida
En el Calvario morías
No era un viaje sin salida
Porque en gloria terminaría.

Pasaste tanto dolor
Cómo quisiste sufrir
Es que te llevó el amor
Que a la tierra te hizo venir

Jesús en el sepulcro
Con piedad depositado
No queremos dejarte
Ahí desamparado.

Meterse como polizón
Dentro de esta cueva santa
Parece locura de amor
Pero locura sensata.

Hacerte compañía
Estar bien solos  los dos
Rezar con toda la paz
Esa paz que viene de vos

Y aunque vas a resucitar
En el amanecer de mañana
Te quiero acompañar
Desde la hora más temprana

Y esperar junto a tu cuerpo
Ese cuerpo muerto y divino
Encerrado en esa cueva
Tu salto a la gloria sentido

Un cuerpo muerto que no está muerto
Porque está divinizado
Y en su frialdad helada
Vibra de amor por todos lados.

Quietud del sepulcro de Cristo
Cerrado y bien sellado
La vida está dentro
Los muertos del otro lado.

Que viva que es tu muerte…
Después que vos la sufriste
Con ella venciste a la muerte
Y a la gloria podemos seguirte.

Cuerpo frio de Jesús
En una tumba confinado
¿Cómo puede encerrar
A Dios mi bien amado?

Tanta paz tiene esta tumba
de muchos ángeles llena
Que a su Rey y Señor
También aquí veneran

Si no fuera tan loco
Se me ocurriría suspirar
Jesús ¡que bien estamos!
No te apures en resucitar.

Pero el mundo te espera
Lleno de gran ansiedad
Y su Rey, su amor, su todo
No quiere hacerlo esperar.

Estar siempre con vos
No importa donde eso sea
Seguirte a todas partes
Aunque a una tumba sea.

Jesús que no me separe
Ya nunca jamás de vos
Y que siempre vivamos
Muy unidos los dos.

Antes que resucites
Me atrevo hoy a decir
Jesús gracias por todo
Con vos, todo es vivir.

Córdoba, 11 de abril de 2020

Cómo “confesarse” durante la cuarentena

Así como existe la comunión espiritual,
podríamos hablar de una confesión espiritual

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La misericordia de Dios siempre actúa, también en tiempos de iglesias cerradas o imposibilidad de salir a la calle.

La Semana Santa es el tiempo del año por excelencia para acudir a la confesión. Si acompañamos al Señor en su Pasión redentora, queremos hacerlo con el alma lo más limpia posible, purificados de todo pecado.

¿Qué hacer cuando no puedo confesarme?

Primero un poco de doctrina sobre la confesión, para entender de qué se trata lo que vamos a hacer.

El sacramento de la confesión es el medio ordinario para el perdón de los pecados. Pero Dios no se ata las manos, su acción va más allá de los sacramentos.

La Teología enseña que un acto de contrición perfecta, con el propósito de confesar cuánto antes se pueda, perdona los pecado mortales y devuelve la gracia santificante. No permite comulgar todavía (salvo caso de necesidad, cosa muy rara), pero el alma está en gracia. Es decir, Dios le ha perdonado el pecado, anticipativamente a la confesión que uno desea pero no puede hacer.

La contrición es el dolor de los pecados: el arrepentimiento  por los pecados concretos que uno tiene. Cuando ese dolor es motivado por el amor a Dios (por ser tan bueno que no merece que lo ofendamos, porque nos duele haber ofendido a quien nos quiere tanto), la contrición es perfecta (porque es un dolor perfecto). Cuando ese dolor es motivado por la fealdad del pecado, por miedo al infierno, por ganas de irse al cielo… (es decir, motivos que siendo buenos, no son el amor a Dios por Él mismo), la contrición es imperfecta: es buena, pero no es perfecta, y no alcanza para el perdón de pecados mortales fuera de la confesión (sí para el perdón de pecados veniales).

Por eso hemos de fomentar el amor, que haga perfecta nuestra contrición. ¿Cómo hacerlo?

Te recomiendo hacerlo con calma, como fruto de un buen rato de oración.

Ante un crucifijo o imagen de la Divina Misericordia.

Contale a Jesús cómo te gustaría confesarte. Incluso donde, con quién… Hasta te podés imaginar haciéndolo.  Explícale que no podés…

Podés meditar un pasaje del Evangelio: por ejemplo la parábola del hijo pródigo (en el capítulo 15 del Evangelio de San Lucas). Así podrás aumentar tu sentimiento de la necesidad del perdón de tan buen padre.

Después hacé un buen examen de conciencia, para que el arrepentimiento sea concreto. Despacio, sin apuro. Si hace mucho que no te confesás, quizá te ayude buscar un examen de conciencia en la web (basta poner en Google: examen de conciencia para la confesión).

Después expresale a Jesús tu dolor por haberlo ofendido (podés  repasar cada uno de los pecados que has descubierto, para pedir perdón por ellos, uno por uno).

Contale a Jesús que hacés el propósito de confesarse en cuanto puedas.

Intentá hacer algún propósito respecto a los pecados que le has pedido perdón (contale a Jesús como quisieras ser en cada una de esas cosas).

Rezá el pésame o cualquier acto de contrición que conozcas o te guste.

Y ¡a disfrutar de la gracia!

P. Eduardo Volpacchio
Córdoba, 8 de abril de 2020

LOS REGALOS DEL PAPA Y EL ABORTO

El Papa Francisco ha regalado hoy cinco documentos suyos al Presidente argentino Alberto Fernández.

En ellos todos ellos habla del aborto. Aquí las citas.

Evangelii gaudium

  1. Entre esos débiles, que la Iglesia quiere cuidar con predilección, están también los niños por nacer, que son los más indefensos e inocentes de todos, a quienes hoy se les quiere negar su dignidad humana en orden a hacer con ellos lo que se quiera, quitándoles la vida y promoviendo legislaciones para que nadie pueda impedirlo. Frecuentemente, para ridiculizar alegremente la defensa que la Iglesia hace de sus vidas, se procura presentar su postura como algo ideológico, oscurantista y conservador. Sin embargo, esta defensa de la vida por nacer está íntimamente ligada a la defensa de cualquier derecho humano. Supone la convicción de que un ser humano es siempre sagrado e inviolable, en cualquier situación y en cada etapa de su desarrollo. Es un fin en sí mismo y nunca un medio para resolver otras dificultades. Si esta convicción cae, no quedan fundamentos sólidos y permanentes para defender los derechos humanos, que siempre estarían sometidos a conveniencias circunstanciales de los poderosos de turno. La sola razón es suficiente para reconocer el valor inviolable de cualquier vida humana, pero si además la miramos desde la fe, «toda violación de la dignidad personal del ser humano grita venganza delante de Dios y se configura como ofensa al Creador del hombre».176
  2. Precisamente porque es una cuestión que hace a la coherencia interna de nuestro mensaje sobre el valor de la persona humana, no debe esperarse que la Iglesia cambie su postura sobre esta cuestión. Quiero ser completamente honesto al respecto. Éste no es un asunto sujeto a supuestas reformas o «modernizaciones». No es progresista pretender resolver los problemas eliminando una vida humana. Pero también es verdad que hemos hecho poco para acompañar adecuadamente a las mujeres que se encuentran en situaciones muy duras, donde el aborto se les presenta como una rápida solución a sus profundas angustias, particularmente cuando la vida que crece en ellas ha surgido como producto de una violación o en un contexto de extrema pobreza. ¿Quién puede dejar de comprender esas situaciones de tanto dolor?

 

Laudato sí

  1. Dado que todo está relacionado, tampoco es compatible la defensa de la naturaleza con la justificación del aborto. No parece factible un camino educativo para acoger a los seres débiles que nos rodean, que a veces son molestos o inoportunos, si no se protege a un embrión humano aunque su llegada sea causa de molestias y dificultades: Si se pierde la sensibilidad personal y social para acoger una nueva vida, también se marchitan otras formas de acogida provechosas para la vida social 97.

 

Gaudete et exsultate

  1. También es nocivo e ideológico el error de quienes viven sospechando del compromiso social de los demás, considerándolo algo superficial, mundano, secularista, inmanentista, comunista, populista. O lo relativizan como si hubiera otras cosas más importantes o como si solo interesara una determinada ética o una razón que ellos defienden. La defensa del inocente que no ha nacido, por ejemplo, debe ser clara, firme y apasionada, porque allí está en juego la dignidad de la vida humana, siempre sagrada, y lo exige el amor a cada persona más allá de su desarrollo. Pero igualmente sagrada es la vida de los pobres que ya han nacido, que se debaten en la miseria, el abandono, la postergación, la trata de personas, la eutanasia encubierta en los enfermos y ancianos privados de atención, las nuevas formas de esclavitud, y en toda forma de descarte84. No podemos plantearnos un ideal de santidad que ignore la injusticia de este mundo, donde unos festejan, gastan alegremente y reducen su vida a las novedades del consumo, al mismo tiempo que otros solo miran desde afuera mientras su vida pasa y se acaba miserablemente.

La nota 84 dice:

Cf. La V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, según el magisterio constante de la Iglesia, ha enseñado que el ser humano «es siempre sagrado, desde su concepción, en todas las etapas de su existencia, hasta su muerte natural y después de la muerte», y que su vida debe ser cuidada «desde la concepción, en todas sus etapas, y hasta la muerte natural» (Documento de Aparecida, 29 junio 2007, 388, 464).

 

Amoris laetitia

  1. Sin embargo, «numerosos niños desde el inicio son rechazados, abandonados, les roban su infancia y su futuro. Alguno se atreve a decir, casi para justificarse, que fue un error hacer que vinieran al mundo. ¡Esto es vergonzoso! […] ¿Qué hacemos con las solemnes declaraciones de los derechos humanos o de los derechos del niño, si luego castigamos a los niños por los errores de los adultos?» 179. Si un niño llega al mundo en circunstancias no deseadas, los padres, u otros miembros de la familia, deben hacer todo lo posible por aceptarlo como don de Dios y por asumir la responsabilidad de acogerlo con apertura y cariño. Porque «cuando se trata de los niños que vienen al mundo, ningún sacrificio de los adultos será considerado demasiado costoso o demasiado grande, con tal de evitar que un niño piense que es un error, que no vale nada y que ha sido abandonado a las heridas de la vida y a la prepotencia de los hombres» 180. El don de un nuevo hijo, que el Señor confía a papá y mamá, comienza con la acogida, prosigue con la custodia a lo largo de la vida terrena y tiene como destino final el gozo de la vida eterna. Una mirada serena hacia el cumplimiento último de la persona humana, hará a los padres todavía más conscientes del precioso don que les ha sido confiado. En efecto, a ellos les ha concedido Dios elegir el nombre con el que él llamará cada uno de sus hijos por toda la eternidad 181.
  2. El embarazo es una época difícil, pero también es un tiempo maravilloso. La madre acompaña a Dios para que se produzca el milagro de una nueva vida. La maternidad surge de una «particular potencialidad del organismo femenino, que con peculiaridad creadora sirve a la concepción y a la generación del ser humano» 183. Cada mujer participa del «misterio de la creación, que se renueva en la generación humana» 184. Es como dice el Salmo: «Tú me has tejido en el seno materno» (Sal 139, 13). Cada niño que se forma dentro de su madre es un proyecto eterno del Padre Dios y de su amor eterno: «Antes de formarte en el vientre, te escogí; antes de que salieras del seno materno, te consagré» (Jr 1, 5). Cada niño está en el corazón de Dios desde siempre, y en el momento en que es concebido se cumple el sueño eterno del Creador. Pensemos cuánto vale ese embrión desde el instante en que es concebido. Hay que mirarlo con esos ojos de amor del Padre, que mira más allá de toda apariencia.
  3. Con los avances de las ciencias hoy se puede saber de antemano qué color de cabellos tendrá el niño y qué enfermedades podrá sufrir en el futuro, porque todas las características somáticas de esa persona están inscritas en su código genético ya en el estado embrionario. Pero sólo el Padre que lo creó lo conoce en plenitud. Sólo él conoce lo más valioso, lo más importante, porque él sabe quién es ese niño, cuál es su identidad más honda. La madre que lo lleva en su seno necesita pedir luz a Dios para poder conocer en profundidad a su propio hijo y para esperarlo tal cual es. Algunos padres sienten que su niño no llega en el mejor momento. Les hace falta pedirle al Señor que los sane y los fortalezca para aceptar plenamente a ese hijo, para que puedan esperarlo de corazón. Es importante que ese niño se sienta esperado. Él no es un complemento o una solución para una inquietud personal. Es un ser humano, con un valor inmenso, y no puede ser usado para el propio beneficio. Entonces, no es importante si esa nueva vida te servirá o no, si tiene características que te agradan o no, si responde o no a tus proyectos y a tus sueños. Porque «los hijos son un don. Cada uno es único e irrepetible […] Se ama a un hijo porque es hijo, no porque es hermoso o porque es de una o de otra manera; no, porque es hijo. No porque piensa como yo o encarna mis deseos. Un hijo es un hijo» 186. El amor de los padres es instrumento del amor del Padre Dios que espera con ternura el nacimiento de todo niño, lo acepta sin condiciones y lo acoge gratuitamente.
  4. A cada mujer embarazada quiero pedirle con afecto: Cuida tu alegría, que nada te quite el gozo interior de la maternidad. Ese niño merece tu alegría. No permitas que los miedos, las preocupaciones, los comentarios ajenos o los problemas apaguen esa felicidad de ser instrumento de Dios para traer una nueva vida al mundo. Ocúpate de lo que haya que hacer o preparar, pero sin obsesionarte, y alaba como María: «Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su sierva» (Lc 1, 46-48). Vive ese sereno entusiasmo en medio de tus molestias, y ruega al Señor que cuide tu alegría para que puedas transmitirla a tu niño.
  5. La adopción es un camino para realizar la maternidad y la paternidad de una manera muy generosa, y quiero alentar a quienes no pueden tener hijos a que sean magnánimos y abran su amor matrimonial para recibir a quienes están privados de un adecuado contexto familiar. Nunca se arrepentirán de haber sido generosos. Adoptar es el acto de amor de regalar una familia a quien no la tiene. Es importante insistir en que la legislación pueda facilitar los trámites de adopción, sobre todo en los casos de hijos no deseados, en orden a prevenir el aborto o el abandono. Los que asumen el desafío de adoptar y acogen a una persona de manera incondicional y gratuita, se convierten en mediaciones de ese amor de Dios que dice: «Aunque tu madre te olvidase, yo jamás te olvidaría» (Is 49, 15).

 

Christus vivit

  1. Todavía son «más numerosos en el mundo los jóvenes que padecen formas de marginación y exclusión social por razones religiosas, étnicas o económicas. Recordamos la difícil situación de adolescentes y jóvenes que quedan embarazadas y la plaga del aborto, así como la difusión del VIH, las varias formas de adicción (drogas, juegos de azar, pornografía, etc.) y la situación de los niños y jóvenes de la calle, que no tienen casa ni familia ni recursos económicos»30. Cuando además son mujeres, estas situaciones de marginación se vuelven doblemente dolorosas y difíciles.

 

OTRAS INTERVENCIONES DE FRANCISCO SOBRE EL TEMA

Discurso a los obispos en la Catedral de San Mateo Apóstol, Washington D.C.
Miércoles 23 de septiembre de 2015.
Viaje a Cuba y EE.UU., 19-28.IX.15

Las víctimas inocentes del aborto, los niños que mueren de hambre o bajo las bombas, los inmigrantes se ahogan en busca de un mañana, los ancianos o los enfermos, de los que se quiere prescindir, las víctimas del terrorismo, de las guerras, de la violencia y del tráfico de drogas, el medio ambiente devastado por una relación predatoria del hombre con la naturaleza, en todo esto está siempre en juego el don de Dios, del que somos administradores nobles, pero no amos. No es lícito por tanto eludir dichas cuestiones o silenciarlas. No menos importante es el anuncio del Evangelio de la familia que, en el próximo Encuentro Mundial de las Familias en Filadelfia, tendré ocasión de proclamar con fuerza junto a ustedes y a toda la Iglesia.

 

Indulgencia en el Jubileo extraordinario de la Misericordia
1 de septiembre de 2015

Uno de los graves problemas de nuestro tiempo es, ciertamente, la modificación de la relación con la vida. Una mentalidad muy generalizada que ya ha provocado una pérdida de la debida sensibilidad personal y social hacia la acogida de una nueva vida. Algunos viven el drama del aborto con una consciencia superficial, casi sin darse cuenta del gravísimo mal que comporta un acto de ese tipo. Muchos otros, en cambio, incluso viviendo ese momento como una derrota, consideran no tener otro camino por donde ir. Pienso, de forma especial, en todas las mujeres que han recurrido al aborto. Conozco bien los condicionamientos que las condujeron a esa decisión. Sé que es un drama existencial y moral. He encontrado a muchas mujeres que llevaban en su corazón una cicatriz por esa elección sufrida y dolorosa. Lo sucedido es profundamente injusto; sin embargo, sólo el hecho de comprenderlo en su verdad puede consentir no perder la esperanza. El perdón de Dios no se puede negar a todo el que se haya arrepentido, sobre todo cuando con corazón sincero se acerca al Sacramento de la Confesión para obtener la reconciliación con el Padre.

 

Vuelo de regreso a Roma. Miércoles 17 de febrero de 2016.
Viaje apostólico del Papa Francisco a México (12-18.II.16)

Paloma García Ovejero – «Cope»

Santo Padre, desde hace algunas semanas hay mucha preocupación en diversos países latinoamericanos, pero también en Europa, por el virus «Zika». El riesgo mayor sería para las mujeres embarazadas –hay angustia– Algunas autoridades han propuesto el aborto o evitar el embarazo. En este caso, ¿la Iglesia puede tomar en consideración el concepto de «mal menor»?

Papa Francisco

El aborto no es un «mal menor». Es un crimen. Es echar fuera a uno para salvar a otro. Es lo que hace la mafia. Es un crimen, es un mal absoluto. Sobre el «mal menor»: evitar el embarazo es un caso –hablamos en términos de conflicto entre el quinto y el sexto mandamiento. Pablo vi, el grande, en una situación difícil en África permitió a las monjas usar anticonceptivos para casos de violencia. No hay que confundir el mal de evitar el embarazo, por sí solo, con el aborto. El aborto no es un problema teológico: es un problema humano, es un problema médico. Se asesina a una persona para salvar a otra –en el mejor de los casos– o para vivir cómodamente. Va contra el juramento hipocrático que los médicos deben hacer. Es un mal en sí mismo, pero no es un mal religioso al inicio: no, es un mal humano. Y, evidentemente, como es un mal humano –como todo asesinato– es condenado. En cambio, evitar el embarazo no es un mal absoluto. En ciertos casos, como en este que he mencionado de Pablo VI, era claro. También yo exhortaría a los médicos a que hagan de todo para encontrar también las vacunas contra estos dos mosquitos que contagian esta enfermedad. Sobre esto se debe trabajar.

 

Carta Apostólica Misericordia et misera (20 de noviembre de 2016)

  1. En virtud de esta exigencia, para que ningún obstáculo se interponga entre la petición de reconciliación y el perdón de Dios, de ahora en adelante concedo a todos los sacerdotes, en razón de su ministerio, la facultad de absolver a quienes hayan procurado el pecado de aborto. Cuanto había concedido de modo limitado para el período jubilar14, lo extiendo ahora en el tiempo, no obstante cualquier cosa en contrario. Quiero enfatizar con todas mis fuerzas que el aborto es un pecado grave, porque pone fin a una vida humana inocente. Con la misma fuerza, sin embargo, puedo y debo afirmar que no existe ningún pecado que la misericordia de Dios no pueda alcanzar y destruir, allí donde encuentra un corazón arrepentido que pide reconciliarse con el Padre. Por tanto, que cada sacerdote sea guía, apoyo y alivio a la hora de acompañar a los penitentes en este camino de reconciliación especial.

 

Congreso “Yes to Life! Cuidando del precioso don de la vida en su fragilidad”
Sábado, 25 de mayo de 2019.

Buenos días y bienvenidos. Saludo al cardenal Farrell y le agradezco sus palabras de presentación. Saludo a los participantes en la conferencia internacional “Yes to Life! Cuidando del precioso don de la vida en su fragilidad”, organizada por el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida y por la Fundación “Il cuore in una goccia”, una de las realidades que trabajan todos los días en el mundo para acoger a los niños que nacerían en condiciones de extrema fragilidad. Niños que, en algunos casos, la cultura del descarte define “incompatibles con la vida” y así condenados a muerte.

Pero ningún ser humano puede ser incompatible con la vida, ni por su edad, ni por su salud, ni por la calidad de su existencia. Todo niño que se anuncia en el seno de una mujer es un don que cambia la historia de una familia: de un padre y una madre, de los abuelos y de los hermanos. Y este niño necesita ser acogido, amado y cuidado. ¡Siempre! También cuando lloran, así [aplausos]. Quizás alguien piense: “Pero, hace ruido… vamos a llevárnoslo”. No: esta es la música que todos tenemos que escuchar. Y diré que escuchó el aplauso y se dio cuenta de que eran para él. Siempre debemos escuchar, incluso cuando el niño nos molesta un poco; incluso en la iglesia: ¡que los niños lloren en la iglesia! Alaban a Dios. Nunca, nunca ahuyenten a un niño porque llora. Gracias por el testimonio. (…)

Desafortunadamente, la cultura hoy dominante no promueve este enfoque: a nivel social, el miedo y la hostilidad hacia la discapacidad a menudo llevan a la elección del aborto, configurándolo como una práctica de “prevención”. Pero la enseñanza de la Iglesia sobre este punto es clara: la vida humana es sagrada e inviolable y el uso del diagnóstico prenatal con fines selectivos debe ser desalentado, porque es la expresión de una mentalidad eugénica inhumana, que sustrae a las familias la posibilidad de aceptar, abrazar y amar a sus hijos más débiles. A veces escuchamos: “Vosotros los católicos no aceptáis el aborto, es el problema de vuestra fe”. No: es un problema pre-religioso. La fe no tiene nada que ver. Viene después, pero no tiene nada que ver: es un problema humano. Es un problema pre-religioso. No carguemos a la fe con algo que no le pertenece desde el principio. Es un problema humano. Dos frases solamente nos ayudarán a entender esto: dos preguntas. Primera pregunta: ¿es lícito eliminar una vida humana para resolver un problema? Segunda pregunta: ¿es permisible alquilar un sicario para resolver un problema? La respuesta es vuestra. Este es el punto. No buscar en lo religioso algo que concierne a lo humano. No es lícito. Jamás eliminar una vida humana o alquilar a un sicario para resolver un problema.

El aborto nunca es la respuesta que buscan las mujeres y las familias. Más bien, es el miedo a la enfermedad y la soledad lo que hace que los padres vacilen. Las dificultades prácticas, humanas y espirituales son innegables, pero precisamente por esta razón son urgentes y necesarias acciones pastorales más incisivas para sostener a los que tendrán hijos enfermos. Es decir, es necesario crear espacios, lugares y “redes de amor” a los que las parejas puedan recurrir, así como dedicar tiempo a acompañar a estas familias. Me acuerdo de una historia que supe en mi otra diócesis. Había una niña Down de 15 años que se quedó embarazada y sus padres fueron al juez para pedirle permiso para abortar. El juez, un hombre justo en serio, lo estudió y dijo: “Quiero interrogar a la niña”. “Pero es Down, no entiende…” “No, no, que venga”. La niña de 15 años fue, se sentó allí, comenzó a hablar con el juez y él le dijo: “¿Sabes lo qué te pasa?” “Sí, estoy enferma…” “Ah, y ¿cómo es tu enfermedad?” “Me dijeron que tengo un animal adentro que se come mi estómago, y para eso tienen que hacer una operación” “No… no tienes un gusano que se come tu estómago. ¿Sabes lo que tienes ahí? ¡Un niño!” Y la chica Down dijo: “¡Oh, qué bien!”. Así, pues, el juez no autorizó el aborto. La madre lo quiere. Pasan los años. Nació una niña. Estudió, creció, se hizo abogado. Esa niña, desde que supo su historia porque se la contaron, siempre que era su cumpleaños llamaba al juez para darle las gracias por el don de su nacimiento. Las cosas de la vida. El juez murió y ella ahora se ha convertido en promotora de justicia. ¡Pero mira qué bonito! El aborto nunca es la respuesta que buscan las mujeres y las familias.

 

Qué lindo decir, con todo el corazón y a todos: ¡Feliz Navidad! 

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¡Feliz Navidad!

Dos palabras tan valiosas, que encierran tanto amor, tanta fe, tanta alegría…

Son un regalo, un deseo, una invitación y un compromiso.

Tantas veces decimos estos días estas palabras tan lindas y tan llenas de contenido… 

Es el saludo habitual de esta parte del año. Pero ¿que decimos?

Con ese deseo nos expresamos y nos deseamos mutuamente, al mismo tiempo, el mejor regalo, consejo, deseo y empeño que intercambiamos.

¡Feliz Navidad! significa que deseo para vos que Jesús te haga feliz. Porque El es el único que puede hacerte feliz de verdad. Para eso se encarnó, para eso quiere estar cada vez más cerca nuestro.

Pero para que te haga feliz -por eso es un consejo-, debés abrirle tu corazón, abrirle tu inteligencia, abrirle tu vida, para que se pueda meter y llenarlo todo.

El mejor regalo. Quiero regalarte a Jesús. Su amor, cercanía, su gracia, su grandeza, su gloria. Quiero que lo encuentres como los pastores y los Magos, que vivas tan cerca suyo como María y Jesús.

El mejor deseo, porque Jesús quiere hacerte feliz y llenar tu vida. Y hacer que todos los sucesos de tu vida -los que son buenos y los que parecen malos también- sean camino a la felicidad plena. Como en el pesebre: ¿te has preguntado cómo un lugar tan pobre, incómodo, solitario, puede ser un lugar de tanta paz y tanta alegría?

El mejor consejo. Cuando no deseamos feliz Navidad, nos recordamos mutuamente que la  felicidad la encontraremos en Jesús, y entregándonos como El a los demás, buscando hacerlos felices, con Él y por Él.

El mejor empeño, porque desearte feliz Navidad encierra un compromiso: es como decirte me comprometo a intentar hacerte feliz.

Que con la gracia de Dios, tantos deseos de felicidad, estén muy llenos de contenido y sean tan fecundos como el amor que Dios nos tiene.

Y les deseo a todos, de verdad, con todo el corazón, que tengan una ¡Muy feliz Navidad!

P. Eduardo Volpacchio
Córdoba, 24.12.19

De la cruz del aborto a la gloria del cielo

santos inocentes

Los Santos Inocentes de Belén mueren por el miedo de Herodes a perder el poder, miedo que lo lleva a querer matar al Rey de la Paz.

Hoy otros santos inocentes mueren por el aborto, por miedo a perder bienestar, a complicarse la vida, a la ecología, a la pobreza…

Tristes miedos que llevan a matar, como si con la muerte de inocentes se arreglaran problemas.

Estos versos surgen de relacionar estas muertes y quieren encender la esperanza y la paz en quienes defienden la vida y, a veces, se sienten frustrados ante tanta crueldad.

De la cruz del aborto a la gloria del cielo

Imagino la cruz
Con otro crucificado
En vez de Jesús
Son bebés abortados

Este mundo nuestro
Se redime con dolor
Sufriendo lo injusto
Uno se hace redentor

Aquellos niños inocentes
Que crecían en Belén
Fueron dignos antecedentes
De los que hoy matan también

Este mundo loco
Se ha puesto a sacrificar
No nacidos inocentes
En el altar de la libertad sexual

Paga un precio muy caro
Por no querer controlar
Sus instintos sexuales
Sin verdadera intimidad

Uno deja de ser gente
Cuando intentar justificar
La muerte de un inocente
Para afirmar su propia libertad

Declararlo no querido
No alcanza para eliminar
Su existencia y su destino
Por toda la eternidad

La muerte de tanto inocente
Cuyo vivir es truncado
No deja indiferente
Al Dios que los ha creado

La justicia divina
Llena de misericordia
Transforma toda miseria
Y la hace cauce de gloria

El Creador en su bondad
Con su amor y omnipotencia
Será generoso al compensar
Tanta sufrida violencia.

Y nosotros en sus manos
Confiando en su clemencia
Ponemos también resignados
Toda nuestra impotencia

Inocentes del siglo nuestro
Asesinados hoy sin piedad
Recibirán con creces
Recompensa por tanta crueldad

Dios murió en la cruz
Infundiendo amor en la muerte
La injusticia llenó de luz
Y de vida la hizo fuente

Bebés hoy abortados
Que comparten con Él la cruz
Serán resucitados
Por el poder de Jesús

Y escucharán sorprendidos
Llenos de gozo henchidos:
Hoy estarán conmigo
¡Vengan al paraíso!

EMV
Los Talas, 15 de diciembre de 2019
Aclaración: Estos simples versos, sin ninguna pretensión poética, son sencillamente fruto de un rato de oración.

¿Separarse es una buena solución?*

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La vida, con el diario trajín, con facilidad produce falta de alegría, insatisfacción, frustración, desánimo, cansancio y aburrimiento. Las causas son múltiples –externas e internas– pero no es rara la tentación de atribuirlas casi en exclusiva al matrimonio (que también tiene su parte en el asunto, aunque no en exclusiva…).

Entonces, las dificultades en la relación de pareja recrudecen, se enfría el cariño, se conversa menos, se mete el pesimismo en la relación… y aparecen pequeñas crisis que aunque no sean graves, cansan… Entonces, puede ocurrir que comience a aparecer en la mente –como flashes– el pensamiento de separarse, como una liberación que traería la paz y tranquilidad que faltan.

Pero, este pensamiento agrava las cosas y engaña, ya que presenta como liberador algo que, en realidad, en la mayoría de los casos, posiblemente sea la peor solución, porque no soluciona nada: no arregla la relación sino que acaba por destruirla. Puede haber casos en que una separación temporal -y planteada así, como temporal, para tomar aire y perspectiva- pueda ayudar a mejorar alguna relación matrimonial, pero en la mayoría de los casos, la empeora o rompe definitivamente.

Es obvio que hay casos en los que no queda más que la separación. De todos modos, quien escribe estas líneas está convencido que en muchísimos casos no es el mejor remedio, ya que los motivos que empujan a hacerlo pueden superarse –y los cónyuges tienen muchos motivos para hacerlo–: con creatividad, paciencia y generosidad se pueden resolver muchísimos problemas, diferencias, incomprensiones, arideces, enojos, hartazgos, etc.; puede renacer el amor y ser felices.

Por las dudas, aclaro que está bien lejos de mi intención proponer una política de aguante: pienso que aguantar suele ser de las peores políticas (aunque a veces, aguantar alguna cosa, por un tiempo, puede resultar muy buena política, siempre que no sea incondicional, sea medida, hablada…, y con metas concretas…).

Estoy convencido –basado en la experiencia de muchos años escuchando gente casada– que dos personas medianamente buenas y razonables, que se han casado por amor, son capaces de vivir juntas y ser más felices juntas que separadas. Aunque tendrán que encontrar la forma, los modos, los estilos, etc., que les permitan minimizar las diferencias y maximizar lo positivo que tienen. Entre otras cosas porque no hay marcha atrás: la separación no los devuelve al momento previo a casarse, porque rompe una unión que es parte de su biografía, y no pueden no romperse también ellos (es el ejemplo de dos estatuitas pegadas, que al separarse, cada un queda con parte del otro…) y los hijos.

Suele suceder que la separación saca lo peor de cada uno respecto al otro y produce una espiral de crítica y enojo hacia el otro cónyuge, al que se acaba viendo como causante de todos mis males (cosa que raramente es cierta).

Cuando uno lo está pasando mal, la primera reacción es el deseo de salir cuanto antes de la situación que le produce stress, dolor, incomodidad, etc. Pero corre el peligro de pasar a una situación peor que la anterior. A veces el remedio puede ser peor que la enfermedad. Y antes, habría que buscar -juntos- soluciones, que las hay muchas.

Consecuencias de la separación

Como, de hecho, casi siempre, la madre queda viviendo con los hijos, se deja -de hecho, en el día a día- a los hijos huérfanos de padre. Y se carga a la madre con todo el cuidado diario de los hijos (ya no se reparten las tareas).

Se priva al marido y padre de su propia casa (debe irse a vivir a otro lugar) y su familia (ya no puede vivir con sus hijos). Ya no podrá ver a sus hijos crecer en el día a día, compartir las comidas, emociones y dolores… Su participación en la educación de los hijos será muy esporádica. Se convertirá para ellos en un visitante o cuidador de fin de semana, una especie de extraño muy cercano…

Además se lo condena a la soledad (a vivir solo) o a que busque otra pareja…: que una mujer “eche” al marido de casa, salvo casos de malos tratos, violencia, peligro, infidelidad sistemática…, me parece cruel.

No habrá más vacaciones juntos… para el padre y los hijos es duro.

Y cuando el padre está con los hijos, se da la extraña sensación para la madre de que se trata de una liberación (porque habitualmente ella debe hacerse cargo de todo), como si los hijos fueran un problema.

Normalmente el efecto económico de la separación es notable para todos. Y fuente de muchos nuevos problemas: como es lógico, mantener dos casas es mucho más caro que mantener una, y esto hace que la situación económica decaiga, y se aumenten las tensiones por el dinero.

Los problemas de comunicación se mejoran con comunicación, no rompiendo la comunicación.

Las molestias que provocan formas de ser o defectos del cónyuge, se solucionan con entrega de ambas partes… el amor es capaz de hacer amable algo que molesta.

Si me molestan cosas de mi cónyuge no será poniendo distancia o con pequeñas venganzas cómo lo ayude a cambiar y contribuya a mejorar la relación…

Los problemas de las relaciones se mejorar de muchas maneras, pero romper la relación no la mejora, sino que la acaba de destruir.

Quizá lo primero y más importante sea fomentar la esperanza. Cuando desaparece la esperanza, se acaban las fuerzas, la motivación, todo se hace más difícil, más pesado, más oscuro. Aparece la tibieza, el desánimo, el victimismo… Sin esperanza se hace muy duro vivir. Pero el principal problema… no son los problemas, las dificultades, los obstáculos… es esa falta de esperanza, que agobia, cansa y quita las fuerzas.

Siempre cabe la esperanza. Es una decisión nuestra. Y para un cristiano, además, es extensión de la fe. Nunca hay que dar todo por perdido o por irrecuperable. Con la gracia de Dios, todo es posible.

Y necesitan ayuda. Cuando la relación se empantana… es como una camioneta que se empantana en el barro… cuando más acelera, más se hunde. Necesita que venga un tractor que la saque arrastrando… Y esa camioneta, incapaz de salir con sus propias ruedas, con ayuda sale y sigue su ruta como antes… Necesitan ayuda espiritual y de orientación familiar; y, con frecuencia, también psiquiátrica y psicológica, porque hay defectos de carácter que necesitan para superarse ayuda de terapia y pastillas.

En el próximo artículo, analizaremos algunas soluciones reales a los problemas, soluciones que no crean más problemas de los que querían resolver…

P. Eduardo Volpacchio
Córdoba, 19 de octubre de 2019

*En este artículo me refiero a matrimonios, es decir a un hombre y una mujer que han unido sus vidas en un proyecto de vida común, de cara a los hijos, formando una comunidad de vida y amor estable. Obviamente excluyo noviazgos –que es razonable que se rompan cuando no funcionan–, matrimonios presumiblemente nulos, parejas de hecho, etc.

Para bajar el artículo en Word: Separarse no es una buena solución

Una reflexión moral después de las PASO

No son pocos los de desearían que la Iglesia bajara línea concreta a sus fieles cara a las elecciones.

Hay tres aspectos que ayudan a entender por qué no lo hace.

1) en el ámbito moral hay muy pocos absolutos morales. Porque la vida es muy rica, el punto de referencia son las virtudes, las normas morales no son un reglamento sino exigencias de las virtudes y en casos límites su delimitación puede ser muy finita, hay matices, etc.

2) la conciencia teniendo referencias absolutas es personal, también porque hay casos muy complejos, otros parecidos pero distintos, en los que hay varias virtudes en juego y muchos matices. Obviamente erraría si decidiera actuar contra un absoluto moral, pero en muchos casos puede exigir a personas distintas cosas distintas: porque tiene presupuestos personales y circunstancias distintas, no es un reglamento para aplicar al margen de lo concreto.

3) respeto de la libertad. En política, economía, ordenamiento una sociedad el ámbito de libertad es enorme. La Iglesia no debe quitar la libertad que Dios nos ha dejado. Prefiere quedarse corta que pasarse de largo… Por eso da criterios generales…

CONCLUSIÓN: aunque en principio es ilícito votar a un abortista, es posible hacerlo -rechazando el aborto- por motivos graves. Esto se explica en la entrada anterior de este blog, cuando se explica la posibilidad de cooperar materialmente al mal. Porque se consideran otras necesidades urgentes, no es seguro que lo ponga, etc. Cuanto más abortista sea alguien, más graves deberán ser los motivos para que sea lícito votarlo.

Una vez pasadas las PASO, con uno de los candidatos que ha manifestado que una de sus prioridades será legalizar el aborto, los pro-vidas discuten qué hacer.

Aquí sólo analizo lo moral -qué es lícito hacer-, la decisión personal será guiada por la virtud de la prudencia, que se ocupa de lo que es conveniente hacer.

[Aclaración sobre las distintas funciones de la conciencia y la prudencia. La conciencia juzga la licitud o ilicitud de una acción; la prudencia, qué es conveniente hacer: es decir, busca la acción más acertada (lo que supone que sea lícita: con la injusticia nunca se puede construir justicia].

La prudencia es personal: en nuestro caso concreto, unas personas verán necesario votar a MM ante el peligro de CK (y hasta podrán justificarlo diciendo que es menos abortero y es una posibilidad factible, etc.), mientras que otras verán necesario votar a GC pensando en el largo plazo, que es necesario armar un partido con valores, etc. Y las dos posturas son igualmente válidas desde el punto de vista moral. Unos se inclinarán por una y otros por la otra.

Es razonable intentar convencer a la otra parte de la posición propia, pero respetando la otra posición como válida moralmente.

La libertad es un don muy grande…, que en temas políticos parece patear en contra, pero a largo plazo es una bendición que nos previene de autoritarismos…

En caso de optar por un candidato que promueva el aborto (o que sea ambiguo), se tendrá obligación de intentar  neutralizar las consecuencias malas del voto: votando legisladores pro-vida, trabajando contra el aborto, etc. Que pueda ser lícito votar un candidato a presidente de este tipo, no garantiza que lo sea votar la boleta complete. Lo anterior no es un “permiso”, sino una actuación lícita, siempre y cuando vele por la efectiva realización del bien.

En las PASO llamó la atención el poco corte de boleta a favor de candidatos pro-vida al Congreso. Resulta incomprensible que muchas personas que participaron en marchas por la vida, votaran candidatos a diputados y senadores promotores del aborto (y lo peor es que ni siquiera se dieran cuenta de que lo hicieron).

Y en muchos casos por motivos muy vanos: ignorancia (no sabía cómo hacerlo), pereza (algunos se excusaron de que era muy complicado cortar boleta), miedo a hacerlo mal y que les impugnen el voto…

El voto supone una responsabilidad muy grande, y exige aprender a ejercerlo. Es una obligación seria. Quien quiere votar en conciencia, lo primero que debería hacer es saber a quienes vota (conocer los candidatos de la lista sábana) y saber cómo optimizar su voto, eligiendo de boletas distintas. Es una irresponsabilidad muy grande no analizar el tema como lo merece y no saber llevar a cabo lo que la conciencia manda.