¿Separarse es una buena solución?*

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La vida, con el diario trajín, con facilidad produce falta de alegría, insatisfacción, frustración, desánimo, cansancio y aburrimiento. Las causas son múltiples –externas e internas– pero no es rara la tentación de atribuirlas casi en exclusiva al matrimonio (que también tiene su parte en el asunto, aunque no en exclusiva…).

Entonces, las dificultades en la relación de pareja recrudecen, se enfría el cariño, se conversa menos, se mete el pesimismo en la relación… y aparecen pequeñas crisis que aunque no sean graves, cansan… Entonces, puede ocurrir que comience a aparecer en la mente –como flashes– el pensamiento de separarse, como una liberación que traería la paz y tranquilidad que faltan.

Pero, este pensamiento agrava las cosas y engaña, ya que presenta como liberador algo que, en realidad, en la mayoría de los casos, posiblemente sea la peor solución, porque no soluciona nada: no arregla la relación sino que acaba por destruirla. Puede haber casos en que una separación temporal -y planteada así, como temporal, para tomar aire y perspectiva- pueda ayudar a mejorar alguna relación matrimonial, pero en la mayoría de los casos, la empeora o rompe definitivamente.

Es obvio que hay casos en los que no queda más que la separación. De todos modos, quien escribe estas líneas está convencido que en muchísimos casos no es el mejor remedio, ya que los motivos que empujan a hacerlo pueden superarse –y los cónyuges tienen muchos motivos para hacerlo–: con creatividad, paciencia y generosidad se pueden resolver muchísimos problemas, diferencias, incomprensiones, arideces, enojos, hartazgos, etc.; puede renacer el amor y ser felices.

Por las dudas, aclaro que está bien lejos de mi intención proponer una política de aguante: pienso que aguantar suele ser de las peores políticas (aunque a veces, aguantar alguna cosa, por un tiempo, puede resultar muy buena política, siempre que no sea incondicional, sea medida, hablada…, y con metas concretas…).

Estoy convencido –basado en la experiencia de muchos años escuchando gente casada– que dos personas medianamente buenas y razonables, que se han casado por amor, son capaces de vivir juntas y ser más felices juntas que separadas. Aunque tendrán que encontrar la forma, los modos, los estilos, etc., que les permitan minimizar las diferencias y maximizar lo positivo que tienen. Entre otras cosas porque no hay marcha atrás: la separación no los devuelve al momento previo a casarse, porque rompe una unión que es parte de su biografía, y no pueden no romperse también ellos (es el ejemplo de dos estatuitas pegadas, que al separarse, cada un queda con parte del otro…) y los hijos.

Suele suceder que la separación saca lo peor de cada uno respecto al otro y produce una espiral de crítica y enojo hacia el otro cónyuge, al que se acaba viendo como causante de todos mis males (cosa que raramente es cierta).

Cuando uno lo está pasando mal, la primera reacción es el deseo de salir cuanto antes de la situación que le produce stress, dolor, incomodidad, etc. Pero corre el peligro de pasar a una situación peor que la anterior. A veces el remedio puede ser peor que la enfermedad. Y antes, habría que buscar -juntos- soluciones, que las hay muchas.

Consecuencias de la separación

Como, de hecho, casi siempre, la madre queda viviendo con los hijos, se deja -de hecho, en el día a día- a los hijos huérfanos de padre. Y se carga a la madre con todo el cuidado diario de los hijos (ya no se reparten las tareas).

Se priva al marido y padre de su propia casa (debe irse a vivir a otro lugar) y su familia (ya no puede vivir con sus hijos). Ya no podrá ver a sus hijos crecer en el día a día, compartir las comidas, emociones y dolores… Su participación en la educación de los hijos será muy esporádica. Se convertirá para ellos en un visitante o cuidador de fin de semana, una especie de extraño muy cercano…

Además se lo condena a la soledad (a vivir solo) o a que busque otra pareja…: que una mujer “eche” al marido de casa, salvo casos de malos tratos, violencia, peligro, infidelidad sistemática…, me parece cruel.

No habrá más vacaciones juntos… para el padre y los hijos es duro.

Y cuando el padre está con los hijos, se da la extraña sensación para la madre de que se trata de una liberación (porque habitualmente ella debe hacerse cargo de todo), como si los hijos fueran un problema.

Normalmente el efecto económico de la separación es notable para todos. Y fuente de muchos nuevos problemas: como es lógico, mantener dos casas es mucho más caro que mantener una, y esto hace que la situación económica decaiga, y se aumenten las tensiones por el dinero.

Los problemas de comunicación se mejoran con comunicación, no rompiendo la comunicación.

Las molestias que provocan formas de ser o defectos del cónyuge, se solucionan con entrega de ambas partes… el amor es capaz de hacer amable algo que molesta.

Si me molestan cosas de mi cónyuge no será poniendo distancia o con pequeñas venganzas cómo lo ayude a cambiar y contribuya a mejorar la relación…

Los problemas de las relaciones se mejorar de muchas maneras, pero romper la relación no la mejora, sino que la acaba de destruir.

Quizá lo primero y más importante sea fomentar la esperanza. Cuando desaparece la esperanza, se acaban las fuerzas, la motivación, todo se hace más difícil, más pesado, más oscuro. Aparece la tibieza, el desánimo, el victimismo… Sin esperanza se hace muy duro vivir. Pero el principal problema… no son los problemas, las dificultades, los obstáculos… es esa falta de esperanza, que agobia, cansa y quita las fuerzas.

Siempre cabe la esperanza. Es una decisión nuestra. Y para un cristiano, además, es extensión de la fe. Nunca hay que dar todo por perdido o por irrecuperable. Con la gracia de Dios, todo es posible.

Y necesitan ayuda. Cuando la relación se empantana… es como una camioneta que se empantana en el barro… cuando más acelera, más se hunde. Necesita que venga un tractor que la saque arrastrando… Y esa camioneta, incapaz de salir con sus propias ruedas, con ayuda sale y sigue su ruta como antes… Necesitan ayuda espiritual y de orientación familiar; y, con frecuencia, también psiquiátrica y psicológica, porque hay defectos de carácter que necesitan para superarse ayuda de terapia y pastillas.

En el próximo artículo, analizaremos algunas soluciones reales a los problemas, soluciones que no crean más problemas de los que querían resolver…

P. Eduardo Volpacchio
Córdoba, 19 de octubre de 2019

*En este artículo me refiero a matrimonios, es decir a un hombre y una mujer que han unido sus vidas en un proyecto de vida común, de cara a los hijos, formando una comunidad de vida y amor estable. Obviamente excluyo noviazgos –que es razonable que se rompan cuando no funcionan–, matrimonios presumiblemente nulos, parejas de hecho, etc.

Para bajar el artículo en Word: Separarse no es una buena solución

Una reflexión moral después de las PASO

No son pocos los de desearían que la Iglesia bajara línea concreta a sus fieles cara a las elecciones.

Hay tres aspectos que ayudan a entender por qué no lo hace.

1) en el ámbito moral hay muy pocos absolutos morales. Porque la vida es muy rica, el punto de referencia son las virtudes, las normas morales no son un reglamento sino exigencias de las virtudes y en casos límites su delimitación puede ser muy finita, hay matices, etc.

2) la conciencia teniendo referencias absolutas es personal, también porque hay casos muy complejos, otros parecidos pero distintos, en los que hay varias virtudes en juego y muchos matices. Obviamente erraría si decidiera actuar contra un absoluto moral, pero en muchos casos puede exigir a personas distintas cosas distintas: porque tiene presupuestos personales y circunstancias distintas, no es un reglamento para aplicar al margen de lo concreto.

3) respeto de la libertad. En política, economía, ordenamiento una sociedad el ámbito de libertad es enorme. La Iglesia no debe quitar la libertad que Dios nos ha dejado. Prefiere quedarse corta que pasarse de largo… Por eso da criterios generales…

CONCLUSIÓN: aunque en principio es ilícito votar a un abortista, es posible hacerlo -rechazando el aborto- por motivos graves. Esto se explica en la entrada anterior de este blog, cuando se explica la posibilidad de cooperar materialmente al mal. Porque se consideran otras necesidades urgentes, no es seguro que lo ponga, etc. Cuanto más abortista sea alguien, más graves deberán ser los motivos para que sea lícito votarlo.

Una vez pasadas las PASO, con uno de los candidatos que ha manifestado que una de sus prioridades será legalizar el aborto, los pro-vidas discuten qué hacer.

Aquí sólo analizo lo moral -qué es lícito hacer-, la decisión personal será guiada por la virtud de la prudencia, que se ocupa de lo que es conveniente hacer.

[Aclaración sobre las distintas funciones de la conciencia y la prudencia. La conciencia juzga la licitud o ilicitud de una acción; la prudencia, qué es conveniente hacer: es decir, busca la acción más acertada (lo que supone que sea lícita: con la injusticia nunca se puede construir justicia].

La prudencia es personal: en nuestro caso concreto, unas personas verán necesario votar a MM ante el peligro de CK (y hasta podrán justificarlo diciendo que es menos abortero y es una posibilidad factible, etc.), mientras que otras verán necesario votar a GC pensando en el largo plazo, que es necesario armar un partido con valores, etc. Y las dos posturas son igualmente válidas desde el punto de vista moral. Unos se inclinarán por una y otros por la otra.

Es razonable intentar convencer a la otra parte de la posición propia, pero respetando la otra posición como válida moralmente.

La libertad es un don muy grande…, que en temas políticos parece patear en contra, pero a largo plazo es una bendición que nos previene de autoritarismos…

En caso de optar por un candidato que promueva el aborto (o que sea ambiguo), se tendrá obligación de intentar  neutralizar las consecuencias malas del voto: votando legisladores pro-vida, trabajando contra el aborto, etc. Que pueda ser lícito votar un candidato a presidente de este tipo, no garantiza que lo sea votar la boleta complete. Lo anterior no es un “permiso”, sino una actuación lícita, siempre y cuando vele por la efectiva realización del bien.

En las PASO llamó la atención el poco corte de boleta a favor de candidatos pro-vida al Congreso. Resulta incomprensible que muchas personas que participaron en marchas por la vida, votaran candidatos a diputados y senadores promotores del aborto (y lo peor es que ni siquiera se dieran cuenta de que lo hicieron).

Y en muchos casos por motivos muy vanos: ignorancia (no sabía cómo hacerlo), pereza (algunos se excusaron de que era muy complicado cortar boleta), miedo a hacerlo mal y que les impugnen el voto…

El voto supone una responsabilidad muy grande, y exige aprender a ejercerlo. Es una obligación seria. Quien quiere votar en conciencia, lo primero que debería hacer es saber a quienes vota (conocer los candidatos de la lista sábana) y saber cómo optimizar su voto, eligiendo de boletas distintas. Es una irresponsabilidad muy grande no analizar el tema como lo merece y no saber llevar a cabo lo que la conciencia manda.

¿Es moralmente lícito votar a un candidato o partido que promoverá el aborto?

[Aclaración: en el n. 3 de las conclusiones había un error: faltaba un “no” que ya ha sido introducido, hoy 26/6/19]

Artículo en Word para bajar: Sobre la licitud moral de votar candidatos favorables al aborto

¿Es moralmente lícito votar a un candidato o partido que promoverá el aborto?

Este artículo está escrito desde la perspectiva de la Ética natural, de manera que no se dirige solo a creyentes sino que es válido para quien reconozca una ética común cognoscible racionalmente.

En el campo político, social y económico los católicos tienen toda la libertad que les da su fe. Son campos con inmensos márgenes de opinabilidad, en los que cada uno piensa y decide cómo le parezca, haciendo uso de su libertad, siempre buscando el bien común. Sólo tienen los límites de la fe y la moral: es la coherencia que deben tener consigo mismo.

La Iglesia siempre ha sido escrupulosamente delicada en este ámbito y nunca indica a quien se debe o no votar. Esto se debe que en este ámbito la línea entre la libertad personal en materia política y la moral es muy finita: y no debe invadir ninguno de los dos campos: ni dejar actuar inmoralmente a los fieles, ni quitarles la libertad que Dios les ha dado.

Como es obvio resulta un deber moral grave conocer la postura de los candidatos sobre los temas morales fundamentales. Sería una omisión importante votar si conocer la opinión de los mismos.

Hay evitar que el apasionamiento político oscurezca el análisis moral del caso, que siempre es concreto (depende candidatos, opciones, tipo de cargos en juego, etc.). No es un cálculo matemático, sino un juicio de conciencia (la conciencia busca discernir la bondad o malicia moral de un acto que va a realizar).

Para justificar el voto a candidatos abortistas, no alcanza con un slogan de campaña del tipo “para no convertirnos en Venezuela”. Ni tampoco, la negación de la posibilidad de la licitud de votar en un caso determinado a un abortista, en el extremo opuesto.

El tema es muy complejo, no puede darse una respuesta válida para todos los casos, pues depende de muchos matices.

Aportamos algunos criterios para el análisis personal.

Daremos cuenta a Dios de las consecuencias conocidas de nuestros votos. Una cosa es que un candidato nos engañe, otra distinta es votarlo sabiendo lo que hará. Esto hace que tengamos que pensar el voto en conciencia, sabiendo que nos jugamos personalmente responsabilidades morales.

Principio general: en principio no es moralmente lícito votar un abortista porque es una clara cooperación al mal.

Ensayo dos explicaciones, una breve y una profunda.

Explicación sencilla.

Votar a un candidato supone –en principio– adherirse a su propuesta, contribuir a que salga elegido para llevarla a cabo, elegirlo como representante propio, de manera que uno participa en la responsabilidad de las cosas que realice con el cargo que consigue con mi voto (está ahí, haciendo eso, gracias a que yo lo voté). El voto me hace “socio” de las cosas que yo sabía que iba a hacer (en este caso, yo sabía que votaría a favor del aborto). Soy además una especie de cómplice necesario: sin mi voto, no sería congresista y no podría votar a favor del aborto. Por tanto, en principio, votarlo equivale a que yo vote a favor del aborto.

Si en mi intención, lo voto compartiendo su postura abortista, ese voto es un pecado mortal. Sin ninguna duda.

Pero si lo votara, rechazando interiormente su postura abortista, por otras razones que me parecen importantes, debería tener motivos muy graves, de muchísimo peso, para que ese voto fuera lícito. Hacerme responsable con mi voto de la posible aprobación de una ley de aborto es una cuestión muy grave.

En caso de que todos los candidatos fueran abortistas, debería votar a quien fuera menos abortista (no sería obligatorio votar en blanco); pero si hubiera uno que no lo fuera, tendría que tener una causa mucho muy grave para no votarlo y votar a un abortista.

Explicación teológica.

Cuando una acción mía –en sí misma buena o indiferente– contribuye a la acción mala de otra persona, estamos ante un caso de cooperación al mal. Es un tema muy estudiado en la Teología Moral.

En la vida profesional y social es frecuente que se den este tipo de casos. Sucede, por ejemplo, cuando el dueño de un supermercado vende bebidas alcohólicas quien se va a emborrachar, ya que está cooperando con su borrachera.

¿Cómo saber si es moralmente lícito o no hacer una acción, que servirá a otra persona para hacer algo malo?

Comencemos dejando sentado otro principio general: tenemos obligación de cooperar al bien y de no cooperar al mal.

Pero podrían presentarse casos en los que tengo que hacer algo bueno a pesar de que otra persona se aproveche de ello para obrar mal. Se trata de una cooperación material al mal que podría ser lícita.

El análisis de la licitud se hace recurriendo al estudio de las acciones de doble efecto (acciones que tienen un efecto bueno y uno malo).

El estudio requiere considerar primero la necesidad que tengo de hacer esa acción: si no hubiera verdadera necesidad de realizar la acción que coopera al mal, no sería lícito hacerla.

En caso de que considere necesario hacerlo, habrá que estudiar cuatro condiciones de licitud:

  • la bondad de mi acción (que no sea mala en sí misma),
  • la conexión entre ella y el efecto malo no deseado (que mi acción no sea la causa directa de la malicia de la acción del otro),
  • mi intención (que sea buena),
  • y la proporcionalidad entre la necesidad de lo que busco y la malicia del efecto malo.

La acción será lícita si tengo necesidad real de hacerla y las cuatro condiciones se cumplen.

Apliquémoslo al caso de votar a un candidato abortista:

En primer lugar hay que descartar mi intención de adherirme a la acción mala de la otra persona. En nuestro caso, si yo votara a un favorable al aborto, porque es favorable al aborto, mi voto es siempre un pecado mortal. No cabe duda.

Pero ¿qué pasa cuando quiero votarlo –no por ser abortista, ya que yo estoy contra el aborto–, sino a pesar de que lo sea, porque me interesan otras propuestas de ese candidato, o me preocupan las consecuencias económicas o ideológicas de que gane otro…?

Estaríamos ante un típico caso de cooperación al mal: yo no quiero el mal que hace el otro, pero de algún modo contribuyo al mismo. Estaría votando a un candidato que me parece bueno y que hará mucho bien, aunque en su plataforma incluya el aborto (que sería un efecto no querido de mi voto). ¿Es lícito hacerlo?

En nuestro caso, supuestas las tres primeras condiciones, el punto clave es el siguiente: ¿hay proporcionalidad entre el peligro de aprobación de una ley de aborto y los motivos sociales, políticos, económicos, etc., que me llevan a querer votar por ese candidato?

1) Riesgo de aprobación de la ley: cuánto más probable sea que se sancione la ley, más graves deben ser los motivos que puedan justificar el voto. Cuanto menos probable sea que se sancione la ley, menos graves deberán ser para poder votarlo. En las décadas anteriores cuando no se trataba el proyecto de aborto en el Congreso, la cooperación era muy remota. Cuánto más probable sea que se trate la ley, más graves deben ser los motivos que justifiquen favorecer a un abortista ganar las elecciones.

2) Proporción entre la gravedad de una ley de aborto y el peligro que quiero evitar votando a ese candidato. Siendo el valor de la vida humana algo tan importante para la sociedad, si bien no puede descartarse que esta proporción sea posible, debería ser motivos de mucha gravedad. El precio de una ley de aborto es un precio demasiado caro a pagar para conseguir otras cosas, por muy buenas que sean.

Otra distinción

También hay que tener en cuenta si estoy votando cargos ejecutivos o legislativos. Ya que debería realizar dos análisis diferentes.

En el caso de elecciones legislativas, teniendo una opción defensora de la vida, no parece que pueda ser lícito votar una lista de candidatos que estén a favor del aborto, porque con mi voto estoy cooperando bastante directamente a la instauración del aborto.

Si la lista de candidatos está mezclada, tendré que analizar quienes pueden ser realmente elegidos.

Es importante recordar que en las elecciones de parlamentarios, tengo obligación positiva de ayudar a candidatos defensores de la vida a llegar al Congreso.

Conclusión

Tengo obligación de velar por el bien común con mi voto, lo que incluye la defensa de la vida.

En algún caso, por motivos graves, podría llegar a ser lícito votar a un candidato abortista.

Y ese caso, la persona que decida votar a un abortista deberá  estudiar mucho como compensa los efectos negativos de su voto a través del corte de boleta, votando diputados y Senadores mayoritariamente defensores de la vida, etc.

La cooperación al mal no es un “permiso” para obrar mal. Surge de la necesidad de hacer el bien, que en alguna ocasión me expone al riesgo de cooperar al mal que no hago, ni quiero, pero no puedo evitar.

Y deberá evitar el escándalo explicando muy bien a los demás por qué hace lo que hace y cómo buscó disminuir los efectos negativos del propio voto.

La decisión en conciencia debe tomarla cada uno, bien estudiado el asunto y meditado en la oración, sabiendo que dará cuenta a Dios de su voto.

Consejos prácticos a partir de lo expuesto:

  1. Conocer la postura sobre el aborto de los candidatos a presidente y vice, gobernador y vice, los dos senadores y los primeros de la lista de diputados, intendente y primeros de la lista de concejales. Votar sin saberlo sería cometer un pecado de imprudencia posiblemente grave. Encontrarás información en cualquier movimiento pro-vida.
  2. En una lista de candidatos a diputados y concejales habrá que ver cuántos candidatos pro-vida y pro-aborto hay en los primeros lugares (quienes entrarían al Congreso con mi voto), para analizar si con mi voto estoy apoyando la vida o el aborto. En cargos legislativos parece más difícil que se de la proporcionalidad que permita la cooperación al mal.
  3. Por ejemplo, votar una lista formada por dos candidatos a Senadores abortistas es pecado grave, porque no parece que pueda haber una causa grave que pudiera hacer lícita esta cooperación al mal. Si hubiera candidatos a legisladores pro-vida habría obligación de votarlos.
  4. Pudiendo ser lícita, por una causa grave, la votación de un candidato a presidente que apoye el aborto, no deja de ser recomendable votar en primera vuelta a un candidato pro-vida aunque no tenga posibilidades de ganar.
  5. En caso de decidir apoyar, por una causa grave, a un candidato presidencial favorable al aborto, debería cortar boleta, y votar legisladores favorables a la vida.

A mí personalmente, no me gustaría exponerme a cargar sobre mi conciencia la sanción de una ley de aborto y todas sus consecuencias. Porque como es obvio, los culpables de una ley son responsables de todo el mal que la ley realice.

 

Eduardo Volpacchio
Doctor en Teología Moral
25.6.2019

 

ANEXO

Adjunto la Carta que el Card. Ratzinger envió a los Obispos de los Estado Unidos sobre el tema en junio de 2004.

Se debe tener en cuenta que la carta responde a la situación concreta de Estados Unidos y no puede ser generalizada sin más. Una diferencia de situación importante es que en USA la ley de aborto estaba vigente. Es decir, el voto de un candidato abortista en principio no cambiaría la situación legal del aborto. Es el caso en que en una elección hubiera peligro de que el aborto fuera legalizado, la nota aclaratoria hubiera sido mucho más exigente.

 

Carta del Cardenal Ratzinger a los obispos de Estados Unidos:

Dignidad para recibir la Sagrada Comunión

Principios Generales

  1. El presentarse para recibir la Sagrada Comunión debería ser una decisión consciente, basada en un juicio razonado respecto de la propia dignidad para hacerlo, según los criterios objetivos de la Iglesia, haciéndose preguntas como: “¿Estoy en plena comunión con la Iglesia Católica? ¿Soy culpable de algún pecado grave? ¿He incurrido en una pena (p.ej. la excomunión, el entredicho) que prohíbe que reciba la Sagrada Comunión? ¿Me he preparado ayunando por lo menos una hora antes?” La práctica de presentarse indiscriminadamente a recibir la Sagrada Comunión, simplemente como consecuencia de estar presente en la Misa, es un abuso que debe ser corregido(cf. Instrucción Redemptionis Sacramentum, números 81, 83).
  2. La Iglesia enseña que el aborto o la eutanasia son pecado grave. La Carta Encíclica Evangelium vitae, respecto de decisiones judiciales o leyes civiles que autorizan o promueven el aborto o la eutanasia, declara que existe “una grave y clara obligación de oponerse por la objeción consciente. En el caso de una ley intrínsecamente injusta, como una ley que permite el aborto o la eutanasia, nunca es lícito por tanto obedecerla, o ‘participar en una campaña de propaganda a favor de tal ley o votar por ella’” (n. 73).

Los cristianos tienen “una grave obligación de conciencia de no cooperar formalmente en prácticas que, aún permitidas por la legislación civil, son contrarias a la ley de Dios. En efecto, desde el punto de vista moral, nunca es lícito cooperar formalmente con el mal. …Tal cooperación nunca puede ser justificada invocando el respeto a la libertad de otros o apelando al hecho de que la ley civil lo permite o lo requiere” (n. 74).

  1. No todos los asuntos morales tienen el mismo peso moral que el aborto y la eutanasia. Por ejemplo, si un católico discrepara con el Santo Padre sobre la aplicación de la pena de muerte o en la decisión de hacer la guerra, éste no sería considerado por esta razón indigno de presentarse a recibir la Sagrada Comunión.

Aunque la Iglesia exhorta a las autoridades civiles a buscar la paz, y no la guerra, y a ejercer discreción y misericordia al castigar a criminales, aún sería lícito tomar las armas para repeler a un agresor o recurrir a la pena capital. Puede haber una legítima diversidad de opinión entre católicos respecto de ir a la guerra y aplicar la pena de muerte, pero no, sin embargo, respecto del aborto y la eutanasia.

  1. Aparte del juicio de un individuo respecto de su propia dignidad para presentarse a recibir la Santa Eucaristía, el ministro de la Sagrada Comunión se puede encontrar en la situación en la que debe rechazar distribuir la Sagrada Comunión a alguien, como en el caso de un excomulgado declarado, un declarado en entredicho, o una persistencia obstinada en pecado grave manifiesto (cf. Can. 915).
  2. Respecto del grave pecado del aborto o la eutanasia, cuando la cooperación formal de una persona es manifiesta (entendida, en el caso de un político católico, como hacer campaña y votar sistemáticamente por leyes permisivas de aborto y eutanasia), su párroco debería reunirse con él, instruirlo respecto de las enseñanzas de la Iglesia, informándole que no debe presentarse a la Sagrada Comunión hasta que lleve a término la situación objetiva de pecado, y advirtiéndole que de otra manera se le negará la Eucaristía.
  3. Cuando “estas medidas preventivas no han tenido su efecto o cuando no han sido posibles”, y la persona en cuestión, con obstinada persistencia, aún se presenta a recibir la Sagrada Comunión, “el ministro de la Sagrada Comunión debe rechazar distribuirla” (cf. Declaración del Pontificio Consejo para los Textos Legislativos “Sagrada Comunión y Divorcio, Católicos vueltos a casar civilmente” [2002], números 3-4).

Esta decisión, propiamente hablando, no es una sanción o una pena. Tampoco es que el ministro de la Sagrada Comunión está realizando un juicio sobre la culpa subjetiva de la persona, sino que está reaccionando a la indignidad pública de la persona para recibir la Sagrada Comunión debido a una situación objetiva de pecado.

Nota aclaratoria: Un católico sería culpable de cooperación formal en el mal, y tan indigno para presentarse a la Sagrada Comunión, si deliberadamente votara a favor de un candidato precisamente por la postura permisiva del candidato respecto del aborto y/o la eutanasia.

Cuando un católico no comparte la posición a favor del aborto o la eutanasia de un candidato, pero vota a favor de ese candidato por otras razones, esto es considerado una cooperación material remota, la cual puede ser permitida ante la presencia de razones proporcionadas.Principio del formulario

 

Análisis preliminar del proyecto de Código Penal en relación al aborto y el inicio de la vida

Informe de Jorge Nicolás Lafferriere

El 25 de marzo de 2019 el Poder Ejecutivo Nacional presentó en el Senado de la Nación el proyecto de nuevo Código Penal. En este boletín presentamos un primer y rápido análisis del texto en relación al aborto y los delitos vinculados con el inicio de la vida.

1) Descripción de los cambios con relación al Código Penal actual en artículos 85-88:

Desde lo metodológico, el aborto continúa siendo un delito contra las personas y más específicamente contra la vida.

Se modifica la redacción del inciso referido al aborto no punible por peligro para la vida de la madre y se precisa que el peligro refiere a la salud “física o mental”. Actualmente sólo dice “salud”. Este cambio puede interpretarse parcialmente como más restrictivo, pues actualmente el Código Penal sólo habla de la “salud” sin especificaciones. La nueva redacción excluye los supuestos de peligros para la salud “social”, pero explicita los casos de la salud “mental”. Este punto es problemático. Sin embargo, se mantiene la frase referida a que el peligro no pueda ser evitado por otros medios, que ya está en el texto vigente, lo que constituye una restricción importante en este punto. Entendemos que este inciso debe ser interpretado como compatible con la doctrina del aborto indirecto, siempre y cuando no se proceda a realizar un aborto en forma directa y se cumpla las condiciones de tal situación.

Se reemplaza la actual redacción del art. 86 inciso 2 sobre el caso de aborto no punible si el embarazo fue fruto de una violación o atentado al pudor sobre mujer idiota o demente. Se recurre a la expresión más amplia de “abuso sexual”. En este punto, el texto resulta merecedor de las críticas que se formularon en su momento al fallo FAL que significó interpretar el citado artículo 86 inciso 2 en forma amplia y extensiva a todo abuso sexual.

Se incorpora la figura de aborto culposo, es decir, cuando es causado “por imprudencia, negligencia o por impericia en su arte o profesión o inobservancia de los reglamentos o deberes a su cargo” (art. 87.2). Actualmente el CP no legisla este caso como delito.

Se incorpora una norma que permite al juez dejar en suspenso o eximir de pena a la mujer, “teniendo en cuenta los motivos que impulsaron a la mujer a cometer el hecho, su actitud posterior, la naturaleza del hecho y las demás circunstancias que demuestran la inconveniencia de aplicar pena privativa de la libertad” (art. 88).

Se baja el máximo de la pena para la mujer que comete su propio aborto (art. 88), que pasa a ser de 3 años. Habrá que ver cómo se conjuga ello con las disposiciones de la parte general en tanto en el código vigente, si la pena no supera los 3 años, siempre es posible su cumplimiento condicional (art. 26 CP texto actual). Según podemos apreciar el proyecto mantiene ese criterio.

2) Otros textos vinculados con el inicio de la vida

Se incorpora el infanticidio como figura atenuada del homicidio, de modo que según el artículo 81.3, se impondrá prisión de 3 a 6 años, “a la madre que matare a su hijo durante el nacimiento o inmediatamente después, en circunstancias extraordinarias de atenuación”.

Se incorporan tres artículos sobre el delito de lesiones a la persona por nacer (arts. 95 a 97), que sancionan con prisión de 1 a 4 años “al que causare a una persona por nacer una lesión o enfermedad que perjudique gravemente su normal desarrollo o provoque en él una grave afectación física, o mental” (art. 95). En el artículo 96 se contempla la figura culposa con pena de prisión de 6 meses a 2 años o de 6 a 24 días-multa. Y en el artículo 97 se aclara que no son punibles las lesiones a la persona por nacer que sean causadas por la propia mujer embarazada.

En el artículo 100, ubicado entre los delitos por tratamientos médicos no consentidos, se sanciona en forma agravada el hecho de realizar un tratamiento médico sin el debido consentimiento si se trata de “un acto de violencia obstétrica”.

Se incorporan nuevos delitos que sancionan la manipulación genética. El artículo 439 dispone que “se impondrá prisión de 2 a 6 años y 24 a 72 días-multa, al que realizare prácticas tendientes a hacer nacer un ser humano genéticamente idéntico a otro vivo o muerto”. Por su parte, según el artículo 440, se impondrá la misma pena “al que transfiera a una mujer o a un animal un embrión de una especie diferente a la receptora, o formado como consecuencia de fusionar embriones de especies diferentes, utilizando para ello al menos un embrión humano”.

3) Algunos comentarios iniciales

Como todo nuevo código, la valoración de la nueva redacción debe ser hecha considerando todo el articulado, especialmente la parte general. Se trata de apreciar cuál es la política legislativa subyacente para determinar la relevancia que se otorga al bien jurídico de la vida humana y cómo se procura conjugar los otros bienes en juego, como la protección de la maternidad vulnerable y la búsqueda de alternativas para salvar las dos vidas. Así, por ejemplo, en los artículos 95, 96 y 97 se regula lo relativo a las lesiones a la persona por nacer, reconociendo su carácter de persona.

La redacción propuesta para el delito de aborto resulta mucho más acotada en sus modificaciones que anteriores proyectos de modificación del Código Penal.

La ampliación de la redacción del aborto no punible por “abuso sexual” es el punto más cuestionable del proyecto (art. 86.2.2). Se sigue al fallo FAL lo que conlleva una incoherencia del sistema penal con las disposiciones constitucionales y convencionales que protegen la vida desde la concepción y con las otras normas que protegen el derecho a la vida como bien jurídico protegido.

En cuanto a la posibilidad de eximir de pena a la mujer, como potestad del juez (art. 88), algunos penalistas interpretan que esa cláusula puede dar lugar a interpretaciones abusivas que la transformen en una regla de no punibilidad. Otros penalistas discrepan con tal interpretación y consideran que se trata de un supuesto de excepcionalidad, que respeta el carácter de injusto del aborto, pero modera los efectos de la aplicación de la pena en el caso concreto.

La subsistencia de los casos de abortos no punibles y la existencia de protocolos de actuación para tales supuestos, configuran una situación que ha promovido el aborto, ha generado la impresión de que existen casos de abortos “legales” y ha generado las condiciones para una indebida presión sobre los médicos para obligarlos a realizar abortos. El proyecto no trae modificaciones en este punto.

Mis twits sobre el aborto (1)

Comparto por este medio los twists que he ido sacando estos días de debate sobre el aborto en Argentina… como una colección de ideas sobre el tema…

¿Aborto un derecho?

El aborto jamás puede ser un derecho: es la eliminación de un ser humano. La desesperación, situación extrema, angustia… pueden exculpar a una mujer que lo comete, pero no lo convierten en un  derecho: sigue siendo negativo, nunca digno de promoción.

¿Qué discutimos?

Una pregunta ¿estamos debatiendo que exista un derecho a destruir una vida humana?

Términos claros…

Un debate comienza por aclarar los términos del mismo. Quien está embarazada tiene un hijo creciendo en su útero. ¿Alguna duda al respecto?

Otro

¿El aborto, un derecho? ¿Cómo es posible que algo dramático, una decisión tomada muchas veces en una situación desesperada, que destruye una vida humana pueda ser presentado como un derecho?

¿Es posible?

¿Puede haber una contradicción mayor que pretender que el aborto sea un derecho humano? ¿La eliminación de un ser humano indefenso un derecho? ¿Estamos locos?

Aborto e inclusión social…

¿Algo más opuesto a la inclusión social que el aborto? Es la exclusión definitiva de la sociedad de uno de sus miembros, no se le da ni siquiera una tumba para descansar, sino que acaba -con suerte- entre desechos sanitarios.

Otro

La peor de las exclusiones: la licencia para eliminar un ser humano simplemente porque alguien lo declara “no deseado”.

¿Aborto una ayuda a la mujer?

¡Cuántas mujeres son presionadas a abortar por parejas, jefes inescrupulosos, abusadores…! Una legalización, les quitaría el poco margen que tienen en esos casos para defender su libertad de criar a su hijo y salir de la explotación

¿Seguir el ejemplo de países desarrollados?

Países desarrollados tienen aborto… ¿Será que cuánto más dinero y utilitarismo, más materialismo y consumismo tiene una sociedad, menos valora toda vida humana? Los pobres valoran más los hijos que los ricos: compará los testimonios de la farándula y la Villa

Ver para saber…

El debate por el aborto debería incluir la realización de ecografías de mujeres embarazadas en el Congreso para que los diputados puedan ver, en los hechos, de qué están discutiendo.

¿Confundir un ser humano?

Quien justifica el aborto diciendo que se elimina parte del cuerpo de la mujer, confunde un óvulo con un nuevo ser originado de la fecundación. O ignora una cuestión básica de biología o está mintiendo descaradamente para justificar el aborto

Un ser humano…

¿Quién puede decir que no sabe qué es “eso” que saca la mano?

House With The Cute Fetus !! vía

¿Interrumpir la maternidad…?

Una mujer embarazada no va a ser madre, ¡ya lo es! ¿Otorgarle un derecho a eliminar/matar a su hijo? ¿Eso es civilizado? Si tiene dificultades para aceptar a su hijo, lo que necesita es ayuda, no licencia para matar.

Un fracaso como sociedad…

Legalizar el aborto sería el mayor fracaso ante la maternidad vulnerable. Es renunciar a hacer algo por ella y empujarla hacia la eliminación del hijo, dejándola sola con la terrible carga que implica.

¿Cómo ayudamos…?

Ante una mujer embarazada en crisis por su maternidad, la alternativa de la sociedad es darle los medios para superar la crisis, darle licencia para eliminar al hijo, o dejarla sola. ¿Queremos solidaridad, crueldad o individualismo?

Cruel

¡Qué cruel una sociedad que, ante una mujer embarazada con problemas, en vez de ayudarla se lava las manos, y para sacarse el “problema”  de encima, le ofrece eliminar a su hijo!

¿Un problema?

Una mujer embarazada puede tener problemas, pero el hijo nunca es el problema. Necesita ayuda solidaria. El aborto nunca es solidario, sino una manera de lavarse las manos.

¿Una conquista para las mujeres?

La mujer merece algo mejor, más grande, generoso, positivo, amoroso, lindo, solidario… que el aborto.

¿Un problema de salud pública?

El aborto no es un problema de salud pública. Es una crisis moral que sufre una mujer ante la llegada de un hijo inesperado. Una sociedad sana responde con ayuda solidaria para superar la crisis, no con una licencia para eliminar al hijo.

Aclarar el debate

Para la sinceridad del debate: ¿Qué buscan? ¿Despenalizar el aborto (que deje de ser un delito) o declararlo un derecho (como dice la ley presentada, que lo convertiría casi en obligación para el Estado…)? Son dos cosas radicalmente distintas.

Mentiras sobre los números…

Es curioso… en un país donde la gente no cree en las estadísticas oficiales… los medios están difundiendo números de abortos por año… (actividad ilegal de la que no hay estadísticas…) que son exageradamente grandes… y ¡¡¡se las creen!!!

Tantas mentiras…

¡Cuántas falacias! Escuchar a un promotor del aborto decir que quiere que haya menos abortos… Su sistema para reducirlos es facilitarlos, que el Estado se haga cargo y proclamarlo un derecho (¡curioso decir que quieren que un derecho no se actúe!)

Una editorial del diario La Nación…

¿Somos todos iguales o no?

Pareciera que ya no todos los seres humanos somos iguales. Que hay seres humanos que son “menos” humanos, y antes de nacer, no tienen derechos; es más, sería un “derecho” eliminarlos… ¿Esto es lo que queremos como sociedad?

¿Un servicio del Estado?

El aborto ¿un “servicio” que el Estado debe “prestar” a sus futuros ciudadanos y a todos los que sean traídos a morir en el suelo argentino?

¿Promover el aborto?

¿El aborto algo progresista? ¿Una conquista? ¿Un derecho? ¿Algo positivo? ¿Un evento feliz, quizás? Hay quienes lo defienden en términos semejantes ¿nos están tomando el pelo?

¿Una solución?

La eliminación de un ser humano nunca puede ser la solución: ¡es un gran problema!

Por favor, basta de mentiras.
Es agotador escuchar a los promotores del aborto repetir sistemáticamente mentiras, mentiras y más mentiras.

– “Queremos que haya menos abortos” (y promueven todo lo contrario a disminuirlos: facilitarlo, que lo pague el Estado…)
– “No se sabe cuando comienza a ser humano el embrión” (mentira: todos los científicos lo saben)
– “Miles de mujeres mueren” (mentira)
– “Se hacen quinientos mil abortos por año” (otra mentira, insostenible)
– “Tenemos derecho de decidir sobre nuestro cuerpo” (mentira, no es tu cuerpo: tu hijo no sos vos)
– “Queremos aborto seguro para los pobres” (y ¿los pobres también lo quieren?)
– “Los países desarrollados, como Estados Unidos lo tienen…” (y callan que también tienen libre portación de armas… y otras cosas que odian).
– “No estamos a favor del aborto, solo queremos salvar vidas” (y lo declaran un derecho: extraño afirmar que algo que no quieren sea un derecho).
– “Queremos despenalizar el aborto” (cuando lo que proponen es declararlo un derecho)
– “hasta las 12 semanas no es humano” (cuando sí lo es, y lo que quieren legislar es el aborto libre hasta los 9 meses)

¡¡¡Aporten algún argumento verídico!!! y ¡¡¡dejen de mentir!!! Así es muy difícil un debate.
¿Es que no se puede defender el aborto sin mentir?
La verdad, estoy harto de tanta hipocresía y mentira…

Cuando la ideología se impone sobre la ciencia

Ejemplo 1

“Si te amputan un brazo, sus células estarán vivas durante un tiempo. Voy a ser un poco duro: un embrión en el vientre de una madre se parece más a un órgano de la madre que a un ser independiente”

Alberto Kornblihtt, investigador del Conicet y director del Instituto de Fisiología, Biología Molecular y Neurociencias, en diario La Nación, 25.3.18.

¿Puede un científico estar tan ideologizado  para no ser capaz de distinguir una parte del cuerpo humano de un ser humano completo? ¿No es capaz, acaso, de distinguir el todo de la parte? ¿confunde un brazo con un ser humano? ¿sigue siendo científico?

Ejemplo 2

¿Es posible dudar que el ser humano en la panza de su madre sea humano? ¿Nos están tomando el pelo? ¿Cómo alguien puede decir que no sabe qué tipo de vida sea “eso”?

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