Amores a prueba…

UN VIDEO PARA PENSAR….

Para verlo clickeá aquí: Amores a prueba, amores probados

¿Qué hay en la raíz de tanto fracaso matrimonial?
Un respuesta muy interesante.

¿Qué pasa ante tantos fracasos matrimoniales?, ¿cuáles son sus causas? Una de las causas más importantes es que no sabemos amar.

El amor esponsal, para fructificar, no admite probaturas. En la logica del amor no hay término medio, o se entrega uno mismo o usa del otro, o se ama de verdad o no se ama.

En esta conferencia el P. Joan Costa explica las condiciones para vivir un amor a prueba de fracasos.

La tesis de la conferencia es muy interesante: los amores a prueba (es decir, los amores que se ponen a prueba con la convivencia previa al matrimonio) nunca serán amores probados…

Amores a prueba, amores probados

TRANSMITIR LA FE CON ALEGRÍA

Para bajar el artículo en Word: Transmitir la fe con alegría

TRANSMITIR LA FE CON ALEGRÍA
… Y evitar la tentación del celo amargo

El Papa Francisco quiere ayudarnos a redescubrir cuestiones esenciales de nuestro ser cristianos:

La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría. [1]

Y nos impulsa con renovada fuerza “a una nueva etapa evangelizadora marcada por esa alegría

Se trata –en palabras de su predecesor Benedicto XVI– de “que la Iglesia renueve el entusiasmo de creer en Jesucristo, único salvador del mundo; reavive la alegría de caminar por el camino que nos ha indicado; y testimonie de modo concreto la fuerza transformadora de la fe”[2]. Entusiasmo de creer, alegría de vivir, testimonio de la fuerza de la fe. Fe que se hace vida, y así también testimonio. Porque “en la medida en que nos alimentamos de Cristo y estamos enamorados de él, sentimos también dentro de nosotros el estímulo a llevar a los demás a él, pues no podemos guardar para nosotros la alegría de la fe; debemos transmitirla”.[3]

Dios hace de sus discípulos, apóstoles: quien es alcanzado por la gracia de Dios no sólo es salvado, sino que también se convierte en un instrumento de Dios que contagia la fe, esperanza y amor que ha recibido.

Ese contagio se realiza por el testimonio –todos ven cómo la gracia transforma a una persona, y ven su alegría–  y la palabra que ilustra lo que los demás ven, y da razón de la propia esperanza –los motivos que lo llevan vivir como vive–.

El Papa Francisco, nos anima a avivar en nuestras almas el celo apostólico, que surge como consecuencia de ser sal y luz. Y nos pone en guardia ante el peligro de convertirnos en cristianos encerrados, porque “la sal que nosotros hemos recibido es para darla, es para dar sabor, es para ofrecerla. De lo contrario se vuelve insípida y no sirve. Debemos pedir al Señor que no nos convirtamos en cristianos con la sal insípida, con la sal cerrada en el frasco”. Seríamos “¡cristianos de museo! ¡Una sal sin sabor, una sal que no hace nada!”[4]

Pero ¿cómo hacerlo?

Formas que muestren el contenido

Quien quiere transmitir su fe –en principio todos los cristianos–, tiene que contar con un principio metodológico fundamental: que la forma de transmisión sea coherente con el contenido.

La fe cristiana es una cuestión de amor de Dios, salvación, misericordia, plenitud, vida eterna, esperanza, etc. Se trasmite algo que es fundamentalmente amor, verdad, bien; por tanto el medio transmisor debe participar de estos valores.

Se comprende así que la alegría y el entusiasmo forman parte esencial de la transmisión de la fe. No se debería hablar de Dios y de la propia fe sin alegría y sin entusiasmo. Y esto, no por motivos de marketing, sino por esencia: no es una teoría, es una vida de comunión con Dios, que llena la vida.

De manera que habrá que excluir todo lo que contradiga el mensaje: ira, faltas de caridad, enojos, agresividad, crítica, envidia, ofensas, mentiras, discusiones, vanidad, soberbia, etc. Si se pretende que otra persona entienda el cristianismo, tiene ver lo que se le explica en quien se lo explica (tiene que ver lo que oye). Lo contrario sería como pretender  trasladar agua en un colador…

Además se añade otro motivo. En nuestros días –al menos en occidente– el ambiente está teñido de un cierto anticristianismo que tiende a verlo como algo negativo (lleno de prohibiciones), anticientífico, lleno de miserias, etc. Para comprobarlo basta considerar la forma en que algunos medios de comunicación tratan a la Iglesia y al Papa. Este ambiente dificulta ver el verdadero rostro del cristianismo y siembra en las almas perjuicios, que pueden llevarlos a concluir que el cristianismo no tiene nada que decirles, que pertenece a un pasado definitivamente superado.

Tendremos que ayudar a quienes viven en este clima a conseguir la apertura mental necesaria para recibir un mensaje que sienten no necesitar, pero necesitan con toda su alma. Mostrarles su racionalidad y su amabilidad, los podrá en condiciones de encontrarse con Cristo, ya que percibirán su verdadero rostro –que es amable–, y su Persona –que es el Logos, la racionalidad divina–.

El apostolado no es propaganda: no nos mueve el afán de popularidad, de conseguir más adeptos. No nos mueve la soberbia de querer que nos den la razón. Nos mueve –debería movernos– el amor, el deseo de que todos se salven, que encuentren a Dios y, con Él, el sentido de su vida, se pongan en camino a la plenitud, participen de la vida divina. Que no se pierdan el amor de Dios que da sentido y plenitud a la vida. Queremos que sean todo lo felices que se pueda aquí en la tierra, y lo sean absolutamente en la eternidad.

En la transmisión de la fe hay tres factores fundamentales: la racionalidad y la coherencia de vida, en personas llenas de alegría. Racionalidad, vida, alegría. Así se extendió en cristianismo en los primeros siglos, y así lo seguirá haciendo en nuestros días.

El afán apostólico verdadero y el celo amargo

Para entender mejor cómo Dios espera que transmitamos la fe, nos servirá confrontar entre sí dos maneras de preocuparse por la salvación de los demás, promover la verdad, difundir el bien y apartar del mal. Una correcta y una incorrecta. Dos manera que llamaremos el afán apostólico verdadero y el celo amargo.

Quien ama a Cristo ante las almas siente un impulso interior –celo lo llama la Teología Espiritual– a rezar, hablar, hacer… para conquistar el mundo para Cristo. Quien es consciente del tesoro del amor de Dios que tiene, siente hambres de contagiarlo a los demás. Es el celo santo del cristiano que se sabe llamado a ser apóstol, un fervor que nace del amor a Dios y a las almas.

Santiago Apóstol distingue este celo, de otro que podría resultar parecido pero que no es bueno. Lo hace cuando habla de una sabiduría verdadera y una falsa, según sea la actitud que tenga quien posea la verdad.

¿Hay alguno entre vosotros sabio y docto? Pues que muestre por su buena conducta que hace sus obras con la mansedumbre propia de la sabiduría. Pero si tenéis en vuestro corazón celo amargo y rencillas, no os jactéis ni falseéis la verdad. Una sabiduría así no desciende de lo alto, sino que es terrena, meramente natural, diabólica. Porque donde hay celos y rencillas, allí hay desorden y toda clase de malas obras. En cambio, la sabiduría que viene de lo alto es, en primer lugar, pura, y además pacífica, indulgente, dócil, llena de misericordia y de buenos frutos, imparcial, sin hipocresía. Los que promueven la paz siembran con la paz el fruto de la justicia. (Santiago 3,13–18)

Todos queremos ser sabios y doctos. ¿Cómo lo seremos, cómo sabemos si lo somos? Se ve en las buenas obras –el testimonio existencial que muestra lo hay dentro del alma–. Y más en concreto, en una tonalidad que tienen esas buenas obras: la mansedumbre, que es lo que distingue la sabiduría.

A ella el Apóstol contrapone otra sabiduría, que no es santa, sino que incluso califica de diabólica. La del celo amargo y las rencillas. Y la caracteriza por celos, rencillas, desorden y toda clase de obras malas. Es decir, se trata un celo por el bien –un impulso a realizar el bien y combatir el mal– que es malo porque obra mal: pone el énfasis en combatir el mal, y se acaba olvidando del bien…

Que la mansedumbre y el respeto sean piezas claves del apostolado, lo confirma también San Pedro:

¿Y quién podrá haceros daño, si sois celosos del bien? De todos modos, si tuvierais que padecer por causa de la justicia, bienaventurados vosotros: No temáis ante sus intimidaciones, ni os inquietéis, sino glorificad a Cristo en vuestros corazones, siempre dispuestos a dar respuesta a todo el que os pida razón de vuestra esperanza; pero con mansedumbre y respeto, y teniendo limpia la conciencia, para que quienes calumnian vuestra buena conducta en Cristo, queden confundidos en aquello que os critican. Porque es mejor padecer por hacer el bien, si ésa es la voluntad de Dios, que por hacer el mal (1 San Pedro 3, 13–17).

Ambos apóstoles nos advierten sobre las maneras… ¿Por qué? Porque la certeza de la fe al contemplar el mundo –con el bien y el mal– provoca un celo santo –pasión, ardor–: el afán apostólico –vibrante y alegre–. Pero también existe un peligro, ya que podría producir en nosotros un celo amargo –enojado y agresivo– ante la presencia del mal.

Según uno mantenga la mirada en el bien que es necesario difundir, o en el mal que se encuentra alrededor; según uno se empeñe en combatir el mal o en sembrar el bien.

Resulta clarísimo cuál es el celo sano y el celo enfermo; el de Dios y el del demonio.

El demonio intenta apagar la alegría de la fe, con la mirada de lo que no funciona bien. Quien así se dejara llevar por una visión demasiado humana del mundo, podría pensar que las cosas van mal para Cristo; que el apostolado es muy difícil, que son tiempos difíciles. Y hacer olvidar la gracia, la fuerza de la verdad, la inclinación al bien que todos tienen (más fuerte que la inclinación al mal). Y entonces el alma, se llenaría de pesimismo, amargura, desánimo, enojo ante tantas cosas que le resultan inaceptables…

Es muy importante alejar toda sombra de pesimismo, de añoranza, de visión negativa de los tiempos que nos ha tocado vivir, de impotencia, de  frustración, de sentimiento de fracaso. Es siempre una tentación, fruto de una visión sesgada de la realidad.

Cristo triunfó, no fracasó. Estos tiempos –y todos los tiempos– requieren gente de fe, que se juegue por Dios: no lamentos estériles, pesimismos perezosos, tristezas paralizantes. No es un tema menor. Es importante si nos ataca el celo amargo, lo sacudamos para recuperar el afán apostólico.

¿Qué es el celo amargo?

Es una corrupción del afán apostólico. Así como el vino se puede convertir en vinagre, dejando de ser vino; de la misma manera el celo por el bien y la salvación de las almas, puede corromperse en amargura y enojo por el pecado, apagando el gusto por el bien (sólo queda el disgusto por el mal).

El celo amargo es una tentación muy frecuente en gente que procura ser buena: le importa el bien, sufre por el mal, lucha por el bien, es consciente del mal que el pecado hace a las almas, a las que quiere. Esto  fácilmente puede torcerse: acabar siendo muy sensibles para percibir el mal (entonces se reconoce la menor dosis de mal) por todas partes (ve todo infectado: aun los buenos tienen defectos); y olvidarse del  bien.

Vamos a hacer un recorrido –en paralelo–, por manifestaciones de afán apostólico y otras de celo amargo. En el fondo son consejos sobre el modo de hacer apostolado: considerar qué se debe hacer y qué se debe evitar para acercar almas a Dios en nuestros días.

Se trata de:

1)      Aprender a hacer apostolado: cómo hablar, cómo llegar a la gente. Pensar, estudiar, leer, buscar, iniciativa, creatividad. Transmitir luz, amor de Dios: clima necesariamente debe ser positivo, animante, sonriente… debe dar gusto.

2)      Y luchar para no dejarnos vencer por la tentación del celo amargo; que no es sano, ya que donde no hay paz, Dios no está. No ayuda, normalmente estropea el apostolado. Se vence con fe, esperanza y amor. Confianza en Dios, adoración, agradecimiento, optimismo.

Los siete Mandamientos del afán apostólico y del celo amargo

Como hemos dicho, si se tiene en cuenta que el cristianismo proclama el amor a Dios y al prójimo, que la fe es acto personal de adhesión libre a Dios, etc., se entenderá que en su transmisión debemos evitar absolutamente una serie de cosas que contradice el mensaje; es decir, que lo niegan, haciendo que el receptor se haga una idea deformada de lo que le decimos (no entenderá porque verá lo contrario de lo que le decimos). Y, en positivo, hacer que manera que las formas de explicar, hablar, comunicarse, confirmen el contenido del cristianismo.

Volviendo a Santiago, con mansedumbre. Encontrar las verdades profundas no es sencillo; reconocer errores no es fácil; cambiar de actitudes y comportamiento, tampoco. Si queremos ayudar a los demás a recorrer el camino, tendremos que ver cómo hacérselo más fácil. De eso se trata.

  Apostolado Celo amargo
Cómo ayudar al otro Con su libertad A empujones
Dónde pone el foco Bien, verdad Mal, pecado
Comunicación base Diálogo Discusión
Clima humano Amistad, cordialidad Enojos, polémicas
Motivación al otro Animar al bien Asustar con el mal
Dosis De a poco Abrumar
Modo Creatividad Repetición

MANDAMIENTOS DEL APOSTOLADO

MANDAMIENTOS  DEL CELO AMARGO

1º Valorar la libertad

Sólo se puede amar a Dios libremente. Sólo se puede aceptar el mensaje de salvación voluntariamente. Esto no significa que abandonemos a la gente que queremos a su suerte… Todos necesitamos ayuda para aprender y hacer las cosas bien tanto en el terreno humano como en el espiritual. Y nosotros queremos que todos los que la quieran, la tengan.

La libertad necesita del conocimiento: cuanto más conozco, más libre puedo ser; la ignorancia atenta contra la libertad, ya que decido sin conocimiento. El apostolado es una ayuda a la libertad: no empujamos a una persona, sino que procuramos mostrarle, animarla, consolarla, motivarla, etc., a buscar el bien y seguirlo.

Y procuramos hacerlo en el mayor respeto de la libertad. Siempre ha sido así (sólo un tonto adhiere a principios que le cambian la vida por presión de otro).  Pero respetar la libertad, no quiere decir abstenerse de ayudar a ser mejores, ni significa ser indiferentes a su destino eterno. Nos importa y mucho, los queremos y queremos lo mejor para ellos.

Hacer apostolado no es empujar a la gente a hacer cosas que no quiere hacer. Es ayudar a descubrir lo que les llenará la vida, y a vivir de acuerdo a eso.

Procuramos transmitir la seguridad que tenemos, algo bien distinto de la intolerancia.

Se trata de iluminar, encender, animar. Hay unas palabras que San Josemaría empleaba para hablar de la dirección espiritual, y que encajan perfectamente aquí: hacer que el alma quiera (obviamente no se hace querer a empujones).

Queremos que sean santos: porque queremos lo mejor para ellos. Obvio. Pero, tienen que encontrarse ellos con Dios. Nosotros podemos ayudarlos, queremos hacerlo, pero su voluntad es imprescindible. No sólo por respeto, sino porque sin libertad no es posible amar a Dios.

Hay ámbitos –como la educación– en los que tenemos que exigir (como nosotros necesitamos que nos exijan), pero no se trata de un empujón material, sino de abundancia de luz, de la ayuda de nuestra oración y mortificación, del ejemplo que hace atractiva la enseñanza,  la sonrisa que hace amable es esfuerzo… No es un atentado a la libertad, sino una ayuda necesaria.

Y tener paciencia, frenar los apuros: tiene que caerle la ficha.

 

1º Pretender imponerse a los demás

Como ya dijimos, el apostolado no es presionar a persona para que haga cosas que no quiere hacer… Es ayudarle a descubrir lo que si mira bien las cosas, lo que quiere es algo mejor, más grande, que le llenará la vida. Pero el celo amargo lleva a ser impaciente, a pretender que la otra persona ya ahora acepte lo que le decimos, a no aceptar que no lo vea tan  claro o piense distinto. Esto, por supuesto, movido por el amor a la verdad y a la otra persona (su intención es muy buena).

Pero resulta que vivimos en una cultura que aprecia con primacía la libertad. La gente tiene una gran sensibilidad, y con facilidad –exagerando muchas veces– siente rechazo hacia lo que percibe como una imposición.

Ese celo por la libertad, hace que ante la menor sospecha de que alguien quiera influir sobre ellos, de que les quiera imponer algo, se baje la persiana: entonces se acaba el diálogo. No quiere escuchar, ni siquiera para pensar. En el fondo es debido a su falta de seguridad.

En cuanto lo siente, baja la persiana, se acabó la conversación. Esto hace necesario que no sólo respetemos su libertad, sino que además la otra persona lo perciba. Así, por ejemplo, si no quiere hablar de un tema, habrá que ser muy cuidadoso en cómo sacarlo, la frecuencia en la que se plantea, etc.

Por otro lado es frecuente que quien tiene convicciones firmes sea acusado por quien no las comparte, de ser cerrado. Así como respetamos la libertad, hemos de exigir que se respete la nuestra. Ante acusaciones injustas de cerrados, hay que tener en cuenta que no es infrecuente que quien acusa de cerrado, sea lo suficientemente cerrado para no aceptar que otro piense distinto…: es decir, los cerrados acusan de cerrados a los demás. Podríamos responder: soy lo suficientemente abierto como para hablar francamente con vos de estos temas, respetando que pienses distinto, te pido la misma apertura para aceptar que yo tenga las convicciones que tengo.

Dos matizaciones. Obviamente estamos hablando de apostolado. En el ámbito educativo en la familia, por ejemplo, es lógico que en los primeros años de vida se lleve a los chicos por un carril estrecho, con andadores, rueditas en la bicicleta… Así como van al colegio –y nos esperamos que den su consentimiento para anotarlos–, lo mismo pasa con la Misa de los domingos, etc.

Y con los hijos más grandes, no confundir el respeto a la libertad con la cooperación al mal: una cosa es respetar, con dolor, que tenga comportamientos que no comparto, y otra muy distinta contribuir en esa acción mala: respeto es distinto de apoyo.

 

2º Mandamiento del afán apostólico: Difundir el bien

San Pablo aconsejaba a los Romanos: “no te dejes vencer por el mal, sino vence al mal con el bien” (Rom 12,21). San Josemaría lo traducía libremente como “ahogar el mal en abundancia de bien”.

Se trata de difundir la doctrina del cristianismo, que es superpositiva: el mandamiento  del amor a Dios, a los demás, la cercanía de Dios, su misericordia, la maravilla de la familia, etc.

No buscamos solamente que salgan del pecado: queremos que vivan una vida divina. No queremos aguarles la fiesta, queremos que participen de una fiesta que es mucho mejor. El pecado en el que viven les atrae, habrá que ofrecerles algo  que les atraiga más. Criticando su estilo de vida, sólo lograremos que se cierren más.

Los riesgos de la mala  vida (hay cosas con las que no se juega) son advertencias para gente que está en el buen camino, para que no sea tonta y no se desvíe. Al que está  en el mal camino, más que criticarle el suyo, hay que hacerle desear el nuestro.

San Juan de la Cruz escribió “donde no hay amor, pon amor y sacarás amor”, como si dijese no pierdas el tiempo combatiendo el odio o la falta de amor… Habrá que dedicarse a sembrar.

 

2º Mandamiento del celo amargo: Combatir el mal. Ser antialgo

El celo amargo hace que uno se amargue con el mal, se sienta molesto, etc. Y con facilidad lleva a combatirlo, por supuesto en nombre del bien.

A quien ama a Dios, el mal le duele porque aparta de Él. Conoce el mal que el pecado hace a las almas. Pero se equivocaría quien se atribuyera la misión de acabar con el mal.

Hacer apostolado no es dedicarse a vencer el mal para exterminarlo de la tierra. Cualquier duda consultar la parábola de la cizaña: Mt 11, 24-52, cuando los obreros proponen arrancar la cizaña sembrada por el enemigo, el dueño del campo les dice que no, que con ella arrancarían también buen trigo; ya la separarán cuando llegue la siega. Ahora lo importante es sembrar, cuidar el trigo…

Somos cristianos, queremos que la gente descubra el amor de Dios por ellos. No somos anticomunistas, ni antirelativistas, no antihedonistas, ni antipornografía, ni antimatrimonio homosexual, ni antiaborto… ni antinada. Nuestra misión no es atacar el mal, sino sembrar el bien.

Además, el planteo anti–algo no acerca a nadie a Dios, ni consigue apartar a nadie del mal. Es sólo defensivo: sirve para afirma a los que ya piensan como uno.

 

3º Mandamiento del afán apostólico: Mostrar la belleza del cristianismo. Trato personal de amistad: dar razones

Hacer apostolado no es dedicarse a demostrar a los demás que están equivocados.

No queremos vencer discusiones, queremos llevar la gente a Dios, darles lo mejor que tenemos. Mostrar lo lindo que es ser cristiano, encontrar a Dios.

Explicar el sentido de las cosas: en la mayoría de los casos no lo saben. Para qué vamos a Misa, qué sentido tiene confesarse, el sentido positivo y realizador de las normas morales, etc.

El apostolado requiere un clima de amistad y confidencia.

Queremos charlar amigablemente. Si una persona no tiene esas disposiciones, quizá es mejor no perder el tiempo (no es posible un cambio afectuoso de pareceres). Ante una persona agresiva, basta con aclarar nuestra posición y nada más, aclarándoles que no nos interesa discutir.

No pretender demostrar, convencer, sino mostrar: la verdad convence sola. Procuraremos abrir horizontes, mostrar caminos, que nuestros amigos tendrán que recorrer.

Parte importante de las conversaciones personales es el testimonio de la propia vida. Contar las cosas que nos gustan, nos llenan (no sólo los deberes): un libro, artículo, plan, linda que es una casa de retiros, una imagen… Lo bien que nos hace, cómo nos alegra, hace sentir bien, etc.

Trasmitir la alegría de la fe.

Contar lo que hacemos: estoy feliz porque me confesé…, favores que recibimos.

Contar lo que vamos a hacer: me voy a confesar, me voy a Misa, mañana tengo retiro… Son maneras de invitar, sin invitar. Quien lo toma, lo toma. En una ocasión una universitaria me dijo: Padre, me al retiro voy con una amiga. En realidad yo no la invité… se invitó sola. Me preguntó que iba hacer el fin de semana, y cuando le dije que me iba a un retiro, me preguntó si podía venir conmigo…

Y las explicaciones, cuanto más sencillas, mejor.

Para personas alejadas de la fe, el gran tema es la cuestión del sentido, lo que llena realmente la vida. Es una cuestión que no tienen resuelta…

Paciencia con gente alejada: ni darla por muerta y condenada, ni vivir como si lo suya fuera normal y bueno. Ni volverla loca con temas religiosos, ni ocultar nuestra fe y nunca hablar del tema.

3º Mandamiento del celo amargo: Discutir. Polemizar.

Con posiciones encontradas, atrincheradas en su postura, la conversación se convierte en una discusión, en un combate dialéctico. Cada uno defiende su posición y busca atacar la contraria. Las discusiones se ganan o se pierden. Y se discute para ganar.

Pero nosotros no queremos ganarle a nadie, nos interesa que los demás descubran la verdad que le dará sentido a sus vida y les hará feliz.

Por otro lado, si les ganáramos, la derrota haría que miraran mal esa verdad que los humilla.

Cuanto más se discute, más se cierran las posiciones. Menos se piensa en lo que el otro ha dicho –si es razonable o no-, sino que sólo se piensa en cómo responderle. Mal camino para convertir a alguien. No creo que en toda la historia de la Iglesia alguien se haya convertido por haber perdido una discusión…

La discusión lleva enojos, empecinamientos, levantar la voz, distanciarse del otro… no parece método apostólica válido y efectivo.

Nos interesa que juntos lleguemos a la verdad.

Esto vale también dentro de la Iglesia con católicos que no piensan de acuerdo al sentir de la Iglesia o que no obran bien. De nada sirve discutir con un Párroco sobre cuestiones litúrgicas, si no las viviera bien… Con católicos que no aceptan algún punto de la doctrina, no discutir, con cariño remitir al Catecismo: no defendemos una doctrina propia, queremos ver qué enseña la Iglesia.

 

4º Clima amable. Transmitir paz, serenidad, racionalidad. Cariño

La violencia no convence. Como decía un conferencista, no recordarán lo que les dijimos, recordarán cómo se los dijimos, cómo se sintieron con nosotros (alegres, con paz o molestos).

La cordialidad abre la inteligencia y los corazones.

Ser misericordiosos y que se note… Así, por ejemplo, cuando exponemos la doctrina moral católica debería notarse que no estamos combatiendo a quienes no la viven: no somos enemigos de los divorciados, ni de los homosexuales; los queremos y queremos que se salven. Que enseñemos que el comportamiento homosexual es ilícito, no es ofensivo para con ellos, ni los descalifica. Nadie se ofende porque digamos que hay que amar a Dios, y eso no supone un ataque a los que no lo aman. Estamos convencidos que serían mucho más felices y realizarían sus  vidas si vivieran de acuerdo a la ley de Dios, viviendo de su amor.

 

4º Enojarse, agredir, insultar, ironizar, ridiculizar

Si uno sigue los pasos anteriores, el celo amargo con facilidad lo habrá llevado a ser polémico, discutidor, y a enojarse. Así la conversación se desarrolla en un clima tenso, incómodo, irascible; que hacen imposible el apostolado: bueno para la polémica, pero no para  búsqueda de la verdad.

El peor de los argumentos es el argumento ad hominem. Consiste en la descalificación del oponente por motivos que nada tienen que ver con el tema de la discusión. Frases como: con vos no se puede discutir; o vos no sabés nada; no tenés ni idea; sos … Esta es la mejor manera de mostrar que no tenemos más razones para aportar…, que no sabemos cómo defender algo, que nos faltan argumentos racionales. Es una muestra de impotencia, de autoritarismo. El enojo además nos quita racionabilidad (enojados pensamos menos).

No levantar la voz (tampoco dejar que la levante el otro).

Si nos maltratan, no enojarse, responder con cariño y simpatía. Es mejor ser la víctima que el victimario. Sonreír.

No ser patoteros. Expresiones del tipo: no entendés nada, los homosexuales son un desastre, maricones de porquería, aborteros de …, son de última… son insultos; y, por lo mismo, faltas de caridad; separa, no une, aleja. La ironía es muy útil para  humillar, pero no para convencer. Lo mismo burlarse. No son sistemas válidos para el apostolado.

Por la misma razón tampoco habrá que aceptarlas contra nosotros. Con cariño y una sonrisa, pero con firmeza, no permitir ofensas gratuitas: sin enojarse ni ofenderse, siempre calmos y con una sonrisa, responder: che, me parece que te pasaste… Así, no permitir ataques a la Iglesia. Normalmente no tienen fundamento, se repiten lugares comunes sin la menor base. En todo caso, mostrar que esas afirmaciones no tienen un fundamento sólido, faltan fuentes, etc.; que las afirmaciones genéricas no demuestran nada. Muchas veces acusaciones contra la Iglesia, están construidas sobre algún hecho cierto, que se saca de contexto, se generaliza, etc. Habrá que ayudar a matizar esas afirmaciones.

Y en positivo, mostrar la cara maravillosa de la Iglesia que nadie puede negar (santidad –quién puede no conmoverse ante un Juan Pablo II o una Madre Teresa de Calcuta-, asistencia a necesitados, familias, etc.). Sin entrar a discusión, cortar con datos claros irrebatibles.

5º Animar. Ilusionar. Abrir horizontes.

Se trata de mostrar las maravillas que Dios nos tiene preparadas, la grandeza de su misericordia (no el asco que produce el pecado), abrir horizontes. El desafíos de tantas cosas buenas que todos nos interesan.

Es verdad que el mal hace mucho mal, pero para salir del mal, es necesario sentir la atracción del bien.

El fin es santificar el trabajo, la familia, intimidad con Dios…, llenar la vida y el mundo de amor.

El problema de muchos no es que no sepas qué es bueno y qué malo –algunos no lo saben– sino que piensan que el bien es imposible para ellos: un ideal fuera de su alcance (esto es desesperanza, y se cura con esperanza). Lo mismo que a un chico que saca malas notas en el colegio –cosa que lo deprime–, no se lo ayuda diciéndole que es un desastre, sino mostrándole que puede sacar buenas notas….

Para mejorar no se necesitan reproches, sino ánimo.

5º Amenazar. Asustar. Sembrar miedo. Profetizar desgracias

En un clima de discusión, que se vuelve polémico, fácilmente llega la tentación de mostrar qué mal les va ir si no cambian de vida.

Pero hacer apostolado no consiste en amenazar a la gente con las cosas malas que pueden pasarle si no nos hacen caso… Con el infierno o el fin del mundo, por ejemplo.

No somos profetas de desgracias. La meta no es conseguir que huyan del infierno sino que quieran ir al cielo, no de dejar de pecar sino de crecer en el amor –y entonces dejarán de pecar-..

Frases del estilo de: esto está cada vez peor, donde vamos a ir a parar. Vos así vas a acabar muy mal, o vos cada vez peor. Parecería que quien las dice está feliz de acertar con el pronóstico.

6º Llevarlos por un plano inclinado

Las conversiones a lo San Pablo no son frecuentes: normalmente son fruto de un proceso. En el apostolado procuramos ayudar  a avanzar por un plano inclinado: de a poco, mejor casi no plantear cosas que una persona no está en condiciones de hacer. Pensar qué le puedo plantear, qué paso puede dar, con la mirada ilusionada en la meta positiva. Cuanto más lejos esté de Dios, más chico será el paso. Lo importante es ayudarlo a avanzar en la dirección correcta.

Ayudarlos a dar el paso que ahora pueden dar. Habrá que estudiar qué proponer, qué decir. En principio no proponer cosas que estamos seguros que va a decir que no (atentos a no decir que no por ellos…). Se puede hacer con delicadeza.

No quejarse de que no me entiende: hacer el esfuerzo de hacérselo entendible.

Estar pendientes de pasos a dar: dirección espiritual (paso decisivo para progresar en la vida espiritual), Santa Misa (quien comienza a ir a Misa algún día entresemana, acabará yendo todos los días, casi sin poder evitarlo), oración mental, apostolado…  Apostolado personal.

¿No van a Misa? Que comiencen a ir en Navidad, Pascua… Mantener llamitas encendidas.

6º Abrumar con cargas que no pueden llevar

Otra tentación a la hora de hacer apostolado, es la de pretender que una persona cambie de un día para otro, en todos los aspectos que necesita mejorar.

Pero hacer apostolado no consiste en llenar a la gente de obligaciones (cuantas más mejor, no vaya a ser que se condene por que no le dijimos algo en la primera conversación…). No se trata de ocultar obligaciones o principios morales, pero insistir en los pasos positivos que hoy están en condiciones de dar.

No ser monotemáticos. Nos interesa su alma, pero no sólo su alma. Si cada vez que vemos a alguien, lo primero que hacemos es hablarle de Dios o invitarlo a algo… Variedad temática.

Si enviamos veinticinco mails por día, no los leerán… Treinta preguntas cada domingo sobre la Misa… no ayudan a que asistan…

La dosis de una medicina depende de la capacidad del receptor. Los remedios se toman cada 8 horas, o cada 12 o 24, no todas las pastillas de golpe: esto no curaría, sino que enfermaría más.

7º Creatividad: mismo plato, distinta presentación

Entonces, ¿es malo insistir? Depende, muchas personas que necesitan que les insistan.

Y ¿cómo saber cuándo insistir y cuándo no? Depende de cómo lo vea la otra persona: si lo ve como una ayuda, insistir, lo necesita. Si lo ve como una molestia, no insistir. ¿Cómo saberlo? Preguntárselo. Hay personas que lo agradecen: le gusta que se acuerden de ellas –les gusta que las llamen–; quisieran mejorar, formarse, etc.,  pero se olvidan, son vagonetas y necesitan un empujoncito (como a veces lo necesitamos para tirarnos a la pileta en verano). En una ocasión, un hombre de más de ochenta años, me dijo que se confesaba cada tres meses gracias a un amigo que lo perseguía… (esas fueron sus palabras): era consciente de que necesitaba a ese amigo para vencer la pereza, dejadez, que le dificultaba hacer eso que él quería hacer, pero siempre retrasaba. Y lo decía con agradecimiento. Necesitaba y quería ser insistido.

Otras personas en cambio, hacen decir que no están cuando se las llama, ponen excusas ridículas, nos esquivan: es decir, no quieren saber nada. No insistir. Rezar y esperar alguna ocasión de algo distinto.

En muchos casos ayudará despertar interés. Está lo que se podría llamar el apostolado de la curiosidad: dejar funcionar nuestra curiosidad y despertar la del otro. Preguntar con interés (no inquisitivamente: el tono y la forma señala la diferencia: ¿Hace cuándo dejaste de ir a Misa?). Comenzar la conversación con un ¿vas a Misa/a la iglesia alguna vez? ¿Dónde? Son preguntas que hacemos para que se planee cosas, que normalmente no se plantean. Las hacemos más por ellos que por nosotros, ya que ellos necesitan darse una respuesta a sí mismos, más que a nosotros.

Nuestros conocidos tienen curiosidad de saber qué  hacemos en un retiro, qué leemos, por qué nos confesamos…

Despertar curiosidad, interés: ¡Qué buen retiro! … ¿sabés lo que es eso? ¿alguna vez hiciste la experiencia?

Y presentar las cosas –que son maravillosas de por sí- de modo atractivo.

Explicar las razones. No a la insistencia voluntarista: tenés que ir, tenés que ir… Argumentos: por qué le interesa, por qué lo necesita, por qué le va a gustar. Pará le va a servir un retiro, qué es lo bueno de charlar con el cura, cómo llena asistir a Misa…

Se trata de mostrar, animar, sostener, facilitar, exigir, sugerir, invitar, exigir (es proponer que se exija, desafiar), invitar. Mostrando el modo inteligente y el tonto de vivir.

Aprovechar ocasiones: se casa… le mando un artículo, video… Está enfermo…  (le presto un libro, le ofrezco que le lleven los sacramentos).

Invitar gente a compartir actividades formativas o piadosas con nosotros: acompañarnos a un retiro, a unas charlas de formación, hacer juntos una romería, etc.

Y las redes sociales: Facebook, etc. Y mil cosas más…

7º Ser repetitivos, taladrar. Ser pesado, insistentes.

La teoría del disco rayado –repetir veinte veces la misma cosa- sirve para chicos de pocos años hagan algo que se resisten a hacer, pero no para ayudar a una persona madura entienda. Decir lo mismo, de la misma manera, incluso puede ser contraproducente: crea cayo en quien escucha, produce un efecto similar a la resistencia a la penicilina, hace que le resbale y le moleste el tema.

Hay que tener en cuando una persona hace algo carente de motivación racional (por ejemplo, dejó de ir a Misa porque le dio fiaca, pero cree en la Eucaristía, sabe que es pecado –aunque lo niegue–) no puede defenderse racionalmente, de manera que evitará absolutamente todo diálogo (así dirá a su madre: “qué pesada que sos, otra vez con lo mismo…, estoy harto de que me hables del tema…”). Mientras no cambien las disposiciones, no querrán que les hablemos del asunto, ya que no quieren pensar en eso, que la propia razón les grita que deberían hacer. ¿Qué hacer, entonces? Primero rezar (si cayeron los muros de Jericó…). Y construir en positivo: con una estrategia, de a poco, dando vueltas… No se trata de no hablar del asunto, pero espaciarlo en el tiempo, con planeos distintos, sin tocarlo frontalmente; de otro modo el rechazo está garantizado. Buscar quién o qué puede ayudar: algún amigo, alguna lectura indirecta… Dicen que Borges rezaba todos los días una Avemaría porque se lo había pedido su madre…

 

A MODO DE RESUMEN DEL AFÁN APOSTÓLICO: Dar esperanza. Transmitir alegría, divertirse

Hacer apostolado es divertido. JMJ, convivencias, fiestas de la familia, películas…

La mejor manera de hacer apostolado es pasarlo bien. Y se la pasa muy bien haciendo apostolado.

A MODO DE RESUMEN DEL CELO AMARGO: Transmitir amargura, pesimismo.

A veces en gente con buenas ideas y deseos abundan las quejas, los lamentos, una visión amarga de la vida. ¡Basta de quejarse! Queremos llenar el mundo de amor, no dedicarnos a marcar cada cosa que no funciona. No tenemos vocación de árbitro de fútbol, que no juega y se dedica a vigilar que todo esté bien, señalar cada cosa mal hecha. Construir: no demoler las construcciones precarias o malas.

Expresiones del tipo: que horror como está el mundo, todo es un desastre, todo está mal. Críticas a todo lo que no es tan bueno como debería serlo según nuestro parecer…

Muchas veces el principal obstáculo para el apostolado es la propia frustración y el pesimismo de quien se deja vencer por la tentación del celo amargo, su sentimiento de impotencia. No es verdad: ¡fe! Ver la historia: primeros cristianos muestra el camino: humildad y paciencia, esperanza y audacia, fe y amor.

Y por supuesto… No quejarse de las cosas buenas: si lo Misa fue larga, si los hijos dan los problemas… Si queremos que vean bien esas cosas (ir a Misa, tener hijos, o lo que sea), transmitamos una vivencia positiva de ellas…

CONCLUSIÓN

Espero que estas líneas te sirvan como fuente de inspiración para lanzarte en la maravillosa aventura de llevar a Dios a las almas y de llevar las almas a Dios.

Es lo mejor que podemos hacer por los demás: ayudarles a descubrir el amor de Dios, que les cambiará la vida, la llenará de sentido y sobre todo les dará la felicidad que todos buscamos.

Pero te repito: hemos de aprender a hacerlo, no vaya a suceder que a pesar de nuestra buena voluntad, pretendiendo llevar a Dios, alejemos a algunos por malentendidos…

Siempre contamos con el Espíritu Santo que es quien hace fecundo el apostolado.

P. Eduardo María Volpacchio
Buenos Aires, 17 de enero de 2014


[1] Papa Francisco, ex. Ap. Evangelii Gaudium, n. 1.

[2] Benedicto XVI, Audiencia General (17.10.12).

[3] Benedicto XVI a los participantes en la Asamblea Eclesial de la Diócesis de Roma (5.6.06).

[4] Papa Francisco, Homilía en Santa Marta (23.5.13).

¿Para qué casarse? ¿Qué diferencia hay entre casarse y no casarse?

Para bajar el artículo en Word: ¿Para qué casarse?

Siempre había ocurrido que cuando un hombre y una mujer se querían de verdad, querían casarse. Pero ahora sucede que esa sucesión natural de noviazgo a matrimonio parecería estar en discusión.

¿Por qué un hombre y una mujer que dicen quererse no se casan?

La crisis del matrimonio -tantos jóvenes que no piensan casarse- tiene muy variadas causas, pero entre ellas, quizá una de las principales sea una visión distorsionada del matrimonio.Desvirtuado por costumbres tales como el divorcio y el llamado casamiento homosexual, se podría decir que el matrimonio que rechazan es una visión desfigurada del verdadero matrimonio, que no conocen. Se puede pensar que si lo conocieran, no lo rechazarían.

Pero, ¿qué es casarse? ¿para qué una persona se casa? ¿qué sucede cuando se casa? ¿por qué una persona supuestamente enamorada puede querer no casarse con quien dice amar?

Quien desconoce la grandeza del matrimonio… o tiene una visión distorsionada del mismo difícilmente pueda quererlo para sí en una sociedad que no lo promueve. 

Si el matrimonio fuera algo meramente formal –un papelito que se firma después de una ceremonia… y que sirve de excusa para la fiesta más grande de la vida– es fácil preguntarse: ¿para qué quiero un papelito? ¿mi amor a Fulano/Fulana no depende de un papel? Con la fiesta me alcanza…

Y si el matrimonio no fuera más que un papelito, tendrían razón… Si fuera un rito… lo mismo. La falta de rito no cambiaría las cosas.

El asunto es muchísimo más que un papelito (hay un papelito, pero el matrimonio no es el papelito). El matrimonio cambia la vida, y mucho. Y tiene mucho que ver con el amor y el sentido de la propia vida.

 ¿Qué es el amor conyugal?

De los distintos tipos de amor, hay uno muy especial, el amor conyugal. Un amor total, capaz de ser fecundo. Un amor total, que une de tal manera a dos personas que las hace capaces de generar la vida. Es decir, un amor fecundo del modo más radical: una persona humana es fruto de ese amor (por eso los padre después dan la vida por sus hijos…).

El amor conyugal sólo puede realizarse entre un hombre y una mujer –sólo ellos pueden ser fecundos– que se quieren con un amor total. Es decir: se aman con toda el alma y con todo el cuerpo: con todo su ser y toda su vida, que quieren compartir plenamente. Así unen sus vidas en un único proyecto existencial.  

La totalidad propia del amor conyugal implica dos requerimientos:

1) exclusividad: para ser total, tiene que ser exclusivo. Si me doy a varios… no me puedo dar del todo. No hay otra posibilidad: si es del todo, sólo puede ser a uno/una.

2) definitividad: no tiene fecha de vencimiento: quiere ser definitivo, irreversible y para siempre. Si tiene fecha de vencimiento (o situación de vencimiento: te amo por dos años… o hasta que me canse… o consiga otra/otro mejor…) mi amor no puede ser total. Si es total, es para siempre. Si no es para siempre, no es total.

Esto de la totalidad del amor conyugal es una cosa seria. O amo con amor total, o amo con amor reservado (no me entrego, me reservo cosas que no entrego). Este amor es incondicional.

El amor total supone y genera una confianza tal, que a su vez lo hace posible: sólo cuando puedo confiar del todo en el amor de la otra persona y el otro puede confiar en mí plenamente (en su entrega exclusiva y definitiva), entonces podemos amarnos del todo. Si mi confianza no es total, mi entrega tampoco lo será. Y mi amor tampoco. Si la entrega no es total, no puede haber una confianza que no se ofrece.

Sólo cuando amo del todo, mi entrega engendra en el otro una confianza plena que hace posible el amor total.

Si no confío en el otro de esta manera (que siempre estará, pase lo que pase –enfermedad, situación económica, etc.–) no puedo abrirme, ni proyectar, si amar desinteresadamente, sin reservarme nada… y por supuesto podré compartir cosas sueltas, pero no me entregaré.

El amor conyugal se prepara con el amor del noviazgo: un amor que madura, hasta hacerse total. ¿Cuándo se produce el click, es decir, cuando se realiza la unión total? Eso es el matrimonio: el acto por el cual dos personas se entregan y reciben mutuamente la vida. A partir de ese momento se pertenecen mutuamente. El bien de cada uno de ellos, pasa a ser el bien del otro, y recíprocamente. 

 ¿Qué es el matrimonio?

Como hemos dicho, el amor conyugal lleva a un hombre y una mujer a  entregarse mutuamente el uno al otro y recibirse el uno al otro. El acto en que se entregan la vida –toda la vida– y la reciben, hasta que la muerte los separe es el matrimonio. Porque se quieren del todo, con un amor total, y quieren que ese amor no termine: deciden hacerlo definitivo. Porque confían mutuamente en el amor del otro, de verdad, hasta el punto de ponerse enteramente en sus manos.

Como es algo muy importante, normalmente se realiza en una ceremonia solemne. Esta entrega y recibimiento mutuo se realiza cuando delante de testigos, mediante una declaración -palabras- se entregan y reciben, comprometiéndose a quererse y a cuidarse el resto de sus vidas, en una unión exclusiva e inseparable.  Se expresa en unos anillos, cuya figura circular quiere expresar el amor que no tiene fin.

Antes del momento de la entrega, hay deseos de entrega, proyectos de entrega, pero la entrega se realiza en el momento del matrimonio: es precisamente eso: dar el propio ser al otro y recibir el ser del otro. Dar y recibir. Y esta mutua entrega, crea comunión. Un momento antes de realizarla, no existe; un momento después, sí. Antes de casarse, se quieren, tienen deseos de pertenecerse, pero no han realizado la entrega, no se pertenecen, son libres de hacerlo o no. Es sólo algo posible. No se ha realizado: no existe. En el matrimonio se juegan por el amor, queriendo hacerlo definitivo y eterno. 

Quienes se aman con amor total, quieren casarse. Quieren entregarse mutuamente la vida, del todo y para siempre. Y lo hacen públicamente para que toda la sociedad sepa de su amor. Si sólo uno de los dos ama con amor total no es posible el matrimonio, ni tampoco el amor total (ya que no es correspondido). Es el caso de una mujer que había fracasado en su matrimonio. Me explicaba: “cuando nos casamos, los dos queríamos lo mismo: lo queríamos a él”.

Entonces, ¿por qué hay gente que dice quererse y no se casa?

Es verdad que se quieren, pero no lo suficiente como para casarse. Su amor tiene un problema. No quieren a la otra persona ni confían en ella tanto como para jugarse por ella de esta manera tan loca como es el matrimonio. No quieren construir y compartir un proyecto existencial común con ella. Es una lástima, piensan que se quieren mucho, pero en realidad no se quieren tanto, se quieren con un amor limitado, que impide la confianza total que permita entregar la vida.

 ¿Vivir juntos antes de casarse es una alternativa?

Vivir juntos antes de casarse no resuelve el problema de la falta de deseos de una entrega mutua total.

Dos personas que se van a vivir juntas manifiestan que se quieren –si no, no querrían vivir juntos–, pero también muestran la insuficiencia de ese amor: no da como para casarse.

Lo que quieren del otro –estar juntos…– es claro que, por ahora, no lo quieren del todo y para siempre, sino un poco y por un tiempo, después veremos, lo tienen sin mayor entrega y compromiso. Entonces, ¿para qué más, si no quiero darle más, ni que me dé más? 

Estar dispuestos y deseosos de compartir la cama y el pago del alquiler del departamento no es una muestra de amor conyugal. Es una muestra de cierto amor, pero parcial, temporal y provisional. Y no tiene futuro, salvo que los convivientes quieran comenzar a amarse de otra manera, con un amor que incluya la totalidad…

 Una relación inestable…

Vivir juntos sin estar casados es una situación bastante confusa existencialmente. ¿Qué son? ¿Novios? No. ¿Esposos? Tampoco.

El noviazgo es algo provisional: por definición tiene fecha de vencimiento. Está llamado a acabarse en un plazo relativamente corto de tiempo. Y acaba ante un altar (cuando los novios se casan, dejan de ser novios: el amor deja de ser una promesa, para ser una realidad) o porque cada uno sigue su camino (cuando se dan cuenta que no son el uno para el otro, mejor es que se acabe el noviazgo: continuarlo les haría daño a ambos: para qué perder tiempo y dañarse afectivamente). Y es bueno que acabe (en ambos casos).

Ahora bien, en el caso de novios que viven juntos, pasa una cosa rara: una relación provisional (por definición eso es el noviazgo), toma visos de una definitividad de la que carece. Y esto no es sano.

 Un problema de identidad en la relación

¿Qué son dos novios a partir de que se van a vivir juntos? ¿Cómo se llama su relación? Porque en cuanto viven juntos, dejan de ser novios… 

En efecto, cuando dos novios se van a vivir juntos, dejan de ser novios para convertirse en concubinos. Es la palabra con que el idioma castellano designa a dos persona que conviven con intimidad sexual sin estar casadas (cualquier duda consultar el diccionario de la Real Academia Española).  El lenguaje precisa las cosas para no confundir las realidades. Realidades distintas, tienen distintos nombres; y es bueno usarlos, para no confundir las realidades. A veces se generaliza con “pareja”, término que incluye casi toda relación entre dos personas (desde el jugar el tenis hasta el matrimonio…).

Es decir, sería bueno usar el lenguaje correcto: no es exacto llamar novios a dos personas que conviven maritalmente sin estar casados.

Pero, en realidad tampoco son propiamente concubinos…, ya que en general los concubinos son personas que quieren vivir juntos pero rechazan el matrimonio, adoptando una forma de convivencia que tiene cierta estabilidad. Y los novios que viven juntos, en realidad no saben bien qué quieren… ni cómo va a seguir la relación… Quieren vivir juntos por ahora, no quieren casarse por ahora, no saben si quieren casarse entre ellos o con algún otro/a. Es una relación anclada en el presente, que carece de proyección en el tiempo.

¿Qué viene después? No lo saben. No hay proyecto que se construye. ¡No tienen en común –no ponen juntos, en la mayoría de los casos– ni el dinero para comprar un departamento!

 ¿Qué aporta el concubinato temporal?

Se argumenta que es bueno convivir antes de casarse para experimentar si la relación funciona… Pero para eso no es necesario vivir juntos. Es más, no parece muy razonable ir por la vida probando la convivencia con los hombres/mujeres que nos caigan simpáticos para probar si la relación tiene futuro… Y la dignidad de la persona, rechaza la posibilidad de probar con ella. La convivencia que incluya la intimidad sexual es algo demasiado íntimo para estar probando…

Y una vez que están viviendo juntos, la cuestión se complica.

De entrada no suelen querer tener hijos, ya que si no quieren casarse, menos quieren tener hijos que los unirían más entre ellos. Dicen que al menos por ahora…; y en ese caso, no hay tiempos de definición… puede ser un año, dos, cinco, diez… quién sabe). Es decir, comienzan lo que parece un amor total, pero que no es total. Un amor no exclusivo –no se garantiza nada cara al futuro, como máximo se supone que habrá algo de exclusividad temporal– y menos, definitivo. Y de entrada no quieren que su amor sea fecundo. Con lo cual es un amor que comienza anulado las dimensiones más profundas del amor conyugal: la exclusividad, la confianza y el gozo de poder abrazar un hijo, fruto de su amor. Todo esto es puesto entre paréntesis.

 ¿Es bueno animar a casarse a quienes viven juntos?

¿Es bueno empujar a casarse a los convivientes solteros? No. Porque el matrimonio es para siempre. Vivir juntos no.

Si las personas tienen un proyecto para toda la vida, porque se quieren de verdad con amor total, sí sería bueno que se casen: para que su amor total deje de ser algo esperado, supuesto, deseado, y pase a realizarse en los hechos: una cosa es decir que estoy dispuesto a casarme… (a entregarme, serte fiel…)  y otra muy distinta hacerlo hasta que la muerte los separe. Entre el dicho y el hecho… hay mucho trecho.

Tienen un problema a resolver. No es bueno eternizar  situaciones afectivas provisionales.

Por eso, quienes viven juntos, sería bueno que resuelvan su situación: ¿se quieren con amor total o no? De otra manera están perdiendo el tiempo… y eso es malo para los dos, pero sobre todo para la mujer, cuya fecundidad tiene fecha de vencimiento… Cuando me cuentan de treintañeras que viven con el novio… me duele por ellas. Tendrán que resolver pronto su situación… porque si no van a casarse con el que viven…, mejor que lo dejen cuanto antes, para buscar el amor de su vida. Si no perderán la capacidad de ser madres…

 ¿Una cuestión de fe?

Cuando los católicos hablamos de matrimonio con entusiasmo, muchos piensan que lo hacemos por cuestiones de fe. Que queremos hacer casar a todo el mundo porque el concubinato es un pecado. Algo de cierto hay, pero el problema –antes de ser un problema de fe–, es un problema humano.

En un primer momento, Dios no tiene nada que ver…; después sí, y mucho …

Tiene que ver en cuanto que creó al hombre como lo creó (el hombre es lo que es y no otra cosa), con su complementariedad, capacidad de amor, de paternidad y maternidad…

Tiene que ver en cuanto un católico juntado no puede acceder a la Sagrada Comunión, es decir, su casarse o no casarse tiene una influencia decisiva en su vida sacramental.

Pero, no es lo primero en cuanto a motivación. A fin de cuentas, los motivos por los que dos personas que dicen quererse íntimamente no se casan pueden reducirse a dos: o porque no saben lo que es el matrimonio –por eso les resulta lo mismo estar casados o no– o porque no quieren realizar la unión total que significa –en cuyo caso no se quieren de verdad–. Y es muy importante que se aclaren si quieren unir sus vidas o no. Y no esto por motivos religiosos, sino profundamente humanos.

Dios aparece un momento después: en caso de que se casen, bendice ese amor y lo diviniza a través de un sacramento. En caso de que convivan conyugalmente sin estar casados, también aparece, en cuanto que desaparece… ya que no podrán vivir la vida sacramental que es la que mete a Dios en sus vidas…

 La cuestión de fondo

La verdadera cuestión es humana… no es de religión. Es una cuestión de proyecto existencial. El amor –si es abierto y generoso- crea comunión, crea proyecto común, deseo de unirse para siempre.

¿Tienen un proyecto común a largo plazo o no? ¿Se quieren y confían mutuamente como para entregarse la vida?

En caso de que la respuesta a estas preguntas sea negativa, se ruega no engañarse más. Es recomendable que cada uno siga su camino por su lado. Pero no por motivos religiosos, ¡¡¡por motivos humanos!!! No sigan perdiendo el tiempo precioso que podrían estar dedicando a vivir una relación estable y duradera, de amor total, con un proyecto existencial común, que incluye algo tan grande y precioso como los hijos. Y si siguen juntos, que sepan que están perdiendo el tiempo, al menos en cuanto a la construcción de un proyecto de amor para toda la vida… están alejando la posibilidad de que sea una realidad en sus vidas.

P. Eduardo Volpacchio

¡¡¡Muy Feliz y Santa Navidad!!!

navidad 1

Deseándoles que vivamos la Navidad muy unidos al Papa Francisco,
y con todo el amor con que la Vírgen y San José
esperaron el Nacimiento de Jesús,

dispuestos a complicarnos la vida para servir a este Niño Divino
y, en Él y en su nombre, a todos nuestros hermanos

Les envío mi bendición,
poniéndolos desde ahora en la Misa de Nochebuena,
en la que pediré por todos Uds.

Y para terminar de prepararnos, los animo a meditar despacio en las palabras del Santo Padre, en la Audiencia General de ayer, miércoles 18 de diciembre.

P. Eduardo Volpacchio

Para bajarla en Word: Francisco Navidad 2013

Papa Francisco sobre la Navidad (Audiencia General, 18.12.13)

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Este encuentro nuestro se desarrolla en el clima espiritual del Adviento, manifestado más intensamente por la Novena de la Santa Navidad, que estamos viviendo en estos días y que nos lleva a las fiestas navideñas. Por este motivo hoy quisiera reflexionar con vosotros sobre la Navidad de Jesús, fiesta de la confianza y de la esperanza, que supera las inseguridades y el pesimismo. Y la razón de nuestra esperanza es esta: ¡Dios está con nosotros y Dios se fía todavía de nosotros! Pensad bien en esto: ¡Dios está con nosotros y se fía todavía de nosotros! Es generoso este Padre Dios, ¿verdad?

Dios viene a habitar con los hombres, elige la tierra como su morada para estar junto al hombre y dejarse encontrar allí donde el hombre vive sus días en la alegría y el dolor. Por tanto, la tierra no es solo “un valle de lágrimas”, sino el lugar donde Dios mismo ha puesto su tienda, es el lugar del encuentro de Dios con el hombre, de la solidaridad de Dios con los hombres.

Dios ha querido compartir nuestra condición humana hasta el punto de hacerse una sola cosa con nosotros en la persona de Jesús, que es verdadero hombre y verdadero Dios. Pero hay algo todavía más sorprendente. La presencia de Dios en medio de la humanidad no se ha dado en un mundo ideal, idílico, sino en este mundo real, marcado por cosas buenas y malas, por divisiones, maldad, pobreza, prepotencias y guerras. Él ha elegido habitar en nuestra historia así como es, con todo el peso de sus límites y de sus dramas. Haciendo así se ha demostrado de forma insuperable su inclinación misericordiosa y llena de amor hacia las criaturas humanas. Él es el Dios-con-nosotros, Jesús es Dios-con-nosotros, ¿creéis esto? Hagamos juntos esta confesión. ¡Todos! ¡Jesús es Dios-con-nosotros. ¡Otra vez! ¡Jesús es Dios-con-nosotros! Muy bien, gracias.

Jesús es Dios-con-nosotros, desde siempre y por siempre está con nosotros en los sufrimientos y en los dolores de la historia. La Navidad de Jesús es la manifestación de que Dios se ha puesto del lado del hombre “de una vez y para siempre”, para salvarnos, para levantarnos del polvo de nuestras miserias, de nuestras dificultades, de nuestros pecados.

De aquí viene el gran “regalo” del Niño de Belén: una energía espiritual que nos ayuda a no hundirnos en nuestras fatigas, en nuestras desesperaciones, en nuestras tristezas, porque es una energía que nos conforta y transforma el corazón. El nacimiento de Jesús, de hecho, nos lleva a la bella noticia de que somos amados inmensamente y individualmente por Dios, y este amor no solo nos lo hace conocer, ¡sino que nos los da, nos lo comunica!

De la contemplación gozosa del misterio del Hijo de Dios nacido por nosotros, podemos extraer dos consideraciones.

La primera es que si en la Navidad Dios se revela no como uno que está en las alturas y que domina el universo, sino como El que se abaja. Dios se abaja, desciende a la tierra, pequeño y pobre, esto significa que para ser como Él nosotros no podemos ponernos por encima de los demás, sino abajarnos, ponernos al servicio, hacernos pequeños con los pequeños y pobres con los pobres. Es una cosa fea cuando se ve a un cristiano que no quiere abajarse, que no quiere servir, que se pavonea por todas partes. ¡Es feo! ¡Ese no es un cristiano, es un pagano! ¡El cristiano sirve y se abaja! ¡Hagamos esto de forma que nuestros hermanos y hermanas no se sientan nunca solos!

La segunda: si Dios, por medio de Jesús, se ha implicado con el hombre hasta el punto de convertirse en uno de nosotros, quiere decir que cualquier cosa que le hagamos a un hermano y a una hermana se la habremos hecho a Él. Nos lo ha recordado el mismo Jesús: quien haya nutrido, acogido, visitado, amado a uno de los más pequeños y de los más pobres entre los hombres, se lo habrá hecho al Hijo de Dios.

Confiémonos a la materna intercesión de María, Madre de Jesús y nuestra, para que nos ayude en esta Santa Navidad, ya muy cercana, a reconocer en el rostro de nuestro prójimo, especialmente de las personas más débiles y marginadas, la imagen del Hijo de Dios hecho hombre. ¡Gracias!

Un índice de la Ex. Ap- Evangelii Gaudium

Para facilitar la búsqueda de temas en la Ex. Ap. Evangelii Gaudium del Papa Francisco, aquí les ofrezco un índice por temas (no es exhaustivo, la he pensado para la meditación personal o para su uso en la predicación)

Como en todos los documentos magisteriales, los números corresponden a la numeración de párrafos que trae el documento.

Para bajar en Word: Indice temas EVANGELII GAUDIUM cuadro

Alegría

 Condición para evangelizar

10

En circunstancias duras

6

Nace con Cristo

1-8

No necesita condiciones especiales

7

Peligro tristeza

2

Textos Sagrada Escritura

4, 5

Audacia

Desafíos

109

No miedo, no encierro

49

Caridad

Comunión. Perdón.

99-101

Fe y compromiso social

178-181, 194-195

Limosna

193

Carismas

Eclesialidad. Comunión.

130-131

Ciudad

 

71-75

Confesión

Lugar de misericordia

44

Confianza en Dios No defrauda

3,
278-280

Conversión

Cristo nos renueva. Conversión pastoral.

11, 25-27

Iglesias particulares

30

Movimientos

29
Obispos

31

Papa

32

Parroquia

28
Renovación eclesial

27

Corrupción

  60

Cultura

Inculturación

68-70, 129
La gracia supone la cultura

115

No modelo único, catolicidad

116-118

Defectos

Críticos

97

Espiritualidades deformadas

90, 93-97

Teóricos

96

Diálogo interreligioso  

250-251, 254

Dificultades

Iglesia creíble, temas menos aceptables

65, 263

Dirección espiritual

 

169-173

Discernimiento cultural

Diagnóstico económico, social

52-60
Doctrina Al servicio del amor

39

Doctrina Social

 

182-185

Economía

Desafíos: no exclusión, dinero para servir

53-58, 202-205

Etica

57

Ecumenismo

Necesidad. Confianza. Criterios 244-246
Entrega Se nos pide todo

10, 12, 274

Escuchar

Ancianos y jóvenes

108

Esperanza

Cristo resucitó, vive

275-280
Eficacia de la palabra

22

Paciencia

223-225
Posibles causas de desencanto

24

Espíritu Santo

 

259, 261, 280

Evangelización

Apostolado personal

127-129

Camino de realización personal. Alegría misionera.

10, 21

Crecer como evangelizadores. Nos enriquece. Es nuestra vida

120-121, 272, 273

Dinamismo de salida. Puertas abiertas

20, 27, 46-47, 49, 87

Discernimiento. Lenguaje actual. Costumbres, paciencia

41-44

Espíritu de la Nueva Evangelización

260-

Mandato misionero

19

Motivación

261-274

Motivación: amor a Jesús

264

Motivación: convencimiento

266
Motivación: gusto espiritual de ser pueblo, amor a la gente

268-274

Motivación: la gloria de Dios

267
Motivación: los demás lo necesitan.

82, 265

Nadie se salva solo

113
No excusa limitaciones

121

Santidad personal influye

149-151
Tarea principal de la Iglesia
Tarea de todos. Compromiso

14-15, 23, 120, 273

Tres ámbitos

14
Evangelización criterios Anuncio explícito de Jesús

110

Belleza

167
Corazón y puertas abiertas

46-47

Integridad mensaje. Proporción temas

37-38
Ir a lo principal. Kerygma siempre primero

34-37, 160-165

Límites humanos: matices, cambios culturales

40-45
Llegar a todos

47-48

Misericordia, principal virtud

37
Mistagogía

166

Moral

168
Organicidad virtudes

39

Evangelización. Estilo

  18, 24, 33, 87-89, 288
Evangelización y promoción humana  

70, 177-182

Familia

  66-67
Fe, razón, ciencia  

132-134, 242-243

Globalización

  62
Iglesia Pueblo que peregrina. Instrumento. Fermento

111-114

Iglesia y Estado

  239-241
Individualismo  

2, 8, 53-54, 70, 78, 88-89, 91, 262, 273

Inseguridad

Inequidad genera violencia 59-60

Islam

 

252-253

Jesucristo Encontrarlo

3

Judaísmo

  247-249
Laicos  

102

Libertad religiosa

  255-256
Medios comunicación Saturación informativa

64

Memoria

  13
Misericordia de Dios No se cansa de perdonar

3

Mujer

  103-104
No creyentes  

257

Nuevos Movimientos religiosos

  63
Oración Intercesión

281

Pastoral juvenil

  105-106
Paz  

217-220

Pesimismo, celo amargo

  84-86, 88, 97, 275, 277, 282
Piedad popular  

122-126

Pobres

Amor a los pobres

197-201, 207
Economía, equidad, política

202-206

Inclusión social

187-192
Nuevas formas de pobreza

209-215

Predicación

Homilía. Preparación. Forma 135-158
Primado de la gracia  

12, 112, 136

Principios

El tiempo es superior al espacio: no ansiedad, paciencia

222-225
El todo es superior a la parte: lo local y lo global

234-237

La realidad es más importante que la idea: hechos, no teorías

231-233
La unidad prevalece sobre el conflicto: búsqueda solución en un plano superior. Síntesis.

226-230

Realización personal

  8, 10
Relativismo  

61, 64, 80

Sagrada Escritura

En predicación. Personalizarla 146, 148, 149, 152-153, 174
Salir de sí mismos  

87, 89, 91-92

Secularización

Reducir religión a lo privado 64
Solidaridad  

188-189

Tentaciones

Complejo inferioridad 79
Tibieza  

2, 11, 81-83

Unidad

No a la guerra entre nosotros

98
Perdón

100

Simpatías y antipatías

101

Vida interior

Ir por delante: meditación, lucha. Da sentido y vida. 149-151, 262
Virgen  

284-288

Vocaciones

 

107

 

50 PREGUNTAS SOBRE LA FE

Te recomiendo un sitio donde encontrarás 50 respuestas… a 50 preguntas sobre la fe…

 Adaptación del libro “50 preguntas sobre la fe”    

      30 profesores de las tres Facultades Eclesiásticas de la Universidad de Navarra han respondido en un libro 50 preguntas sobre la fe, formuladas por universitarios de diversas carreras. En el Año de la fe, Arguments irá presentando sus contenidos en un formato interactivo, utilizando esquemas y recursos tipográficos que faciliten la comprensión y el estudio de cada pregunta.

01. Creer, al igual que amar, es una palabra con muchos significados. ¿Qué significa creer en Dios?

02. ¿Se puede demostrar la existencia de Dios? ¿Cómo puedo saber que Dios es real? Si puedo llegar a la existencia de Dios por medio de la razón, ¿para qué necesito la fe?

03. ¿No es cierto que la fe es una opción personal y respetable ante la vida, pero que no es racional, sino que está relacionada sobre todo con los sentimientos religiosos de cada uno?

04. ¿Puedo conseguir la fe por mí mismo, o solo puedo tenerla si me la da Dios? Si solo puede alcanzarse así, ¿por qué Dios se la da a unos y a otros no?

05. ¿La fe no deforma el modo de ver la realidad? ¿No puede convertir a una persona en fanática e incluso en violenta?

06. ¿La fe que practican los cristianos de hoy es la misma que practicaban los primeros cristianos?

07. ¿Qué fiabilidad tiene el Credo si es fruto de unos concilios, que al fin y al cabo, son reuniones de hombres?

08. ¿Se puede perder la fe? Y si se pierde, ¿cómo se puede recuperar? 

09. ¿No es la Biblia un libro muy primitivo? Sus relatos de la creación y del pecado son simplemente increíbles

10. ¿No da la impresión de que el Dios en el que creemos los cristianos es muy diferente del Dios que presenta el Antiguo Testamento?

11. ¿No cree que la Iglesia con el paso de los siglos ha ido perdiendo fuerza, al transmitir algo de lo que los creyentes no fueron testigos? 

12. ¿Por qué y para qué nos ha creado Dios?

13. ¿Por qué Dios no nos ha dado a todos la oportunidad de nacer sin el pecado original, como a Adán y Eva? Al fin y al cabo, si ellos metieron la pata, no es culpa nuestra

14. ¿Necesita el universo una explicación fuera de sí mismo si ya tiene sus leyes físicas que incluso permiten pensar en la «auto-creación»?

15. ¿No ha quedado obsoleta la noción de alma? ¿Por qué el cristianismo afirma que hay algo más que materia y procesos fisiológicos en el ser humano, a pesar de los descubrimientos impresionantes de la medicina? ¿Por qué empeñarse en actuar como si quedara realmente algo de la persona, además del recuerdo, después de la muerte?

16. ¿Cómo encajan la teoría de la evolución y la doctrina de la creación? 

17. ¿Cómo son las relaciones entre la fe y la ciencia en la actualidad? 

18. ¿No es politeísmo creer en la Trinidad? ¿Qué es exactamente la Trinidad y cómo sabemos que existe? 

19. ¿Se puede creer en Dios y no en Jesucristo? ¿Qué significa creer en Jesucristo? 

20. ¿Por qué Dios se hizo hombre y murió en una cruz? La Iglesia dice que para salvarnos. Pero ¿de qué tenemos que ser salvados? 

21. ¿No basta con creer que Dios existe y obrar bien? ¿Por qué tener una religión, complicarse con la obligación de cumplir sus ritos y ceremonias? 

22. ¿Dios es el mismo en todas las religiones? 

23. Muchos de los que conozco son católicos simplemente porque sus padres les metieron eso en la cabeza desde pequeños 

24. ¿En qué se diferencia la fe de un católico de la de un protestante?

25. ¿Por qué la Iglesia no admite entre los católicos la libertad y el pluralismo en cuestiones de fe? 

26. ¿Es más feliz el que cree? 

27. ¿Cómo afecta a la vida de cada día creer en Dios? Porque hay personas que creen en Dios y no se comportan bien; otras, en cambio, hacen el bien y no creen en Dios… 

28. Si creo en Dios, entonces tengo que hacer lo que Él me manda. ¿La fe no limita mi libertad? 

29. ¿Cómo estamos seguros de que la enseñanza de la Iglesia sobre lo que Dios quiere que hagamos es correcta? A mucha gente no nos parece tan claro que esté mal todo lo que los curas dicen que está mal…

30. Algunos pensadores han dicho que Dios y la vida eterna son un invento del ser humano para consolarse en esta vida absurda e injusta. Un invento que además lleva a los creyentes a desentenderse de los problemas de este mundo pensando en el paraíso del más allá. ¿Qué hay de cierto en todo esto? 

31. ¿Puede la fe acaso resolver los problemas económicos, la pobreza, el hambre? ¿No sería mejor dar menos importancia a la fe y más importancia a la acción? 

32. ¿Solo se salva el que cree? Hay personas que dicen: «la fe me salvará». ¿Es la salvación cuestión de fe? 

33. ¿Pueden salvarse las personas que no conocen a Cristo ni a la Iglesia? En ese caso, ¿por qué es importante la fe, si no es necesaria para salvarse? 

34. ¿Por qué bautizar a los niños? 

35. ¿Qué diría a una persona que afirma que cree en Dios pero que no cree en la Iglesia? 

36. ¿Qué significa «creer en la Iglesia»? ¿Cómo sé que la Iglesia católica es la verdadera? ¿Se puede creer en la Iglesia cuando vemos a tantos curas que no dan ejemplo de buenas personas? 

37. ¿No es un error decir que el Papa es cabeza de la Iglesia? ¿No es Cristo la cabeza? 

38. ¿Cómo entender el pasaje de la Biblia que dice algo así como: «la fe sin obras está muerta»? ¿No es verdad, acaso, que la fe es una cosa íntima, interior, de cada persona con independencia de que hacia afuera actúe igual que el resto de la gente, tenga o no fe? 

39. ¿Por qué debo rezar a Dios si Él conoce mis necesidades? Además, ¿cómo puedo estar seguro de que Dios me escucha y, sobre todo, de que Dios me habla? Yo nunca oigo nada. 

40. ¿Por qué le parece tan importante a la Iglesia que haya que ir a Misa todos los domingos? ¿No es un planteamiento rígido, formalista, tener que ir por cumplir, aunque no sientas la necesidad? Para mí la fe tiene más que ver con lo que yo pienso o siento en mi intimidad, no tanto con obligaciones y prohibiciones. 

41. ¿Por qué hay que confesar los pecados a un sacerdote si solo Dios puede perdonar los pecados? 

42. ¿De verdad Dios perdona siempre? ¿Se olvida totalmente de todo? ¿Qué significa eso realmente? ¿Y cómo me puedo enmendar o arrepentir si no lo siento? 

43. ¿Cómo puedo vivir la fe cuando mis amigos no la viven, y temo que piensen mal de mí o me rechacen? 

44. ¿Qué significa creer en la «comunión de los santos»? 

45. ¿Qué diferencia hay entre la fe y la superstición? ¿No es superstición utilizar objetos o cosas como el agua bendita? ¿Tener fe implica creer en las imágenes, en las reliquias, etc.? 

46. Si Dios es bueno, ¿por qué ocurren tantas cosas malas y dolorosas? ¿Por qué permite que haya enfermedades, guerras, niños que sufren, catástrofes naturales…? 

47. ¿No es posible que el núcleo espiritual de una persona, después de la muerte, pase a otro cuerpo, humano o animal (es decir, se reencarne)? 

48. ¿Qué quiere decir la Iglesia con «creo en la resurrección de la carne y en la vida eterna»? ¿Lo del cielo se dice en serio, o es simbólico?

49. ¿Existe el purgatorio? ¿Cómo se explica exactamente? 

50. Si, como la Iglesia enseña, Dios es bueno y no crea nada malo, y antes de la creación no había nada, ¿de dónde surge el infierno?

¿Cómo es la presencia de Jesús en nosotros después de comulgar?

Pregunta:

No entiendo o no quiero entender que cuando comulgamos la presencia física de Jesús dura lo que duran las especies sacramentales. Para mí, al comulgar es la misma Carne y Sangre de Jesús que entra en mí y habita en mí, y hace todo lo que Él sabe hacer, y le doy la bienvenida con un  abrazo, y bailo y me regocijo espiritualmente, no sé por cuánto tiempo, y sé que mis células y mi sangre se mezclan con las de Jesús y me vuelve cada vez más parecida a Él y me da la fuerza para seguir adelante y le digo siempre, por favor Señor al momento que me tenga morir, dame tu cuerpo y tu sangre, por eso no entiendo cómo puedo pensar que solo 10 minutos va a estar en mí, y luego se va a ir, entonces porque nos dice Jesús en  Jn. 6, 55-58 El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en Mí y Yo en el…..

La verdad me da mucha desilusión pensar así, a un Jesús visitante, siendo El mi hermano, mi Padre etc…

Respuesta:

Jesús está físicamente presente en la Eucaristía, con su cuerpo, con su sangre, con su alma y su divinidad: Él entero, vivo, glorioso, el único Jesús que existe (no es “un” cuerpo de Jesús, sino Jesús mismo, escondido en las especies sacramentales).

En el momento de la consagración, el pan y el vino se convierten en Cristo, permaneciendo las apariencias de pan y vino (lo que llamamos las especies de pan y vino). Las especies nos dicen donde está Jesús: “detrás” de ellas (por decirlo de alguna manera). 

Cuando las especies de pan y vino dejan de ser especies de pan y vino, porque las apariencias de vino se avinagran o las de pan se pudren o son disueltas por el estómago, la presencia física de Jesús cesa. Jesús no está presente en vinagre, ni en pan podrido (por poner un ejemplo).

Lo mismo ocurre cuando comulgamos. Por eso, se dice que la presencia física de Jesús en nosotros dura unos diez minutos.

Es lógico y bueno que sea así. Jesús no se “encarna” en nosotros. Nos une a él como el alimento. Cuando nosotros comemos un chorizo, el chorizo no permanece en nosotros como chorizo… Nos alimenta, nos da calorías, proteínas… Cuando recibimos a Jesús nos alimenta espiritualmente. El instituyó la Eucaristía como alimento.

Además, sería muy complicado tener a Jesús físicamente en nosotros… tendríamos que darle culto todo el tiempo, cómo haríamos en momentos que quizá no sería digno que Jesús estuviera físicamente en nosotros… (así como no llevamos la Eucaristía a un comedor, a un cine, a…). 

Que cese la presencia real, no quiere decir que Jesús se vaya de nosotros. Está en nuestra alma en gracia, pero no físicamente su cuerpo… está en la inhabitación de la Trinidad: Dios habita en nosotros, ahí está el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Una presencia que es real, pero no es sustancial, como lo es el rato después de comulgar. 

Alguna vez he leído a un autor espiritual, que se cumple lo que Jesús dice en la Ultima Cena: “les conviene que yo me vaya…”, que cuando cesa la presencia real en nosotros después de comulgar, es como si hubiera una nueva infusión del Espíritu Santo.

Así que como ves, no perdemos. Nos alimentamos de Jesús -vivimos de Él- y sigue presente en nosotros (aunque no de un modo físico, como lo está en la Eucaristía).

Completo una pregunta que me llegó a raíz de este artículo:

He leído que es dudoso el tiempo de permanencia de Jesús en nosotros, ya que cuando recibimos la Comunión la Hostia se disuelve en nuestra lengua casi de inmediato, y deja de tener apariencia de pan, por lo que ya no permanecería Cristo sacramentalmente.

Respuesta:

Lo de los 10 minutos es una estimación muy general… Pero me parece claro que la permanencia de la presencia real no es sólo cuando la hostia está en la boca con “forma” de hostia.

Si solo se disolviera en la boca… no se podría hablar propiamente de comida… y la Eucaristía ha sido instituida como alimento (el signo es importante, ya que los sacramentos son signos eficaces de la gracia que significan). 

Más allá del tiempo -sería para un debate de ingenieros químicos, saber cuándo los jugos gástricos “transforman” definitivamente la hostia- la cuestión es “aprovecharnos” de su presencia física, realmente agradecidos por el mayor regalo que puede hacernos, Él mismo.

Por otro lado, si pusieras una hostia en agua tardaría bastante en deshacerse. De manera, que no me haría problema por la cuestión del tiempo.

Las páginas de Facebook más activas a nivel mundial son sobre religión

Las páginas de Facebook más activas a nivel mundial son sobre religión
El fenómeno «Jesus Daily» no es un caso aislado. Lo revela un estudio de la profesora Drescher

Por Jorge Enrique Mújica

ROMA, 03 de octubre de 2013 (Zenit.org) – Uno de los casos de estudios de éxito al hablar de fans pages en Facebook es el fenómeno que supone «Jesus Daily»: 23 millones de personas siguen esa página de Facebook convirtiéndola, en números absolutos, en la más seguida a nivel mundial.

El fenómeno «Jesus Daily», sin embargo, no es un caso aislado en el uso confesional de Facebook: son religiosas las páginas con el mayor número de participantes activos. A esa conclusión llega una de las principales estudiosas del sector, la profesora Elizabeth Drescher, de la Universidad Católica de Santa Clara.

Fue en una entrevista publicada en el diario Avvenire donde la profesora Drescher comparte algunos de los resultados de sus investigaciones (cf. «Fede protagonista anche su Facebook», 30.05.2013): «Es interesante notar que sobre Facebook las páginas clasificadas como las que más involucran, es decir, que tienen el mayor número de participantes activos sobre su muro, son religiosas. Esta es una demostración de que los creyentes advierten siempre más que su fe es parte integrante de su experiencia digital».

¿Y qué es lo que determina el éxito de páginas con contenido religioso? Según Drescher son dos factores: 1) las fans page fueron creadas espontáneamente por usuarios de Facebook, no por instituciones religiosas; e 2) involucran. «Eso significa –dice la profesora Elizabeth– que no se limitan a difundir un mensaje o a publicar noticias, sino que comparten contenidos que inspiran a los participantes de las redes sociales a interactuar y a crear un debate».

El factor «iniciativa independiente» es, además, la tendencia y el reto para la presencia oficial de la Iglesia católica en particular y de otras confesiones religiosas en general. Y es que, según la profesora de la Universidad Católica de Santa Clara, «el grueso del involucramiento espiritual en las redes sociales girará todavía en torno a las páginas creadas por los creyentes o por personas en búsqueda de una verdad religiosa, que vierten en las redes sociales sus intereses, sus preguntas y su práctica religiosa». Y añade Drescher, en lo que bien puede considerarse también un reto pastoral: «Así como a nivel local los edificios religiosos no son más el único lugar de oración y búsqueda espiritual, no lo es mucho menos la página de Facebook de una parroquia o de una diócesis».

Y ante este diagnóstico, ¿qué hacer? La propuesta de la investigadora y también autora de «Tweet if you love Jesus» («Tuitea si amas a Jesús») y «Click to save» («Haz click para salvar») apunta a que los impulsores de iniciativas en Facebook ofrezcan contenidos que involucren a los seguidores. Pero, ¿qué se debe entender por «que involucren»?

Lo explica así: «No es sinónimo de atractivo; es un contenido que pone a prueba de forma estimulante los intereses de las personas en la misma red social, invita a la conversación, alienta a compartir. Si después inspira a la conexión de personas cara a cara, todavía mejor. Una investigación de opinión reciente sostiene también que la mayor parte de los americanos se unen a sitios de red social para mantenerse en contacto con amigos, familiares y otras personas de su comunidad. Crear en Facebook una relación individual y un sentido de pertenencia es, entonces, fundamental. Quien contribuye a publicar contenido religioso debería tener esto en mente. No es suficiente publicar un sermón si no está acompañado de una pregunta sincera, una pequeña provocación, una invitación a la discusión».

En Twitter, sin embargo, el panorama de análisis es un poco distinto. La razón es que la observación se dificulta más. No obstante, según la profesora Drescher, hashtag como #prayer (oración), #spirituality (espiritualidad), #Bible (Biblia) o #Jesus están omnipresentes. Esta «omnipresencia» es un indicativo de que «las redes sociales son espacios determinantes para la formación religiosa, la atención y el testimonio espiritual».

Una mirada al ámbito de lengua española evidencia que las iniciativas no institucionales de cariz confesional católico confirman «la regla»:

Dios es bueno! (https://www.facebook.com/diosesbueno): 11,3 millones

Dios es amor (https://www.facebook.com/DIOS.ES.AMOOOOR): 2,5 millones

Dios es bueno (https://www.facebook.com/DiosEsBuenooo): 975,100 seguidores

Virgen María de Guadalupe (https://www.facebook.com/pages/Virgen-Mar%C3%ADa-de-Guadalupe/97120156528?fref=ts): 799,000 seguidores

Aciprensa (https://www.facebook.com/ACI2.0): 212,000 seguidores

EWTN (https://www.facebook.com/ewtnespanol): 159,500 seguidores

Sal de tu cielo (https://www.facebook.com/Saldetucielo2): 141,700 seguidores

Catoliscopio (https://www.facebook.com/catoliscopio): 93,000 seguidores

InfoCatólica (https://www.facebook.com/infocatolica): 83,500 seguidores

El Observador (https://www.facebook.com/observacatholic): 70,600 seguidores

YouCat (https://www.facebook.com/YOUCAT.org): 67,100 seguidores

CatholicLink (https://www.facebook.com/Catholiclink): 65,000 seguidores

Evangelidigitalización (https://www.facebook.com/evangelidigitalizacion): 60,100 seguidores

Memes Católicos (https://www.facebook.com/PaginaOficialMemesCatolicos): 44,400 seguidores

Rome Reports (https://www.facebook.com/RomeReportsESP): 33,600 seguidores

Catholic.net (https://www.facebook.com/Catholic.net.es): 31,700 seguidores

Católico soy, ¿y tú? (https://www.facebook.com/CatolicoSoy): 28,100 seguidores

La Castidad está de Moda (https://www.facebook.com/LaCastidadEstaDeModa): 27, 900 seguidores

Católicos con Acción (https://www.facebook.com/CatolicosConAccion): 26,700 seguidores

Curas Online (https://www.facebook.com/CurasOnline): 19,300 seguidores

ZENIT News Agency (https://www.facebook.com/Zenit.Agencia.de.Noticias): 17,700 seguidores

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La sorpresa de Francisco

Artículo publicado por la Revista “Desde la Austral” (año 2, n. 5, Invierno 2013, pp. 12-15) de la Universidad Austral.

Para bajarlo en Word: La sorpresa de Francisco

De sorpresa en sorpresa

Los católicos recordaremos el año 2013 como un año lleno de sorpresas.

Tanto se había hablado de la posible renuncia de Juan Pablo II… y la de Benedicto llegó cuando nadie la esperaba: ¡cuánto nos costó creer en la noticia!

Comprendimos y acompañamos su renuncia, con cariño, dolor y oración. Sus últimas audiencias fueron conmovedoras y, a partir de ese  momento, el mundo quedó a la ansiosa espera de un nuevo Papa y con la intriga de qué pasaría cuando hubiera dos Papas en el Vaticano –nunca había habido un Papa Emérito–.

Los días previos al Cónclave estuvieron llenos de cálculos previsionistas humanos, de cómo debía ser el nuevo Papa: obviamente sería joven…, ya que el anterior renunciaba por falta de fuerzas; que si volvería a ser italiano…, que si el Cónclave sería corto o largo, y muchas otras argumentaciones muy razonables… que el Espíritu Santo tiró por la borda.

Y la sorpresa nos ganó a todos. Ya con el “Georgius Marius” antes que el Cardenal francés terminara la frase los argentinos no podíamos creer que fuera… el único que podía ser con ese nombre.

La sorpresa -el susto que se llevó- el mismo Cardenal Bergoglio: “Parece que mis hermanos Cardenales han ido a buscarlo casi al fin del mundo…” Y en la cena ese mismo día: “que Dios los perdone por lo que han hecho”.

La sorpresa de los medios fue mayúscula, ya que todas sus previsiones y pronósticos habían fallado.

De ahí en más, las sorpresas se sucedieron sin pausa… Desde la petición de oración para ser bendecido, antes de bendecir…

Sorpresas de entrada: cuando no se fue de Santa Marta… con el lío para la seguridad que eso significaba.

Nombre. Cambios de sillón (que tampoco es que fuera un trono…). Pago de la cuenta de la Casa del Clero de su bolsillo…

Austeridad. Sencillez. Amor a los enfermos. Cartas contestadas a amigos a mano: por correo, en un sobre, con nombre y dirección escritos a mano por él mismo… Llamadas por teléfonos…

Diferencia entre los Papas: un Papa no encasillable

La diferencia entre los distintos Papas es una bendita diferencia. El Espíritu Santo no se repite en las almas, y menos lo hace con los Papas. Diferencias que son signo de riqueza de la Iglesia. Como Francisco decía a los cardenales poco después de la elección: “Es curioso. A mí me hace pensar esto: el Paráclito crea todas las diferencias en la Iglesia, y parece que fuera un apóstol de Babel. Pero, por otro lado, es quien mantiene la unidad de estas diferencias, no en la «igualdad», sino en la armonía.”

No hay Papas imitadores,  ni Papas contestatarios. Cada uno es fiel, cada uno a su manera. Ni loros repetidores. Ni contreras profesionales. Auténticos vicarios de Cristo.

Sorpresa de lo difícil de encasillar que resulta para los encasilladores. Aquellos para quienes todos tienen que ser o conservadores o progresistas, están en apuros. El Papa Francisco no cabe en casilleros,  que son una caricatura simplista. Y en la Misa Crismal, advirtió a los sacerdotes del peligro de “la insatisfacción de algunos, que terminan tristes, sacerdotes tristes, y convertidos en una especie de coleccionistas de antigüedades o bien de novedades”.

Y la maravillosa humildad del Papa Emérito y del Papa en funciones. Y la maravillosa unidad entre ellos… que llega a que se anuncie la primera encíclica “a cuatro manos”: lo que Benedicto comenzó y le pasó, Francisco lo asumió y está terminando.

La sorpresa del estilo
Y en estos primeros cien días de Francisco, la sorpresa  de su estilo personal, con los cambios que el Espíritu Santo realiza en las almas. Es el mismo, por supuesto. Pero también, no es el mismo. Y no simplemente por la enorme diferencia que media entre ser Arzobispo de Buenos Aires y Romano Pontífice. No es sólo adaptación al obvio cambio de función, sino una verdadera transformación: el Espíritu Santo convirtió al Cardenal Bergoglio en el Papa Francisco. No es un cambio de nombre. El cambio de nombre expresa un cambio de persona: ahora es el Vicario de Cristo.

Superada la sorpresa inicial, el cambio de estilo no solo con Benedicto XVI, sino siguiendo la línea –Papa tras Papa- de un progresivo acercamiento del Papa a la gente: cada uno que llega tiene a la gente más cerca que el anterior… A las audiencias de Benedicto iba más gente que a las de Juan Pablo II…, a las de Francisco parece que no hay plaza de San Pedro que le alcance…

Un Papa de gestos y signos

En el lenguaje del Papa Francisco ocupan un lugar importante los signos. Transparenta lo que piensa y quiere hablar a través de signos muy gráficos, de fácil y conmovedora lectura.

Gestos: se ganan el corazón de la gente porque llegan. Y llegan porque son sinceros: desde los zapatos hasta el beso a los pies de presidiarios en la Misa del Jueves Santo. Detenerse ante niños y enfermos, y pasear empapado, bajo la lluvia, saludando entre la gente.

¿Por qué quiso seguir viviendo en Santa Marta? Para no vivir solo. Quiere estar entre la gente, accesible, y con fácil acceso a quienes quiere ver. Contó Mons. Poli –su sucesor como Arzobispo de Buenos Aires– que cuando llegó a Roma, le preguntó al Papa donde le parecía que viviera esos días. Le contestó que se quedara en Santa Marta, así podía verlo en cualquier momento y si lo necesitaba, ir a golpearle la puerta de su cuarto…

Nos predica todos los días

La primera novedad práctica, cotidiana, es la Misa que celebra cada mañana en Santa Marta. Por allí van pasando quienes trabajan en la Santa Sede. Cercanía. Ambiente familiar. Allí predica cada día, a partir de las lecturas de la liturgia diaria.

Como es lógico, muchos pidieron que esa Misa se emitiera a todo el mundo: sería ocasión de acercar la Papa a la gente, de escuchar todos los días una predicación profunda y práctica. Y, una nueva sorpresa: el Papa rechazó la propuesta. Y la explicación es fiel a su estilo: quería mantener un clima familiar.

Y la publicación de las homilías de esas Misas –improvisadas en italiano–  tampoco tendrán publicación oficial, porque eso no es lo que el Papa quiere hacer cada mañana… Sí tenemos un resumen, con algunos párrafos textuales, que alimentan la meditación de muchos, gracias a www.news.va

Sacudir, remover, convertir, encender

Se ha propuesto una renovación espiritual de la Iglesia y con su estilo sacude –nos sacude–, remueve –nos remueve–, para encendernos.

Así, por ejemplo no estamos acostumbrados a que un Papa diga a las Superioras de órdenes religiosas que tienen que ser madres fecundas que dan la vida por las almas y no solteronas que viven para sí… Y a los cristianos corrientes, que no pueden ser “cristianos de salón”: educaditos, correctos, pero sin fuego apostólico que influye en la sociedad. Y que la Iglesia sea una Madre fecunda, llena de hijos; y no una niñera: que busca que los niños duerman tranquilos… No los hijos deben ser apóstoles, audaces, valientes. Y la Iglesia como buena madre así formarlos.

A salir de uno mismo…

A ocuparse de los demás, a llevar la luz del Evangelio, a ser sal.

Llegar a la periferia, a todas las periferias de la vida…: “El Evangelio es para todos. Este ir hacia los pobres no significa que debamos convertirnos en pauperistas o en una especie de vagabundos espirituales. No, no es esto. Significa que tenemos que ir hacia la carne de Jesús que sufre, pero la carne de Jesús que sufre es también la de aquellos que no lo conocen con sus estudios, con su inteligencia o su cultura. Tenemos que ir allí. Por eso me gusta usar la frase “ir hacia las periferias”, las periferias existenciales. Todas, las de la pobreza física y real y las de la pobreza intelectual que también es real. Todas… Y allí sembrar la semilla del Evangelio, con la palabra y el testimonio”

A no guardarse para uno mismo –lo vive personalmente en una entrega, que le hace llevar un ritmo difícil de llevar–.

A los Obispos argentinos les escribió: “Una Iglesia que no sale, a la corta o a la larga se enferma en la atmósfera viciada de su encierro. Es verdad también que a una Iglesia que sale le puede pasar lo que a cualquier persona que sale a la calle: tener un accidente. Ante esta alternativa, les quiero decir francamente que prefiero mil veces una Iglesia accidentada que una Iglesia enferma.”

Salir, llenos del optimismo de la fe: “Nunca nos dejemos vencer por el pesimismo, por esa amargura que el diablo nos ofrece cada día; no caigamos en el pesimismo y el desánimo”

Recen por mi…

Confianza en la oración. Su despedida habitual cuando vivía en Buenos Aires, era “rezá por mí”. A cuánta gente la llamó antes de viajar al Cónclave para que rezara…

Ahora  tendremos que cumplir con nuestra parte, y seguir rezando por él con más intensidad. Tiene grandes tareas entre manos: la elección de colaboradores, la reforma de la Curia encomendada por el Cónclave, la nueva Evangelización, la renovación espiritual de la Iglesia y del mundo… que nuestra oración diaria sea la sorpresa que diariamente le ofrecemos.

P. Eduardo Volpacchio
Junio 2013

Carta a quien sufre

Muchas veces nos encontramos que tenemos que acompañar a alguien que está sufriendo. 

En esas ocasiones puede costar encontrar el modo de ayudarlo a vivir su sufrimiento con dignidad y con fruto. Aquí ensayamos una carta a quien sufre, que puede servir de fuente de inspiración en esos momentos.

Para bajar en Word: Carta a quien sufre

Carta a quien sufre

Querido amigo:

En estas líneas encontrarás un intento de acompañarte en la búsqueda del sentido de tu dolor, incluso de su valor, porque –no lo dudes– escondido en el dolor hay algo que puede aportar mucho a nuestra vida, y que nos toca a cada uno descubrir –y nadie puede hacerlo por nosotros–.

Es un desafío importante. Hay que recorrer un camino que no es fácil,  pero vale la pena intentarlo, ya que está el juego el sentido con que vivimos el dolor.

Aunque aquí trataré de explicar brevemente algunos puntos, te advierto que las ideas solas no te aportarán la paz y el consuelo que necesitas. Eso sólo puede venir de Dios: en los brazos de tu Padre Dios y de la Virgen encontrarás la serenidad y la compañía que necesitas. 

De todos modos, ayuda mucho entender algunas cuestiones, y abre la puerta a encontrar la verdadera respuesta.

Un primer consejo es que no te hagas preguntas que no tienen respuesta. Sería como recorrer una calle sin salida, con todo lo frustrante que significa buscar y no encontrar.  Preguntas como ¿por qué a mí? ¿por qué ahora? no son razonables, ya que la primera tácitamente supondría plantear que el dolor le vaya a otro… (y eso seguro que no lo deseas) y la segunda, cambiarlo de momento en la vida… (tampoco arregla el asunto). 

Nunca sirve –es contraproducente– compararse con los demás: si sufren más o menos que nosotros, si tienen la vida más fácil o difícil. La vida no es una competencia con otros, sino un desafío de vivir con plenitud nuestra vida, la que tenemos. 

Por eso, ante el dolor, las preguntas que deberíamos hacernos son: qué sentido puede tener y cómo deberíamos vivirlo. 

Sabemos que una vida plena no es una vida sin problemas ni dolor, sino una vida que vive plenamente lo que le toca vivir, en el momento en que lo vive. Y así toda vida merece ser vivida y puede ser portadora de grandeza.

Y esta plenitud procede de dos fuentes: la fe y el amor. La fe ilumina el sentido oculto, y el amor –vivir amorosamente cada suceso de la vida, sea como fuera– da plenitud y realiza.

La pregunta del dolor sólo encuentra plena respuesta en Dios, una respuesta no teórica sino existencial. 

El dolor sólo encuentra consuelo definitivo en Dios, ya que su presencia y compañía lo transforma. 

El dolor se hace valioso con Dios, ya que así nos une a Jesús. 

En el Pesebre y en la Cruz de Jesús está la respuesta definitiva. Y de allí sale la fuerza para vivirlo con fruto.

No intentaré demostrar nada. El dolor es un tema misterioso, en el sentido propio del término misterio: una realidad compleja y profunda,  que no llegamos a comprender plenamente.

La fe precisamente se ocupa de lo que no se ve, ni se puede demostrar: permite penetrar el misterio y llegar a lo trascendente, aquello que está más allá de lo que se ve y se toca, a la realidad profunda de las cosas.

No se puede demostrar…, pero sí aporta razonamientos convincentes y convergentes, que muestran claramente el sentido. Convincentes porque son razonables. Convergentes, porque si bien cada uno no es definitivo, el conjunto no deja lugar a dudas.

Y como te imaginarás la fuerza para llevar el dolor no es algo que salga de nosotros. Dios no solo muestra el sentido, sobre todo consuela, sostiene, fortalece, anima, llena de esperanza, acompaña…

De manera, que el recorrido, necesita mucha oración, mucha unión con tu Padre Dios.

La experiencia de tanta gente que encontró la felicidad en la cruz (y no eran ni locos ni superhombres, sino gente como vos y como yo), te llenará de esperanza para hacer este recorrido de la mano de Dios.

Te señalo algunas pistas para recorrer el camino de la aceptación, que es el camino que conduce a la alegría:

1) Libertad ante la rebelión interior

La paz nunca vendrá del enojo, la queja, la protesta, el rechazo, la rebelión, el odio.

De alguna manera, tendrás que buscar cómo entender y vivir con amor aquello. Es la única manera. No es fácil, pero es el único camino que lleva a superarlo.

Si experimentamos un rechazo pasional hacia el dolor y la situación que pasamos, habrá que trabajar sobre esa respuesta instintiva y no dejarse llevar por ella.

¿Y si en lugar de rebeldía experimento un peso que me aplasta y no me permite reaccionar?  La respuesta es la misma, no dejarse llevar, en este caso, por el aplastamiento.  Buscar fortaleza para reaccionar. 

Somos libres. La libertad más grande está en elegir lo que no hemos elegido y no podemos evitar. Aceptarlo y vivirlo con dignidad, con entereza, con amor. Esa es la grandeza del hombre: poder amar siempre, convertir el dolor en un acto de amor.

Y entonces, se puede sufrir en paz, con serenidad.

Para conseguirlo, hay que pedir ayuda a Dios. Rezar, pero no sólo que se acabe ya el dolor –por supuesto que hay que hacerlo–, sino más todavía para recibir la fortaleza para llevarlo, el amor para vivirlo, la paciencia para soportarlo, la paz para nosotros y para dar a quienes nos rodean.

La rebelión, la tensión, el estrés aumentan el dolor.

Entregar el propio dolor y el ajeno, ofrecerlo y ofrecerse a uno mismo en él. 

Y junto a la entrega, el abandono.

La paz y la serenidad hacen que duela menos. Para esto, abandonarse en Dios, confiar en Él.

Y ¿cuándo nos destroza ver sufrir a una persona amada? Ser conscientes de que lo primero que necesita quien sufre es una compañía serena. Además es señal que nuestro amor necesita madurar –y el dolor es un gran madurador del amor–. Que el dolor ajeno nos haga sufrir es bueno –es señal de amor–; pero que destroce, no lo es.

2) Vivir al día.

Pensar obsesivamente en el dolor, produce más dolor. Cuánta más atención se le presta al dolor, más duele. Tendremos que esforzarnos por controlar la imaginación. Los miedos hacen presentes males posibles que no están presentes, haciendo sufrir por lo que no ha pasado y posiblemente no pase… ¿para qué sufrir por cosas que no van a pasar? El dolor de hoy es soportable, el dolor de toda la vida –todo junto–, no. Pero nunca estará todo junto más que en la imaginación. Cada día tiene su afán. Meditar el cap. 6 de San Mateo.

3) Cultivar la esperanza.

El dolor no tiene la última palabra. Incuso la muerte no tiene la última palabra. Todo lo malo se acaba. Después de la noche siempre viene el día. El cristiano siempre espera lo mejor. Cuando más cerca está la Pasión de Jesús,  más cerca está su Resurrección. El grano de trigo da mucho fruto…

Esto no es un placebo, es la seguridad en las promesas de Dios. Precisamente la apuesta del cristiano es a la Vida plena, definitiva y feliz, más allá de las coyunturas de esta vida.

4) Salir de uno mismo.

No te encierres en tu dolor: ni en el tiempo, ni en tu interior –necesitamos a los demás–, ni en el espacio –tomar aire, da aire…–.

No sufras solo, buscá a Dios  que sabe lo que nos pasa y está presente. No te deja solo nunca. No es indiferente a tu dolor. Se experimenta de manera particular junto al sagrario, pero en todas partes –estemos donde estemos– lo encontramos buscando en nuestro corazón. 

Dios no quiere el sufrimiento pero lo permite. Y nunca lo permite sólo para que suframos. Si lo hace, es porque es capaz de sacar bienes mayores, que bienes que se pierden (eso es el mal: carencia de bien). ¿Qué bienes sacará? No lo sé, pero es de las preguntas que ahora no tiene respuesta, pero la tendrán en el Cielo. Acá nos pide que confiemos en Él. 

Sabemos que Dios se hizo hombre, para sufrir con nosotros. Sabe lo que es sufrir. Con su amor en el sufrimiento nos abrió las puertas de la gloria a todos. Y su dolor hizo redentor nuestro dolor, de manera que quien se une a Él en su dolor, redime con Cristo. Esa entrega generosa del propio dolor, produce un crecimiento interior imposible en épocas de calma y bienestar. 

Y abrirse a los demás, que también nos necesitan. Darse quita el dolor: aún quien piensa que no tiene nada para dar, en cuanto comienza a dar lo que tiene, se enriquece y comienza a experimentar la alegría.

5) Del dolor puede salir lo mejor y lo peor de nosotros.

Esto conecta con el primer punto: la respuesta al dolor es nuestra, es libre.

El dolor puede generar ternura, compasión, misericordia, amor. Depende cómo manejemos lo que sentimos.

El dolor puede engendrar resentimiento, enojo, malhumor. Esto no es necesario y hace sufrir más. Sucede cuando el dolor es rechazado, cuando se buscan culpables, cuando no se vive con serenidad.

Conclusión.

El dolor te pone delante una tarea. En tu interior, con vos mismo. En unión con Jesús podrás mucho más de lo pensás, con su ayuda serás capaz de lo que te parece imposible. 

El primer paso es romper el bloqueo que se puede producir, de rechazo, negación, pataleo, queja ante su presencia. Aceptar su realidad, es el primer paso para vivirlo con fruto. Y todo, de la mano de tu Padre Dios.

Y una última consideración. Muy importante.

En último término frente al sufrimiento sólo caben dos posibles actitudes: el rechazo y la aceptación. Ninguna de las dos cambia las cosas exteriormente, pero la vivencia de lo vivido es radicalmente distinta según sea el camino que decidamos seguir. Junto a la Cruz de Jesús hay dos cruces, los dos condenados sufren lo mismo, pero lo sufren de modo radicalmente distinto, y con un fruto esencialmente distinto. 

Te animo a tener el coraje de tomar el camino de la aceptación y del amor. Vale la pena en el sentido más propio del término: cualquier pena, así vale y nos hace valiosos.

No podemos eliminar el dolor, pero sí podemos convertirlo en un acto de amor, y eso siempre engrandece.

P. Eduardo Volpacchio
La Chacra, 9 de julio de 2013

¡¡¡Muy Felices Pascuas!!!

Les participo la homilía que predicaré en un par de horas. Estarán presentes en la Vigilia, celebrando junto a la Virgen, la gloriosa resurrección de su Hijo.

Vigilia Pascual 2013

En la oscuridad las santas mujeres se dirigen al sepulcro. Entran en la oscuridad de la cueva. Y ¿qué es lo que encontraron? Buscaban un muerto. Un muerto al que aman mucho, pero muerto al fin. Encuentran la vida, una vida que quiere transformarlas en nuevas criaturas. Van a la oscuridad, encuentran la luz.

Comenzamos la ceremonia en la oscuridad. Es la oscuridad de la noche. Pero no de la noche horaria, sino de la noche existencial del hombre sin Dios. Si Jesús está muerto, todo está a oscuras. Si Jesús no está en mi vida, estoy a oscuras. Cuando nos quedamos solos, nos quedamos a oscuras.

¿Qué es esta  explosión de vida que es la resurrección? No podemos entenderlo porque es un misterio sobrenatural.

Repasemos los signos que nos lo muestran a la luz de las lecturas.

Luz. La creación. Lo primero que crea Dios es la luz. La luz es vida, hace posible la vista y con ella el sentido, la belleza, y tantas posibilidades. Es alegría, fuego, energía… Es la imagen más inmediata de Dios: Él es toda Luminosidad, Vida, Verdad, Luz.

¿De dónde sale la luz que necesitamos? No de nosotros: de Cristo. El cirio Pascual es Cristo.

Y ¿cómo la recibimos? La fe enciende la luz: cuantos a oscuras no porque sean ciegos, sino porque no tienen luz.

La oración activa personalmente la luz: porque hace que la fe,  ilumine y encienda la vida. Nos hace superar las tinieblas de nuestra oscuridad y de la oscuridad del pecado. Hemos de abrir la propia oscuridad a la luz de Cristo.

Luz transformadora: luminosidad y calor, luminosidad y energía transformadora del fuego. Una luz que es fuego: verdad y amor van juntos. Fe y caridad. Luz que enciende los corazones. No luz fría, muerta, sino luz viva, explosiva, divina.

Agua. Viene después de la homilía: renovaremos las promesas bautismales y bendeciremos el agua con que seremos aspergidos.

Paso del Mar Rojo. Paso del Jordán. Dejar atrás la vida de esclavitud, el desierto, nacer a una vida plena en la tierra prometida. El Bautismo.

Agua: vida, limpieza, pureza, claridad. Sacia la sed, alimenta. Frescura.

El bautismo: esa vida resucitada de Cristo, se hace nuestra. Vivimos su triduo pascual: morimos, somos sepultados y resucitamos. Esa agua que sale del costado de Cristo es nuestra vida.

Bautismo, lavado que no solo lava, es un nuevo nacimiento. Antes de ser bautizados no existíamos. Resurrección de Cristo que es una explosión de vida: una nueva creación. En la resurrección de Cristo nace un nuevo mundo: el hombre nuevo, los nuevos cielos y la nueva tierra tienen su big-bang.

Manantial fresco de vida, que se hace en nosotros torrentes de agua viva. Con su fuente en el Espíritu Santo, presente en nuestras almas.

Aleluia: canto de alegría. Cuando se experimenta una alegría grande, no se vive en silencio, se canta, se grita. La Iglesia explota y con ella la Iglesia, y todos. Para el hombre alcanzado por la resurrección, por la vida de Cristo, hablar no es suficiente, tiene que cantar. Su alegría le desborda.

Que tengamos luz. Señor, que tengamos tu luz. Que nuestra vida esté iluminada.

No permitas que la oscuridad del odio, de la envidia, del espíritu crítico, oscurezca tu alma.

Que seamos luz que ilumina. Que no conservemos la luz dentro del alma.

Que seamos torrente de agua fresca que vivifica por la acción del Espíritu Santo todas las cosas y personas que tratamos.

Que seamos alegría para todas las personas que nos rodean.

Es el gran tema de las primeras dos semanas del Pontificado del Papa Francisco: que salgamos de nosotros  mismos.

En el inicio de Pontificado: nos pedía que a ejemplo de San José seamos custodios, vivamos para custodiar.

En la primera Audiencia General: hablando de la Semana Santa nos invitaba a salir de nosotros mismos, a ir a más, a la valentía de salir, de ir a la periferia de la vida.

El Jueves en la Misa Crismal: el sacerdote es un ser para los demás, tiene salir de sí mismos, ungido para ungir ha de vivir para ungir con su vida.

Y hoy en la Vigilia Pascual, decía: “¡no nos cerremos a la novedad que Dios quiere traer a nuestras vidas! Con frecuencia estamos cansados, decepcionados, tristes, sentimos el peso de nuestros pecados y pensamos que no conseguiremos vencer. No nos cerremos en nosotros mismos, no perdamos la confianza, no nos resignemos nunca: no hay situaciones que Dios no pueda cambiar”.

Abrirse, abrir el alma a Dios, a la gracia, a la oración, a los demás.

Si encerráramos la luz, se haría oscuridad; si encerráramos el agua se pudriría,  y si escondiéramos la alegría, la entumeceríamos.

Esa luz no es sólo para nosotros, es para que a partir de nosotros ilumine a los demás. Es agua no es sólo para vivificarnos a nosotros, es para que a partir de nosotros santifique a los demás. Esa alegría no es para encerrarla, sino para hacerla llegar a todos aquellos que todavía no experimentan la alegría de resucitar con Cristo.

Esta vida divina que sale del sepulcro –Cristo Resucitado- quiere transformarnos. Dejémonos iluminar, llenar, encendamos la alegría. Pidamos para toda la Iglesia este salir de nosotros mismos, esta apertura generosa que necesitamos para seguir a Cristo de cerca, como el Santo Padre nos pide.

 

P. Eduardo Volpacchio

 

Primera homilía del Papa Francisco

En la Misa pro Ecclesia con los cardenales electores que han participado en el Cónclave, en la Capilla Sixtina.

Comentó las lecturas (Primera lectura: Is 2, 2-5; Segunda lectura: 1 Pt 2, 4-9; Evangelio: Mt 16, 13-19): 

En estas Lecturas veo que hay algo en común: es el movimiento. En la Primera Lectura el movimiento en el camino; en la Segunda Lectura, el movimiento en la edificación de la Iglesia; en la tercera, en el Evangelio, el movimiento en la confesión. Caminar, edificar, confesar.

Caminar. «Casa de Jacob, venid, caminemos en la luz del Señor» (Is 2,5). Esta es la primera cosa que Dios ha dicho a Abrahan: Camina en mi presencia y se irreprensibile. Caminar: nuestra vida es un camino y cuando nos detenemos, la cosa no va. Caminar siempre, en presencia del Señor, a la luz del Señor, tratando de vivir con aquella irreprensibilidad que Dios pedía a Abrahan, en su promesa.

Edificar. Edificar la Iglesia. Se habla de piedras: las piedras tienen consistencia; pero piedras vivas, piedras ungidas por el Espíritu Santo. Edificar la Iglesia, la Esposa de Cristo, sobre aquella piedra angular que es el mismo Señor. He aquí otro movimiento de nuestra vida: edificar.

Tercero, confesar. Podemos caminar todo lo que queramos, podemos edificar muchas cosas, pero si no confesamos a Jesucristo, la cosa no va. Nos convertiremos en una ONG asistencial, pero no en la Iglesia, Esposa del Señor. Cuando no se camina, uno se detiene. Cuando no se edifica sobre piedras ¿qué sucede? Sucede lo que ocurre a los niños en la playa cuando hacen castillos de arena, todo se viene abajo, no tiene consistencia. Cuando no se confiesa a Jesucristo, me viene a la mente la frase de Léon Bloy: “Quien no reza al Señor, ora al diablo”. Cuando no se confiesa a Jesucristo, se confiesa la mundanidad del diablo, la mundanidad del demonio.

Caminar, edificar-construir, confesar. Pero la cosa no es tan fácil, porque en el caminar, en el construir, en el confesar, a veces hay sacudidas, hay movimientos que no son precisamente movimientos del camino: son movimientos que nos tiran para atrás.

Este Evangelio prosigue con una situación especial. El mismo Pedro que confesó a Jesucristo, le dice: Tu eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo. Yo te sigo, pero no hablemos de Cruz. Esto no tiene nada que ver. Te sigo con otras posibilidades, sin la Cruz. Cuando caminamos sin la Cruz, cuando edificamos sin la Cruz y cuando confesamos a un Cristo sin Cruz, no somos discípulos del Señor: somos mundanos, somos obispos, sacerdotes, cardenales, papas, pero no discípulos del Señor.

Yo querría que todos, tras estos días de gracia, tengamos el coraje, precisamente el coraje de caminar en presencia del Señor, con la Cruz del Señor; de edificar la Iglesia sobre la sangre del Señor, que se ha derramado sobre la Cruz; y de confesar la única gloria: Cristo Crucificado. Y así la Iglesia irá adelante.

Yo auguro a todos nosotros que el Espíritu Santo, por la oración de Nuestra Señora, nuestra Madre, nos conceda esta gracia: caminar, edificar, confesar a Jesucristo Crucificado. Así sea.

Mensaje de Benedicto XVI para la Cuaresma 2013

Para bajar en Word: BXVI Mje Cuaresma 2013

MENSAJE DEL SANTO PADRE
BENEDICTO XVI
PARA LA CUARESMA 2013

 Creer en la caridad suscita caridad
«Hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él» (1 Jn 4,16)

 Queridos hermanos y hermanas:

La celebración de la Cuaresma, en el marco del Año de la fe, nos ofrece una ocasión preciosa para meditar sobre la relación entre fe y caridad: entre creer en Dios, el Dios de Jesucristo, y el amor, que es fruto de la acción del Espíritu Santo y nos guía por un camino de entrega a Dios y a los demás.

1. La fe como respuesta al amor de Dios

En mi primera Encíclica expuse ya algunos elementos para comprender el estrecho vínculo entre estas dos virtudes teologales, la fe y la caridad. Partiendo de la afirmación fundamental del apóstol Juan: «Hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él» (1 Jn 4,16), recordaba que «no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva… Y puesto que es Dios quien nos ha amado primero (cf. 1 Jn 4,10), ahora el amor ya no es sólo un “mandamiento”, sino la respuesta al don del amor, con el cual Dios viene a nuestro encuentro» (Deus caritas est, 1). La fe constituye la adhesión personal ―que incluye todas nuestras facultades― a la revelación del amor gratuito y «apasionado» que Dios tiene por nosotros y que se manifiesta plenamente en Jesucristo. El encuentro con Dios Amor no sólo comprende el corazón, sino también el entendimiento: «El reconocimiento del Dios vivo es una vía hacia el amor, y el sí de nuestra voluntad a la suya abarca entendimiento, voluntad y sentimiento en el acto único del amor. Sin embargo, éste es un proceso que siempre está en camino: el amor nunca se da por “concluido” y completado» (ibídem, 17). De aquí deriva para todos los cristianos y, en particular, para los «agentes de la caridad», la necesidad de la fe, del «encuentro con Dios en Cristo que suscite en ellos el amor y abra su espíritu al otro, de modo que, para ellos, el amor al prójimo ya no sea un mandamiento por así decir impuesto desde fuera, sino una consecuencia que se desprende de su fe, la cual actúa por la caridad» (ib., 31a). El cristiano es una persona conquistada por el amor de Cristo y movido por este amor ―«caritas Christi urget nos» (2 Co 5,14)―, está abierto de modo profundo y concreto al amor al prójimo (cf. ib., 33). Esta actitud nace ante todo de la conciencia de que el Señor nos ama, nos perdona, incluso nos sirve, se inclina a lavar los pies de los apóstoles y se entrega a sí mismo en la cruz para atraer a la humanidad al amor de Dios.

«La fe nos muestra a Dios que nos ha dado a su Hijo y así suscita en nosotros la firme certeza de que realmente es verdad que Dios es amor… La fe, que hace tomar conciencia del amor de Dios revelado en el corazón traspasado de Jesús en la cruz, suscita a su vez el amor. El amor es una luz ―en el fondo la única― que ilumina constantemente a un mundo oscuro y nos da la fuerza para vivir y actuar» (ib., 39). Todo esto nos lleva a comprender que la principal actitud característica de los cristianos es precisamente «el amor fundado en la fe y plasmado por ella» (ib., 7).

2. La caridad como vida en la fe

Toda la vida cristiana consiste en responder al amor de Dios. La primera respuesta es precisamente la fe, acoger llenos de estupor y gratitud una inaudita iniciativa divina que nos precede y nos reclama. Y el «sí» de la fe marca el comienzo de una luminosa historia de amistad con el Señor, que llena toda nuestra existencia y le da pleno sentido. Sin embargo, Dios no se contenta con que nosotros aceptemos su amor gratuito. No se limita a amarnos, quiere atraernos hacia sí, transformarnos de un modo tan profundo que podamos decir con san Pablo: ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí (cf. Ga 2,20).

Cuando dejamos espacio al amor de Dios, nos hace semejantes a él, partícipes de su misma caridad. Abrirnos a su amor significa dejar que él viva en nosotros y nos lleve a amar con él, en él y como él; sólo entonces nuestra fe llega verdaderamente «a actuar por la caridad» (Ga 5,6) y él mora en nosotros (cf. 1 Jn 4,12).

La fe es conocer la verdad y adherirse a ella (cf. 1 Tm 2,4); la caridad es «caminar» en la verdad (cf. Ef 4,15). Con la fe se entra en la amistad con el Señor; con la caridad se vive y se cultiva esta amistad (cf. Jn 15,14s). La fe nos hace acoger el mandamiento del Señor y Maestro; la caridad nos da la dicha de ponerlo en práctica (cf. Jn 13,13-17). En la fe somos engendrados como hijos de Dios (cf. Jn 1,12s); la caridad nos hace perseverar concretamente en este vínculo divino y dar el fruto del Espíritu Santo (cf. Ga 5,22). La fe nos lleva a reconocer los dones que el Dios bueno y generoso nos encomienda; la caridad hace que fructifiquen (cf. Mt 25,14-30).

3. El lazo indisoluble entre fe y caridad

A la luz de cuanto hemos dicho, resulta claro que nunca podemos separar, o incluso oponer, fe y caridad. Estas dos virtudes teologales están íntimamente unidas por lo que es equivocado ver en ellas un contraste o una «dialéctica». Por un lado, en efecto, representa una limitación la actitud de quien hace fuerte hincapié en la prioridad y el carácter decisivo de la fe, subestimando y casi despreciando las obras concretas de caridad y reduciéndolas a un humanitarismo genérico. Por otro, sin embargo, también es limitado sostener una supremacía exagerada de la caridad y de su laboriosidad, pensando que las obras puedan sustituir a la fe. Para una vida espiritual sana es necesario rehuir tanto el fideísmo como el activismo moralista.

La existencia cristiana consiste en un continuo subir al monte del encuentro con Dios para después volver a bajar, trayendo el amor y la fuerza que derivan de éste, a fin de servir a nuestros hermanos y hermanas con el mismo amor de Dios. En la Sagrada Escritura vemos que el celo de los apóstoles en el anuncio del Evangelio que suscita la fe está estrechamente vinculado a la solicitud caritativa respecto al servicio de los pobres (cf. Hch 6,1-4). En la Iglesia, contemplación y acción, simbolizadas de alguna manera por las figuras evangélicas de las hermanas Marta y María, deben coexistir e integrarse (cf. Lc 10,38-42). La prioridad corresponde siempre a la relación con Dios y el verdadero compartir evangélico debe estar arraigado en la fe (cf. Audiencia general 25 abril 2012). A veces, de hecho, se tiene la tendencia a reducir el término «caridad» a la solidaridad o a la simple ayuda humanitaria. En cambio, es importante recordar que la mayor obra de caridad es precisamente la evangelización, es decir, el «servicio de la Palabra». Ninguna acción es más benéfica y, por tanto, caritativa hacia el prójimo que partir el pan de la Palabra de Dios, hacerle partícipe de la Buena Nueva del Evangelio, introducirlo en la relación con Dios: la evangelización es la promoción más alta e integral de la persona humana. Como escribe el siervo de Dios el Papa Pablo VI en la Encíclica Populorum progressio, es el anuncio de Cristo el primer y principal factor de desarrollo (cf. n. 16). La verdad originaria del amor de Dios por nosotros, vivida y anunciada, abre nuestra existencia a aceptar este amor haciendo posible el desarrollo integral de la humanidad y de cada hombre (cf. Caritas in veritate, 8).

En definitiva, todo parte del amor y tiende al amor. Conocemos el amor gratuito de Dios mediante el anuncio del Evangelio. Si lo acogemos con fe, recibimos el primer contacto ―indispensable― con lo divino, capaz de hacernos «enamorar del Amor», para después vivir y crecer en este Amor y comunicarlo con alegría a los demás.

A propósito de la relación entre fe y obras de caridad, unas palabras de la Carta de san Pablo a los Efesios resumen quizá muy bien su correlación: «Pues habéis sido salvados por la gracia mediante la fe; y esto no viene de vosotros, sino que es un don de Dios; tampoco viene de las obras, para que nadie se gloríe. En efecto, hechura suya somos: creados en Cristo Jesús, en orden a las buenas obras que de antemano dispuso Dios que practicáramos» (2,8-10). Aquí se percibe que toda la iniciativa salvífica viene de Dios, de su gracia, de su perdón acogido en la fe; pero esta iniciativa, lejos de limitar nuestra libertad y nuestra responsabilidad, más bien hace que sean auténticas y las orienta hacia las obras de la caridad. Éstas no son principalmente fruto del esfuerzo humano, del cual gloriarse, sino que nacen de la fe, brotan de la gracia que Dios concede abundantemente. Una fe sin obras es como un árbol sin frutos: estas dos virtudes se necesitan recíprocamente. La cuaresma, con las tradicionales indicaciones para la vida cristiana, nos invita precisamente a alimentar la fe a través de una escucha más atenta y prolongada de la Palabra de Dios y la participación en los sacramentos y, al mismo tiempo, a crecer en la caridad, en el amor a Dios y al prójimo, también a través de las indicaciones concretas del ayuno, de la penitencia y de la limosna.

4. Prioridad de la fe, primado de la caridad

Como todo don de Dios, fe y caridad se atribuyen a la acción del único Espíritu Santo (cf. 1 Co13), ese Espíritu que grita en nosotros «¡Abbá, Padre!» (Ga 4,6), y que nos hace decir: «¡Jesús es el Señor!» (1 Co 12,3) y «¡Maranatha!» (1 Co 16,22; Ap 22,20).

La fe, don y respuesta, nos da a conocer la verdad de Cristo como Amor encarnado y crucificado, adhesión plena y perfecta a la voluntad del Padre e infinita misericordia divina para con el prójimo; la fe graba en el corazón y la mente la firme convicción de que precisamente este Amor es la única realidad que vence el mal y la muerte. La fe nos invita a mirar hacia el futuro con la virtud de la esperanza, esperando confiadamente que la victoria del amor de Cristo alcance su plenitud. Por su parte, la caridad nos hace entrar en el amor de Dios que se manifiesta en Cristo, nos hace adherir de modo personal y existencial a la entrega total y sin reservas de Jesús al Padre y a sus hermanos. Infundiendo en nosotros la caridad, el Espíritu Santo nos hace partícipes de la abnegación propia de Jesús: filial para con Dios y fraterna para con todo hombre (cf. Rm 5,5).

La relación entre estas dos virtudes es análoga a la que existe entre dos sacramentos fundamentales de la Iglesia: el bautismo y la Eucaristía. El bautismo (sacramentum fidei) precede a la Eucaristía (sacramentum caritatis), pero está orientado a ella, que constituye la plenitud del camino cristiano. Análogamente, la fe precede a la caridad, pero se revela genuina sólo si culmina en ella. Todo parte de la humilde aceptación de la fe («saber que Dios nos ama»), pero debe llegar a la verdad de la caridad («saber amar a Dios y al prójimo»), que permanece para siempre, como cumplimiento de todas las virtudes (cf. 1 Co13,13).

Queridos hermanos y hermanas, en este tiempo de cuaresma, durante el cual nos preparamos a celebrar el acontecimiento de la cruz y la resurrección, mediante el cual el amor de Dios redimió al mundo e iluminó la historia, os deseo a todos que viváis este tiempo precioso reavivando la fe en Jesucristo, para entrar en su mismo torrente de amor por el Padre y por cada hermano y hermana que encontramos en nuestra vida. Por esto, elevo mi oración a Dios, a la vez que invoco sobre cada uno y cada comunidad la Bendición del Señor.

Vaticano, 15 de octubre de 2012

BENEDICTUS PP. XVI

¿Qué relación hay entre el temor y el amor de Dios?

 «Quien teme al Señor no tiene miedo de nada», dice el Eclesiástico (34,14). El temor de Dios libera del temor de los hombres. Hace libres.

Benedicto XVI, Homilía del 6.1.13

Para bajar el artículo en Word:
Relación entre el temor y el amor

Del temor al amor

En la consideración de bastantes cristianos, el temor de Dios habría dejado de ser una virtud –como se lo consideró siempre-, para convertirse en una realidad negativa, que debe ser rechazada.

Es un tema que sale con frecuencia durante la preparación para la confirmación, cuando se habla de uno de los dones del Espíritu Santo: el temor de Dios. A veces,  uno encuentra personas que quisieran eliminar este don…

¿Qué ha pasado para que algo pase de ser considerado bueno a ser tenido por malo? Como todas las realidades sobrenaturales, se hace necesario entender a qué nos referimos y matizar la cuestión para no caer en simplificaciones erróneas. Posiblemente la cuestión más básica de la religión es la actitud del hombre ante Dios. Quién es Dios, quién soy yo, qué tipo de relación se establece entre nosotros.

La realidad es la base: Dios es Dios, yo soy una criatura. Dios es todopoderoso y yo limitado. Dios es la Bondad infinita, yo necesito de su misericordia. Soy mortal, necesito que me de vida eterna. Dios ha querido redimirnos con su amor infinito y hacernos  hijos suyos, darnos una vida divina, destinarnos a la felicidad eterna en Él, por toda la eternidad.

El amor de Dios ha superado la distancia infinita que nos separaba de Él.

Dios realizó la Redención a lo largo de la historia. En ella se reveló progresivamente, hasta llegar a la plenitud con la Encarnación del Verbo. En el tema que nos ocupa, se fue mostrando como el Dios Único, Santo, Dueño y protector del Pueblo elegido, hasta mostrarnos su rostro en Cristo. Vemos en las páginas del Antiguo Testamento que el temor de Dios tuvo un lugar muy importante. Ahora bien, ¿qué tipo de temor pedía Dios a su Pueblo? Y en la Nueva Alianza, vemos que reina el amor; pero ese amor ¿hace desaparecer el temor o sigue siendo importante en nuestra relación con Dios?

Sobre la relación entre el temor y el amor, y la necesidad que tenemos de un sano temor en la vida espiritual, he escrito otro artículo “¿Dejar de amar a Dios porque es bueno?” Ahora nos detendremos a considerar de modo casi telegráfico, qué dice la Sagrada Escritura sobre el temor de Dios: nos sorprenderemos con la cantidad de matices, bondades y distintas dimensiones que le atribuye.

El temor de Dios en Sagrada Escritura

Como consecuencia de la revelación de la filiación divina, se da un gran paso del Antiguo al Nuevo Testamento: cambia el centro de gravedad de la motivación del fiel: de la centralidad del temor a la centralidad del amor.

Pero nos equivocaríamos si viéramos aquí un corte radical. Si entendemos el temor de que habla el Antiguo Testamento, descubriremos que el paso realizado consiste en pasar de algo bueno hacia su plenitud. El temor anterior a Cristo, es un temor nacido y empapado de amor; un temor que el Redentor llevará a su plenitud, convirtiéndolo en amor. Un amor que está lleno de respeto, respeto que no es otra cosa que temor de Dios. Es decir, que antes, el temor tenía amor; y ahora, el amor incluye el temor.

Temor en el Antiguo Testamento

Puede resultar llamativa la insistencia de la Sagrada Escritura, sobretodo en el Antiguo Testamento, en el temor, casi como fundamento de la relación con Dios. Su necesidad e importancia por todas partes. Y el algo muy positivo.

Si no estuviéramos atentos a qué se refiere, correríamos el riesgo de hacernos una idea muy equivocada del mismo. Esto es porque el temor que nos pide la Escritura es un temor muy particular, que muy poco tiene que ver con el miedo. Es un temor muy positivo y protector, llena de seguridad a quien lo tiene. Un temor que está muy relacionado con la fe en Dios Omnipotente, Bueno y Providente. Veamos rápidamente –sin pretensión de ser exhaustivos- características del temor de Dios presentes en la Escritura.

–       Dios ama a quienes le temen

Ps 103,11.17 Como se alzan los cielos por encima de la tierra, así de grande es su amor para quienes le temen;… Mas el amor de Yahveh desde siempre hasta siempre para los que le temen, y su justicia para los hijos de sus hijos,

–       Define a los que aman a Dios

Ps 22, 24 «Los que a Yahveh teméis, dadle alabanza, raza toda de Jacob, glorificadle, temedle, raza toda de Israel».

–       Dios cuida a los lo temen

Ps 34,18 Los ojos de Yahveh están sobre quienes le temen, sobre los que esperan en su amor… 8 Jet. Acampa el ángel de Yahveh en torno a los que le temen y los libra. 9 Tet. Gustad y ved qué bueno es Yahveh, dichoso el hombre que se cobija en él. 10 Yod. Temed a Yahveh vosotros, santos suyos, que a quienes le temen no les falta nada…. 12 Lámed. Venid, hijos, oídme, el temor de Yahveh voy a enseñaros.

–       Es causa de gran estima

Judit 8,8 y no había nadie que pudiera decir de ella una palabra maliciosa, porque tenía un gran temor de Dios.

Judit 16,16 Porque es muy poca cosa todo sacrificio de calmante aroma, y apenas es nada la grasa para serte ofrecida en holocausto. Mas quien teme al Señor será grande para siempre.

–       Conduce a la felicidad

Deut 6,24 Y Yahveh nos mandó que pusiéramos en práctica todos estos preceptos, temiendo a Yahveh nuestro Dios, para que fuéramos felices siempre y nos permitiera vivir como el día de hoy.

Ps 112 ¡Dichoso el hombre que teme a Yahveh, que en sus mandamientos mucho se complace!

–       No debemos tener miedo a su presencia. Cada vez que Dios aparece, personalmente o enviando un Ángel, las primeras palabras son “no temas”.

Gen 15,1 Después de estos sucesos fue dirigida la palabra de Yahveh a Abram en visión, en estos términos: «No temas, Abram. Yo soy para ti un escudo. Tu premio será muy grande».

–       Es una bendición

2 Cron 19, 7.9 ¡Que esté sobre vosotros el temor de Yahveh! Atended bien a lo que hacéis, porque en Yahveh nuestro Dios no hay  iniquidad ni acepción de personas ni soborno». (…) Les dio esta orden: «Obraréis en todo en el temor de Yahveh, con fidelidad y con corazón perfecto.

Ps 128, 1.4 Dichosos todos los que temen a Yahveh, los que van por sus caminos….  Así será bendito el hombre que teme a Yahveh.

Ps 147, 11 Se complace Yahveh en los que le temen, en los que esperan en su amor.

–       Hay una bienaventuranza para quienes temen a Dios

Prov 28, 14 Dichoso el hombre que siempre está en temor; el que endurece su corazón caerá en el mal.

Ps 2,11-12 Servid a Yahveh con temor, con temblor besad sus pies; no se irrite y perezcáis en el camino, pues su cólera se inflama de repente. ¡Venturosos los que a él se acogen!

–       Es fruto de la fe en Dios

Ex 14,31 Y viendo Israel la mano fuerte que Yahveh había desplegado contra los egipcios, temió el pueblo a Yahveh, y creyeron  en Yahveh y en Moisés, su siervo.

–       Don de Dios, hay que pedirlo

Ps 86,11 Enséñame tus caminos Yahveh, para que yo camine en tu verdad, concentra mi corazón en el temor de tu nombre.

–       Es fruto de haber visto las obras del Señor:

1 Samuel 12, 24 Sólo a Yahveh temeréis y le serviréis fielmente, con todo vuestro corazón, porque habéis visto esta cosa grandiosa que ha realizado en medio de vosotros.

–       Dios escucha a quienes lo temen

Ps 145, El cumple el deseo de los que le temen, escucha su clamor y los libera

–       Quien teme al Señor, lo tiene todo.

Tobías 4, 21 No debes preocuparte, hijo, porque seamos pobres. Muchos bienes posees si temes a Dios, huyes de todo pecado y haces lo que es bueno ante el Señor tu Dios.

Ps 31, 20 ¡Qué grande es tu bondad, Yahveh! Tú la reservas para los que te temen,

1 Samuel 12, 14 Si teméis a Yahveh y le servís, si escucháis su voz y no os rebeláis contra las órdenes de Yahveh; si vosotros y el rey que reine sobre vosotros seguís a Yahveh vuestro Dios, está bien.

–       El temor de Dios define al hombre bueno

Job 1, 1.8 Había una vez en el país de Us un hombre llamado Job: hombre cabal, recto, que temía a Dios y se apartaba del mal….  Y Yahveh dijo al Satán: «¿No te has fijado en mi siervo Job? ¡No hay nadie como él en la tierra; es un hombre cabal, recto, que teme a Dios y se aparta del mal!»

Job 2,3 Y Yahveh dijo al Satán: «¿Te has fijado en mi siervo Job? ¡No hay nadie como él en la tierra: es un hombre cabal, recto, que teme a Dios y se aparta del mal! Aún persevera en su entereza, y bien sin razón me has incitado contra él para perderle».

Job 14,2 Quien anda en rectitud, teme a Yahveh; el de torcido camino le desprecia.

Ps 118, 4 ¡Digan los que temen a Yahveh: que es eterno su amor!

–       Es lo más básico de la  relación con Dios. Incluye amor, porque une a Él..

Deut 10,12-13 Y ahora, Israel, ¿qué te pide tu Dios, sino que temas a Yahveh tu Dios, que sigas todos sus caminos, que le ames, que sirvas a Yahveh tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, que guardes los mandamientos de Yahveh y sus preceptos que yo te prescribo hoy para que seas feliz?

Deut 10,20 A Yahveh tu Dios temerás, a él servirás, vivirás unido a él y en su nombre jurarás.

Deut 13,5 A Yahveh vuestro Dios seguiréis y a él temeréis, guardaréis sus mandamientos y escucharéis su voz, a él serviréis y viviréis unidos a él.

Ps 34,18-22 Los ojos de Yahveh están sobre quienes le temen, sobre los que esperan en su amor, para librar su alma de la muerte, y sostener su vida en la penuria. Nuestra alma en Yahveh espera, él es nuestro socorro y nuestro escudo; en él se alegra nuestro corazón, y en su santo nombre confiamos. Sea tu amor, Yahveh, sobre nosotros, como está en ti nuestra esperanza.

–       Excluye todo otro temor

Gen 26,24 Yahveh se le apareció aquella noche y dijo: «Yo soy el Dios de tu padre Abraham. No temas, porque yo estoy contigo. Te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia por amor de Abraham, mi siervo».

1 Samuel 12, 24 Sólo a Yahveh temeréis y le serviréis fielmente, con todo vuestro corazón, porque habéis visto esta cosa grandiosa que ha realizado en medio de vosotros.

–       Llena al hombre de confianza

Deut 3,22 No les temáis, porque el mismo Yahveh vuestro Dios combate por vosotros.

Deut 31,6 ¡Sed fuertes y valerosos!, no temáis ni os asustéis ante ellos, porque Yahveh tu Dios marcha contigo: no te dejará ni te abandonará.

Ps 115,11.13 los que teméis a Yahveh, confiad en Yahveh, él, su auxilio y su escudo. …  bendecirá a los que temen a Yahveh, a pequeños y grandes.

–       Está lleno de bienes

Ps 19, 10 El temor de Yahveh es puro, por siempre estable; verdad, los juicios de Yahveh, justos todos ellos,

Ps 85,10 Ya está cerca su salvación para quienes le temen, y la Gloria morará en nuestra tierra.

–       El temor de Dios se aprende (por tanto, no consiste en tener miedo)

Deut 14,23 en presencia de Yahveh tu Dios, en el lugar que él haya elegido para morada de su nombre, comerás el diezmo de tu trigo, de tu mosto y de tu aceite, así como los primogénitos de tu ganado mayor y menor; a fin de que aprendas a temer siempre a Yahveh tu Dios.

Deut 17,18-19 Cuando suba al trono real, deberá escribir esta Ley para su uso, copiándola del libro de los sacerdotes levitas. La llevará consigo; la leerá todos los días de su vida para aprender a temer a Yahveh su Dios, guardando todas las palabras de esta Ley y estos preceptos, para ponerlos en práctica.

Deut 31,12-13 Congrega al pueblo, hombres, mujeres y niños, y al forastero que vive en tus ciudades, para que oigan, aprendan a temer a Yahveh vuestro Dios, y cuiden de poner en práctica todas las palabras de esta Ley. Y sus hijos, que todavía no la conocen, la oirán y aprenderán a temer a Yahveh vuestro Dios todos los días que viváis en el suelo que vais a tomar en posesión al pasar el Jordán».

2 Crónicas 26,5 (sobre Ozías) Buscó a Dios durante la vida de Zacarías, que le instruyó en el temor de Dios; y mientras buscó a Yahveh, Dios le dio prosperidad.

Prov 2, 5 entonces entenderás el temor de Yahveh y la ciencia de Dios encontrarás.

–       Es el comienzo del camino a la sabiduría (es decir, hace sabio)

Ps 111, 5.10 Ha dado alimento a quienes le temen, se acuerda por siempre de su alianza. (…) Res. Principio del saber, el temor de Yahveh; muy cuerdos todos los que lo practican.

Prov 9,10 Comienzo de la sabiduría es el temor de Yahveh, y la ciencia de los santos es inteligencia.

Job 29, 28 Y dijo al hombre: «Mira, el temor del Señor es la Sabiduría, huir del mal, la Inteligencia».

Prov 1, 7.29 El temor de Yahveh es el principio de la ciencia; los necios desprecian la sabiduría y la instrucción…. Porque tuvieron odio a la ciencia y no eligieron el temor de Yahveh.

Prov 3,7 No seas sabio a tus propios ojos, teme a Yahveh y apártate del mal.

–       Está en la raíz del cumplimiento de la voluntad de Dios

Gen 22,12 Dijo el Ángel: «No alargues tu mano contra el niño, ni le hagas nada, que ahora ya sé que tú eres temeroso de Dios, ya que no me has negado tu hijo, tu único».

Ex 1,17 Pero las parteras temían a Dios, y no hicieron lo que les había mandado el rey de Egipto, sino que dejaban con vida a los niños.

Deut 8,6 y guarda los mandamientos de Yahveh tu Dios siguiendo sus caminos y temiéndole.

–       Lleva a evitar el mal

Prov 16, 6 Con amor y lealtad se expía la falta; con el temor de Yahveh se evita el mal.

–       Aleja del pecado

Ex 20 20 Respondió Moisés al pueblo: «No temáis, pues Dios ha venido para poneros a prueba, para que su temor esté ante vuestros ojos, y no pequéis».

Lev 19 14 No maldecirás a un mudo, ni pondrás tropiezo ante un ciego, sino que temerás a tu Dios. Yo, Yahveh.

25 17 Ninguno de vosotros dañe a su prójimo, antes bien teme a tu Dios; pues yo soy Yahveh vuestro Dios.

–       Incluye la confianza en el perdón

1 Samuel 12,20 Pero Samuel dijo al pueblo: «No temáis. Cierto que habéis hecho esta maldad. Pero ahora, no os alejéis de Yahveh y servidle con todo vuestro corazón,

Ps 130,4 Mas el perdón se halla junto a ti, para que seas temido.

–       Las consecuencias del pecado se atribuyen a castigo de Dios

Deut 28,58-59 Si no cuidas de poner en práctica todas las palabras de esta Ley escritas en este libro, temiendo a ese nombre  glorioso y temible, a Yahveh tu Dios, Yahveh hará terribles tus plagas y las de tu descendencia: plagas grandes y duraderas, enfermedades perniciosas  y tenaces.

–       Siempre va unido al servicio a Dios

Deut 24,14 «Ahora, pues, temed a Yahveh y servidle perfectamente, con fidelidad; apartaos de los dioses a los que sirvieron vuestros padres más allá del Río y en Egipto y servid a Yahveh.

–       La falta de temor de Dios es la causa profunda de las malas acciones

Deut 19,20 Los demás, al saberlo, temerán y no volverán a cometer una maldad semejante en medio de ti.

–       Debe estar unido a todo

2 Crónicas 19, 7.9 ¡Que esté sobre vosotros el temor de Yahveh! Atended bien a lo que hacéis, porque en Yahveh nuestro Dios no hay  iniquidad ni acepción de personas ni soborno. (…) Les dio esta orden: Obraréis en todo en el temor de Yahveh, con fidelidad y con corazón perfecto.

Primera conclusión: en el Antiguo Testamento se promueve un temor de Dios lleno de confianza en Él, alejado de todo miedo servil, lleno de bondades.

El Nuevo Testamento y el temor de Dios

En los Sinópticos, aparece con mucha frecuencia, sobre todo referido al asombro que causaban los prodigios que Jesús obraba. Es la reacción ante lo sagrado, lo sublime, el poder infinito de Dios.

–       Es la actitud natural ante lo sobrenatural

Lc 1, 11 Se le apareció un ángel del Señor, de pie a la derecha del altar del incienso. 12 Y Zacarías se inquietó al verlo y le invadió el temor. 13 Pero el ángel le dijo:  —No temas, Zacarías, porque tu oración ha sido escuchada, así que tu mujer Isabel te dará a luz un hijo y le pondrás por nombre Juan. 14 Será para ti gozo y alegría; y muchos se alegrarán con su nacimiento, 15 porque será grande ante el Señor.

Lc 2, 8 Había unos pastores por aquellos contornos, que dormían al raso y vigilaban por turno su rebaño durante la noche. 9 De improviso un ángel del Señor se les presentó, y la gloria del Señor los rodeó de luz. Y se llenaron de un gran temor. 10 El ángel les dijo: —No temáis. Mirad que vengo a anunciaros una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: 11 hoy os ha nacido, en la ciudad de David, el Salvador, que es el Cristo, el Señor;

–       Es un temor lleno de respeto

Mt 17, 5 Todavía estaba hablando, cuando una nube de luz los cubrió y una voz desde la nube dijo:  —Éste es mi Hijo, el Amado, en quien me he complacido: escuchadle. 6 Los discípulos al oírlo cayeron de bruces llenos de temor. 7 Entonces se acercó Jesús y los tocó y les dijo: —Levantaos y no tengáis miedo.

Hebreos 12, 28 Por eso, nosotros, que estamos recibiendo un reino inconmovible, mantengamos la gracia, y a través de ella ofrezcamos a Dios un culto que le sea grato, con reverencia y temor, 29 porque nuestro Dios es fuego devorador.

–       Es la actitud ante los milagros

Lc 5, 25 Y al instante se levantó en presencia de ellos, tomó la camilla en que yacía y se fue a su casa glorificando a Dios. 26 El asombro se apoderó de todos y glorificaban a Dios. Y llenos de temor decían:—Hoy hemos visto cosas maravillosas.

Lc 7, 15 Y el que estaba muerto se incorporó y comenzó a hablar. Y se lo entregó a su madre. 16Y se llenaron todos de temor y glorificaban a Dios diciendo: «Un gran profeta ha surgido entre nosotros», y «Dios ha visitado a su pueblo».

Lc 8, 24 Puesto en pie, increpó al viento y a las olas, que cesaron; y sobrevino la calma. 25 Entonces les dijo:—¿Dónde está vuestra fe?  Ellos, llenos de temor, se asombraron y se decían unos a otros: —¿Quién es éste que manda a los vientos y al agua, y le obedecen?

–       Temor que se parece mucho a la sorpresa, al asombro, ante lo sublime

Lc 1, 64 En aquel momento recobró el habla, se soltó su lengua y hablaba bendiciendo a Dios. 65 Y se apoderó de todos sus vecinos el temor y se comentaban estos acontecimientos por toda la montaña de Judea; 66 y cuantos los oían los grababan en su corazón, diciendo:—¿Qué va a ser, entonces, este niño?  Porque la mano del Señor estaba con él.

Mt 9,6 Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar los pecados –se dirigió entonces al paralítico–, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa. 7 Él se levantó y se fue a su casa. 8 Al ver esto, la gente se atemorizó y glorificó a Dios por haber dado tal potestad a los hombres.

Mc 9, 6 Pues no sabía lo que decía, porque estaban llenos de temor. 7 Entonces se formó una nube que los cubrió y se oyó una voz desde la nube:—Éste es mi Hijo, el amado: escuchadle.

Mt 27, 54 El centurión y los que estaban con él custodiando a Jesús, al ver el terremoto y lo que pasaba, se llenaron de gran temor y dijeron:  —En verdad éste era Hijo de Dios.

–       Un temor lleno de alegría

Mt 28, 8 Ellas partieron al instante del sepulcro con temor y una gran alegría, y corrieron a dar la noticia a los discípulos. 9 De pronto Jesús les salió al encuentro y las saludó. Ellas se acercaron, abrazaron sus pies y le adoraron. 10 Entonces Jesús les dijo: —No tengáis miedo; id a anunciar a mis hermanos que vayan a Galilea: allí me verán.

Mc 4, 40 Entonces les dijo: —¿Por qué os asustáis? ¿Todavía no tenéis fe?  41 Y se llenaron de gran temor y se decían unos a otros: —¿Quién es éste, que hasta el viento y el mar le obedecen?

Mc 16, 8 Y ellas salieron y huyeron del sepulcro, pues estaban sobrecogidas de temblor y fuera de sí. Y no dijeron nada a nadie, porque estaban atemorizadas.
Lc 8, 37 Y toda la gente de la región de los gerasenos le pidió que se alejara de ellos, porque estaban sobrecogidos de temor. Él subió a la barca y se volvió.

Lc 9, 34 Mientras así hablaba, se formó una nube y los cubrió con su sombra. Al entrar ellos en la nube, se atemorizaron. 35 Y se oyó una voz desde la nube que decía:  —Éste es mi Hijo, el elegido: escuchadle. 36 Cuando sonó la voz, se quedó Jesús solo. Ellos guardaron silencio, y a nadie dijeron por entonces nada de lo que habían visto.

Lc 24, 3 Pero al entrar, no encontraron el cuerpo del Señor Jesús. 4 Estaban desconcertadas por este motivo, cuando se les presentaron dos varones con vestidura refulgente. 5 Como estaban llenas de temor y con los rostros inclinados hacia tierra, ellos les dijeron: —¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo? 6 No está aquí, sino que ha resucitado; recordad cómo os habló cuando aún estaba en Galilea 7 diciendo que convenía que el Hijo del Hombre fuera entregado en manos de hombres pecadores, y fuera crucificado y resucitase al tercer día.

–       En el Evangelio de Juan

La única vez que se habla de miedo, es para referirse al miedo que los Apóstoles tenían a los judíos después de la crucifixión de Jesús. Es un miedo que es radicalmente distinto al temor de Dios del que nos hablan las Escrituras.

Jn 19, 38 Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, aunque a escondidas por temor a los judíos, le rogó a Pilato que le dejara retirar el cuerpo de Jesús.

–       Cómo lo vivían los primeros cristianos

Hechos 2, 42 Perseveraban asiduamente en la doctrina de los apóstoles y en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones. 43 El temor sobrecogía a todos, y por medio de los apóstoles se realizaban muchos prodigios y señales.

Hechos 5, 5 Al oír Ananías estas palabras cayó en tierra y expiró. Un gran temor sobrecogió a todos los que lo oyeron. 6 Se levantaron algunos jóvenes, lo amortajaron y lo llevaron a enterrar. 10 Al instante cayó a sus pies y expiró. Al entrar los jóvenes la encontraron muerta y la llevaron a enterrar junto a su marido. 11 Un gran temor llenó a toda la Iglesia y a todos los que oyeron estas cosas.

Hechos 9, 31 La Iglesia gozaba de paz por toda Judea, Galilea y Samaría. Se consolidaba y caminaba en el temor del Señor y crecía con el consuelo del Espíritu Santo.

Hechos 10, 1 Un hombre de Cesarea llamado Cornelio, centurión de la cohorte denominada Itálica, 2 piadoso y temeroso de Dios con toda su casa, que daba muchas limosnas al pueblo y oraba a Dios sin cesar, 3 vio claramente en una visión, hacia la hora nona del día, al ángel de Dios que llegaba hasta él y le decía —¡Cornelio! 4 Él le miró fijamente y, sobrecogido de temor, dijo:—¿Qué ocurre, señor?   le respondió: —Tus oraciones y limosnas han subido como memorial ante la presencia del Señor.

Hechos 19, 17 Todos los judíos y griegos que vivían en Éfeso se enteraron de esto; el temor se apoderó de todos y fue ensalzado el nombre del Señor Jesús. 18 Muchos de los que habían creído venían para confesar y manifestar sus prácticas supersticiosas. 19 Bastantes de los que cultivaban la magia trajeron sus libros y los quemaron delante de todos. Calcularon su valor y resultó ser de cincuenta mil monedas de plata. 20 Y así la palabra del Señor se propagaba con fuerza y se robustecía.

–       La falta de temor de Dios, resume la actitud de los impíos…

Rom 2, 18 No hay temor de Dios ante sus ojos.

–       Un sano temor de  Dios, aleja del mal

Hebreos 11, 7 Por la fe, Noé, prevenido por Dios acerca de lo que aún no se veía, construyó con religioso temor un arca para la salvación de su familia, y por esta fe condenó al mundo y llegó a ser heredero de la justicia según la fe.

1 Timoteo 5, 20 A los que pecan repréndelos delante de todos, para que también los demás alcancen el temor.

Ef 5, 21 Estad sujetos unos a otros en el temor de Cristo.

2 Cor 7, 1 Por tanto, queridísimos, teniendo estas promesas, purifiquémonos de toda mancha de carne y de espíritu, llevando a término la santificación en el temor de Dios.

Fil 2, 12 Por tanto, queridísimos míos, así como siempre habéis obedecido, no sólo en mi presencia, sino también mucho más ahora en mi ausencia, trabajad por vuestra salvación con temor y temblor; 13 porque Dios es quien obra en vosotros el querer y el actuar conforme a su beneplácito.

Col 3, 22 Siervos: obedeced en todo a vuestros amos de la tierra, no sólo para que os vean, como quien busca complacer a los hombres, sino con sinceridad de corazón y con temor del Señor. 23 Todo cuanto hagáis hacedlo de corazón, como hecho para el Señor y no para los hombres, 24 sabiendo que recibiréis del Señor el premio de la herencia. Servid a Cristo, el Señor.

1 Pe 1, 17 Y si llamáis Padre al que sin hacer acepción de personas juzga a cada uno según sus obras, comportaos con temor durante el tiempo de vuestra peregrinación

–       Pero, lo decisivo es la rectitud de intención

2 Cor 10,9 Y que nadie piense que pretendo atemorizaros con mis cartas.

Rom 13, 3 Haz el bien, y recibirás su alabanza, 4 porque está al servicio de Dios para tu bien. Pero si obras el mal, teme, pues no en vano lleva la espada; porque está al servicio de Dios para hacer justicia y castigar al que obra el mal. 5 Por tanto, es necesario estar sujeto no sólo por temor al castigo, sino también por motivos de conciencia.

Ef 6, 5 Siervos: obedeced a los amos de la tierra, con temor y respeto, como si fuera a Cristo, con sencillez de corazón, 6 no para que os vean, como quien busca complacer a los hombres, sino como siervos de Cristo que hacen de corazón la voluntad de Dios, 7 sirviendo de buena gana, como quien sirve al Señor y no a los hombres, 8 conscientes de que cada uno, sea siervo o sea libre, será recompensado por el Señor según el bien que haya hecho.

–       De temor al amor, pero sin perder el temor

1 Jn 4, 17 En esto alcanza el amor su perfección en nosotros: en que tengamos confianza en el día del Juicio, porque tal como es él, así somos nosotros en este mundo. 18 En el amor no hay temor, sino que el amor perfecto echa fuera el temor, porque el temor supone castigo, y el que teme no es perfecto en el amor.

Rom 8, 14 Porque los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. 15 Porque no recibisteis un espíritu de esclavitud para estar de nuevo bajo el temor, sino que recibisteis un Espíritu de hijos de adopción, en el que clamamos: «¡Abbá, Padre!»

CONCLUSION

Pienso que es hora de dejemos de hacerle mala prensa al temor de Dios. Lo divino es simple, pero sublime, la simplificación hace mucho daño porque lo llena de ordinariez.

Tenerle miedo a Dios es malo. Pero no tener temor de Dios (es decir, no temer hacer aquello que le desagrada) también es malo. El amor está protegido por el temor a lo que se le opone. Sería absurdo dedicarnos a balancearnos de un extremo a otro de este péndulo, cuando lo que Dios nos pide es otra cosa: un amor lleno de respeto, una confianza llena de admiración, una adoración llena de humildad, una cercanía llena de sentido de lo sagrado.

 P. Eduardo María Volpacchio
Buenos Aires, 6.1.13

¿Ciencia o Fe? Ciencia y Fe

Tema abierto para el Año de la fe
Por Manuel Casado Velarde

El Año de la Fe proclamado por Benedicto XVI constituye una buena ocasión para reflexionar brevemente sobre un asunto que hoy se percibe como muy problemático: las relaciones entre la Ciencia y la Fe. Es sabido que en la mentalidad colectiva predomina, desde hace algún tiempo, una visión antagónica de ambas realidades, antagonismo que se expresa a veces en la alternativa de «O Fe o Ciencia». Me propongo mostrar en las líneas que siguen que se trata de una falsa alternativa; que Fe y Ciencia no solo no son incompatibles, sino que reclaman una relación de armonía y de colaboración.

Es sabido que la Ciencia experimental moderna nació y se ha desarrollado en la Europa cristina occidental; es decir, la Ciencia moderna posee una indiscutible matriz cultural cristiana. Muchos de los protagonistas de su inicio y desarrollo han sido hombres de fe como Copérnico, Galileo, Newton, Volta, Ampère, Cauchy, Faraday, Kelvin, Maxwell, Plank, Millikan, Marconi o Lemaître, entre otros muchos. Este hecho nos lleva, al menos, a pensar que la ciencia no tiene por qué ser un obstáculo para la profesión de la fe. Es cierto que también hay científicos agnósticos y ateos. Darwin, por ejemplo, parece que fue evolucionando a lo largo de su vida, pasando de ser una persona de fe en los años de su juventud, a vivir en un agnosticismo, de contornos poco definidos, en los años de su madurez (S. Collado).

Pero, además de que la Ciencia no es obstáculo para profesar la Fe, muchos científicos han encontrado en la Fe un estímulo para el ejercicio de su ciencia. A este respecto son muy significativas las palabras del físico italiano Carlo Rubbia (Nobel de física en el año 1984) en una entrevista publicada en el Neue Zürcher Zeitung en 1992:

«Cuando enumeramos galaxias o probamos la existencia de partículas elementales, probablemente no estamos demostrando la existencia de Dios. Pero como científico y estudioso me impresionan profundamente el orden y la belleza que encuentro en el cosmos y dentro de los fenómenos materiales. Y como observador de la naturaleza no puedo rechazar la noción de que aquí hay un orden superior de cosas. Encuentro absolutamente inaceptable la idea de que todo sea el resultado de la coincidencia o una mera diversidad estadística. Aquí existe una inteligencia superior, por encima y más allá de la existencia misma del Universo».

Por otra parte, famosos ex-ateos como Antony Flew (1923-2010, autor del libro Hay un Dios: Cómo el ateo más influyente del mundo cambió de opinión), o agnósticos en su momento como Francis Collins (conocido por haber dirigido el Proyecto Genoma Humano) reconocen el papel que la Ciencia ha tenido en sus respectivas conversiones. El primero de ellos, Antony Flew, que fue marxista, determinista y ateo militante, escribió que «el mayor descubrimiento de la Ciencia moderna es Dios».

Por su parte, el investigador responsable de la secuenciación del genoma humano, el citado Collins, declaró ya hace algunos años: «Me sorprendió la elegancia del código genético humano. Me di cuenta de que había optado por una ceguera voluntaria y era víctima de la arrogancia por haber evitado tomar en serio el hecho de que Dios podría ser una posibilidad real». Después de esto, Collins ha llamado al ADN humano «el lenguaje de Dios».

Se han realizado algunos estudios, sobre todo de carácter estadístico, y mediante encuestas, sobre el papel que la religión desempeña en la vida de prestigiosos científicos actuales. En uno de ellos, centrado en biólogos que trabajan en universidades de élite de los Estados Unidos, se concluía que sólo un 10% de los encuestados (149 biólogos expertos en evolución) veían conflicto entre la ciencia que practicaban y las creencias religiosas. La mayoría de ellos no veían ningún conflicto entre ciencia y religión.

Otro estudio más reciente y extenso sobre la «religiosidad» de los científicos lo han realizado Elaine Howard Ecklund y Elizabeth Long. En este caso, el número de encuestados fueron 275 científicos de 21 universidades top en Estados Unidos. Las autoras muestran su sorpresa ante el hecho, inesperado para ellas, de que la mayoría de los científicos encuestados se consideraban a sí mismos como personas «espirituales». En definitiva, la Ciencia invita a hacerse planteamientos de tipo religioso, aunque a esto se le llame simplemente planteamientos de tipo espiritual. A lo que no parece que invite es al ateísmo (S. Collado).

Y es que el postulado fundamental de la Ciencia es la racionalidad de la Naturaleza, la inteligibilidad del Universo; de otra forma, no habría motivos para investigar. El físico británico Paul Davies llega a afirmar que la actitud científica es esencialmente teológica. Incluso el científico más ateo acepta como un acto de fe la existencia de un orden o ley en la naturaleza que nos resulta, al menos en parte, comprensible. Más claramente lo expresó C. S. Lewis refiriéndose a los cristianos pioneros de la Ciencia: «Se convirtieron en científicos porque estaban buscando leyes en la naturaleza, y buscaban esas leyes porque creían en un legislador que se las había dado».

Para entender hoy las razones del ateísmo “científico” de personas como Richard Dawkins o Stephen Hawking, conviene tener presente la imagen de Dios que atacan con su argumentación, que no es otra que la del llamado «Dios de los agujeros». Este ateísmo considera que, a lo largo de la historia, los creyentes recurren a Dios cuando se hallan ante algo que no pueden explicar o controlar: una epidemia o una enfermedad incurable, el tiempo meteorológico, etc. Los avances científicos, al mostrar que las verdaderas causas de esos fenómenos son exclusivamente naturales y que se pueden controlar o prever, irían haciendo innecesario invocar a un ser sobrenatural.

La expresión «Dios de los agujeros» pone, así, de relieve que Dios resultaría únicamente un recurso para rellenar aquellos huecos del conocimiento científico que aún existen. Este ateísmo cree (= tiene fe en) que la Ciencia es, en última instancia, capaz de descubrir las causas naturales que explican todos los fenómenos; es decir, que la Ciencia acabará con los agujeros epistemológicos y terminará enterrando a Dios.

Tampoco yo creo en ese Dios en que no creen Dawkins o Hawking; es decir, en el «Dios de los agujeros». «Cuanto más comprendo la Ciencia, más creo en Dios por la maravilla de la amplitud, sofisticación e integridad de su creación», afirma el matemático John Lennox, profesor de Oxford. «Lejos de estar en desacuerdo con la Ciencia, la fe cristiana tiene un sentido científico perfecto». Para este matemático, también conocido por sus debates públicos con Richard Dawkins, el estudio del orden racional del universo confirma la fe cristiana: «Aun así, mis mayores razones para creer en Dios son, en la parte objetiva, la resurrección de Jesús, y en el lado subjetivo, mi experiencia personal de Él y de todo lo que ha nacido de mi confianza en Él».

Al entrar en los detalles de las maravillas que descubren en el hombre los avances científicos, Lennox utiliza la analogía con unas letras dibujadas en la arena de la playa: «La respuesta inmediata es reconocer la acción de un agente inteligente. ¿Cuánto más probable es, por tanto, que haya un creador inteligente detrás del ADN humano, una colosal base de datos biológica que contiene no menos de tres mil millones de ´letras´?», argumenta el matemático.

Puestos a concluir esta breve reflexión acerca de las relaciones entre Ciencia y Fe, me gustaría hacerlo invocando la conocida afirmación del científico más universal, Einstein: la Ciencia sin la Religión está coja, y la Religión sin la Ciencia está ciega.

Enlaces sugeridos:
Grupo de Investigación Ciencia, Razón y Fe: www.unav.es/cryf/

Ciencias para el Mundo Contemporáneo:www.unav.es/acienciacierta/cmc/

[Tomado de Zenit.org]

Los números de 2012

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2012 de este blog.

Aquí hay un extracto:

4,329 films were submitted to the 2012 Cannes Film Festival. This blog had 49.000 views in 2012. If each view were a film, this blog would power 11 Film Festivals

Haz click para ver el reporte completo.

¡¡¡MUY FELIZ NAVIDAD!!!

navidad 2

Lucas 2,6 Y cuando ellos se encontraban allí, le llegó la hora del parto, 7 y dio a luz a su hijo primogénito; lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en la posada. 

8 Había unos pastores por aquellos contornos, que dormían al raso y vigilaban por turno su rebaño durante la noche. 9 De improviso un ángel del Señor se les presentó, y la gloria del Señor los rodeó de luz. Y se llenaron de un gran temor. 10 El ángel les dijo:

—No temáis. Mirad que vengo a anunciaros una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: 11 hoy os ha nacido, en la ciudad de David, el Salvador, que es el Cristo, el Señor; 12 y esto os servirá de señal: encontraréis a un niño envuelto en pañales y reclinado en un pesebre.

 

Lucas nos da un dato que nos interesa mucho: “no había lugar para ellos”.
Que en este año de la fe, ese Niño -que es el mismo Dios- encuentre más y mejor lugar en nuestras inteligencias y corazones, en nuestro tiempo, intención e intereses.
Dándole no sólo un poco de lugar, sino toda nuestra vida.
Porque si Dios está más presente en nosotros, entonces realmente todo cambia.
Que la alegría de María y José nos llegue al fondo del alma y de allí se difunda en toda nuestra vida y la de quienes nos rodean.

¡¡¡Muy feliz y santa Navidad!!!
Muy unidos al Santo Padre y toda la Iglesia, rezando unos por otros.

P. Eduardo Volpacchio

El engaño de la intolerancia laicista

        Alfonso Aguiló
www.interrogantes.net

        El engaño de la intolerancia laicista es casi siempre el mismo. Se parte de la idea de que las leyes no deben reflejar principios derivados de ninguna religión, con objeto de lograr así que sean válidas para todos los ciudadanos de cualquier fe o de ninguna.

Con ese artificio dialéctico, presentan su posición -que denominan la posición laica-, no como uno de los términos en discusión, sino como la solución impuesta previamente y que debe ser punto de coincidencia inicial para todos, ganando así de antemano el debate.

Como es obvio, este tipo de victorias ideológicas a priori son poco conciliables con el pluralismo y con las normas más elementales del buen uso de la inteligencia.

El hecho de que una opinión se denomine a sí misma “laica” y no coincida con ninguna religión no significa que esté instalada en el vacío filosófico, ni que sea neutra, ni que sea válida para todos.

Es caer en un curioso dogmatismo, una especie de confesionalismo ideológico impuesto en nombre del mismo abuso del que se acusa a los demás.

Por otra parte, tratar de imponer que solo es admisible una religiosidad dispuesta a transigir en todo lo que la máquina del Estado diga o haga, es una ingeniosa manera de amordazar las inteligencias de los ciudadanos.

Marcar con la sospecha de intolerancia a todo aquel que mantiene convicciones religiosas profundas es muy poco tolerante.

El médico frente al aborto

Un libro sobre el aborto que interesa a todos.

ESTE POST ESTÁ TOMADO DE  http://www.vientredecristal.com/

Aquí encontrarán el libro digital El médico frente al aborto, prologado por el doctor Carlos Benjamín Álvarez (Decano de la Facultad de Ciencias Médicas de la Pontificia Universidad Católica Argentina) y por el doctor Daniel Herrera (Decano interino de la Facultad de Derecho de la Pontificia Universidad Católica Argentina).

La obra, coordinada por el doctor Siro M.A De Martini (quien también participa en uno de los capítulos), cuenta además con las palabras de los doctores Leonardo Mc Lean, Agustín Silberberg, Jorge Nicolás Lafferriere y Miguel Ángel Schiavone.

A modo de avance, citamos algunos extractos. Sobre el final de los mismos usted puede descargar el contenido total del libro de modo gratuito y, si lo desea, ayudar a difundirlo.

Desde Vientre de Cristal felicitamos a quienes han trabajado por ofrecer verdad  sobre el flagelo más desolador: la eliminación de seres humanos.

Extractos

 “…Se va dividiendo y consolidando una nueva situación cultural que confiere a los atentados contra la vida un aspecto inédito, ya que amplios sectores de la opinión pública justifican algunos atentados contra la vida en nombre de los derechos de la libertad individual. Más aún, sobre este planteo pretenden no sólo la impunidad, sino incluso la autorización por parte del Estado con el fin de practicarlo, con absoluta libertad, y con la intervención de las estructuras sanitarias”.

Dr. Carlos Benjamín Álvarez, Decano de la Facultad de Ciencias Médicas de la Pontificia Universidad Católica Argentina.

“Pocas veces –si es que alguna- los responsables de los servicios de salud, y los médicos y los demás profesionales de la salud, se han visto tan presionados, limitados y, podría decirse, amenazados, como en la cuestión de los llamados abortos “no punibles”. Lo que hace aún más particular o insólito el caso, es que estas presiones no provienen de agrupaciones políticas o grupos pro aborto, sino de la mismísima Corte Suprema de Justicia de la Nación, institución que se ha arrogado (con razón) el título de “garante supremo de los derechos humanos”.

Dr. Daniel Herrera, Decano (int.) de la Facultad de Derecho de la Pontificia Universidad Católica Argentina.

“¿Debe el médico atender sólo a la salud de la mujer o debe preocuparse, también, por la salud del hijo? ¿Se trata de dos personas iguales, con los mismos derechos humanos? Si uno se guiara por los argumentos de la Corte, y por los de los abortistas en general, la respuesta tendría que ser negativa: no, no se trata de dos personas iguales y, por tanto, no tienen los mismos derechos humanos. Más aún, el derecho humano que es la base de todos los demás, esto es, el derecho a la vida del hijo, depende de la voluntad de la madre. ¿Pero es esto así? ¿No hay acaso en esta posición una reminiscencia o, quizás con mayor precisión, una actualización de la milenaria división entre poderosos y débiles, amos y esclavos, raza pura y razas inferiores? Ahora la división parece ser entre nacidos y no nacidos”.

Siro M. A. De Martini, Profesor de Filosofía del Derecho y de Ética social y profesional de la UCA. Profesor de Bioderecho del posgrado en Bioética de la Universidad CAECE-Schoensttat, Director del suplemento de Política Criminal de El Derecho, miembro del Comité de Ética de los Institutos de la Academia Nacional de Medicina. Miembro de la Comisión de Bioética .P. José Kentenich. de Schoensttat.

“Los que niegan que el embrión extraordinariamente joven es un ser humano, se han esforzado en utilizar un neologismo inútil: el término de “pre-embrión”. Inútil científicamente porque antes del embrión solo hay un óvulo y un espermatozoide, y hasta que alguno de éstos no fecunda al primero, no existe un ser nuevo. Por lo tanto, no se puede hablar de pre-embrión porque, por definición, el embrión es la forma más joven de un ser” (…) “No es que en la concepción esta forma esté potencialmente presente, o que el cigoto esté en potencia de ser humano. Por el contrario, la forma está actualmente presente en el material genético y el cigoto es un ser vivo independiente que pertenece verdaderamente a la especie humana…”

Leonardo Mc Lean, Médico, Doctor en medicina e integrante del Servicio de Cirugía del Hospital Universitario de la Universidad Austral, Académico Titular de la Academia Nacional de Medicina y Agustín Silberberg, Médico, Doctor en bioética y Profesor de Bioética en la Facultad de Ciencias Biomédicas de la Universidad Austral.

  “…en el específico caso del aborto, hay fundamentos desde la misma deontología médica para la objeción de conciencia, pues no configura un acto médico. Como bien dicen Ángela Aparisi Miralles y José López Guzmán, “el fin de las profesiones sanitarias, históricamente amparado por el Derecho y tradicionalmente reconocido por la deontología profesional, ha sido siempre la defensa de la vida y la promoción de la salud –por otro lado, derechos básicos de la persona-. Por ello, imponer una obligación general a la participación en abortos a un sanitario puede calificarse, en principio, como un atentado al sentido último de su profesión e, incluso, a su dignidad personal y al libre desarrollo de su personalidad, al tratarse de profesionales que, por su peculiar vocación, están comprometidos humana y profesionalmente con la defensa de la vida humana. En este sentido, merece recordarse que ya el juramente hipocrático (siglo V a.C.) recogía el compromiso del médico con el bien del enfermo, defendiendo el carácter sagrado de la vida humana desde su concepción”.

Jorge Nicolás Lafferriere, Doctor en Ciencias Jurídicas por la Pontificia Universidad Católica Argentina. Director de Investigación Jurídica Aplicada de la Facultad de Derecho de la Pontificia Universidad Católica Argentina. Profesor Pro titular de Derecho Civil de la Pontificia Universidad Católica Argentina y Jefe de Trabajos Prácticos de Elementos de Derecho Civil de la Universidad de Buenos Aires. Director del Centro de Bioética, Persona y Familia. Profesor de Bioderecho. Maestría en Ética Biomédica (Instituto de Bioética, UCA). Ex-Secretario Académico de la Pontificia Universidad Católica Argentina. Miembro del Seminario Permanente sobre Investigación del Derecho de la Persona Humana, Familia y Sucesiones (Instituto de Investigaciones Jurídicas y Sociales “Ambrosio L. Gioja”, Facultad de Derecho -UBA-).

“Una publicación de la OMS habla de que la mortalidad materna es una tragedia global, 585.000 mujeres en edad fértil, en plena etapa productiva y creativa de sus vidas, fallecen por año. Pero leyendo con un poco más de detalle, la publicación dice que el 99% de ellas viven en el mundo en desarrollo, y menos del 1% en los países desarrollados. En el mundo en desarrollo, dice la publicación, en realidad en el mundo pobre, diríamos nosotros, algunos dicen en el mundo en transición, no sé si en transición hacia adelante o hacia atrás. ¿Qué tienen en común estas mujeres que mueren en esas regiones?, y lo que tienen en común es concretamente pobreza. La pobreza es el mayor factor de riesgo de mortalidad materna, el aborto es solo un factor de confusión. El problema es la pobreza, en cualquiera de sus expresiones: la pobreza económica social, la pobreza educacional, la pobreza sanitaria y la pobreza espiritual”.

Miguel Ángel Schiavone, médico UBA, especialista en Salud Pública UBA, doctor en Salud Pública Universidad del Salvador. Ex Subdirector Médico Hospital Fernández, Ex Subsecretario de Salud GCBA, actual Director Escuela de Salud Pública UCA.

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EL MEDICO FRENTE AL ABORTO

¿Por qué celebramos el domingo y no el sábado?

Para bajar el artículo en Word: ¿Por qué el domingo?

¿Por qué el cristianismo cambió el sábado por el domingo? Si la Biblia dice que el sábado es el día de Yahvé ¿por qué celebrar el domingo?

La realidad es que la Iglesia no cambió el sábado por el domingo, sino que el domingo es la plenitud del sábado, realiza plenamente lo que el sábado anunciaba. De manera que podríamos decir que el domingo más que remplazar, incluye y lleva a su plenitud el sábado.

En la Antigua Alianza –la que hizo con Moisés- Dios estableció algunas figuras que anunciaban realidades de la Alianza definitiva que Dios establecería con la humanidad cuando llegara la plenitud de los tiempos. Así por ejemplo, la circuncisión que introducía en el pueblo de Israel, era signo del Bautismo que haciéndonos hijos de Dios nos introduce en la Iglesia, nuevo Pueblo de Dios; el Cordero Pascual, que liberó a los judíos de la esclavitud de Egipto, era signo y anuncio de otro Cordero –el Cordero de Dios, Jesucristo-, que realizaría la liberación definitiva del demonio, el pecado y la muerte.

En el Nuevo Testamento –la Alianza nueva y eterna- no es que la Misa haya sustituido a la cena pascual judía, conmemorativa de la salida de Egipto, sino que realiza plenamente lo que aquella cena anunciaba de modo velado. Lo mismo sucede con el Bautismo y la circuncisión, y con el domingo y el sábado.

¿Qué sentido tenía en el Antiguo Testamento la celebración del Sábado?

1)      Hacía memoria de la Creación: como el séptimo día del relato del Génesis, Dios descansó; el sábado celebraba esa creación y a su Creador, dedicando a Dios ese día: el séptimo.

2)      Memoria de la liberación de Israel: también memoraba la liberación de Egipto: no trabajando ese día, los judíos celebraban a Dios que los había liberado y les había conducido a la tierra prometida.

3)      La celebración del sábado era signo de la Alianza de Dios con el Pueblo Elegido: respetando cada sábado reafirmaban la Alianza, la agradecían, la vivían.

Estos sentidos, encuentran su plenitud en el domingo:

1)      La resurrección de Cristo es un nueva Creación: en su cuerpo y alma gloriosos, ya está el hombre  nuevo de la Jerusalén celestial. El domingo celebramos esta nueva creación de la que ya participamos por la gracia, y que alcanzará su plenitud al final de los tiempos.

2)      La resurrección de Cristo, vence la muerte, el pecado y al demonio, llevando a plenitud la entrega que hizo de sí mismo al Padre en la cruz.

3)      Renovamos nuestra Alianza con Dios participando de la Eucaristía, memorial de su muerte y resurrección.

¿Cuándo comenzaron los cristianos a celebrar el domingo?

Desde el principio. De ello da testimonio la Sagrada Escritura.

1)      Los Hechos de los Apóstoles testimonian que San Pablo se reunía con los cristianos el domingo: Hechos 20,7: “El primer día de la semana, cuando estábamos reunidos para la fracción del pan, Pablo, que debía partir al día siguiente, hablaba a los discípulos, y su discurso se prolongó hasta la medianoche”.

2)      San Pablo rechaza las críticas de los judíos en cuanto a que los cristianos no siguen la ley mosaica: Col 2,16-17: “Así pues, que nadie os critique por la comida o bebida o por cuestión de fiestas, novilunios o sábados, que son una sombra de lo que tenía que venir, a saber, la realidad del cuerpo de Cristo.”

3)      Precisamente en la organización de la colecta, el día clave es el domingo, día en que se reunían: 1 Cor 16,1-2: “En cuanto a la colecta en favor de los santos, haced también vosotros como mandé a las iglesias de Galacia. El primer día de la semana, que cada uno de vosotros ponga aparte lo que le parezca bien y lo guarde, para que no se tengan que hacer las colectas cuando llegue yo.”

4)      El día que Dios encarga a Juan que escriba a las Iglesias, es precisamente el domingo: Ap 1,10: “Caí en éxtasis un domingo y oí detrás de mí una gran voz, como una trompeta, 11 que decía: Escribe en un libro lo que ves y envíaselo a las siete iglesias: a Éfeso, a Esmirna, a Pérgamo, a Tiatira, a Sardes, a Filadelfia y a Laodicea.

 

Catholic Answers recoge el testimonio de muchos autores de los primeros siglos sobre el tema: Sabbath or Sunday. Comenzando por la Didaché (año 70): “En el día del Señor reuníos y romped el pan y haced la Eucaristía, después de haber confesado vuestros pecados, a fin de que vuestro sacrificio sea puro” (14,1).

También se puede leer la explicación del Catecismo de la Iglesia Católica: El día sábado, El día del Señor.

 

 

Acerca de un artículo sobre el celibato

Con motivo de la reciente renuncia del Obispo de Merlo-Moreno, muchos han visto la oportunidad de poner en discusión el celibato sacerdotal. Es curioso que esas mismas personas ante casos de infidelidad matrimonial -ciertamente mucho más frecuentes que las infidelidades sacerdotales- no pongan en duda la grandeza del matrimonio… Resulta claro que la infidelidad en ambos casos es un fracaso personal, que no quita grandeza ni al matrimonio ni al celibato.

La revista Para Ti, ha publicado un artículo muy interesante sobre el celibato sacerdotal, con diez opiniones sobre el tema -la mía entre ellas-, cinco a favor del celibato y cinco en contra. Los invito a leerlas columnas.

Nota sobre el celibato en Para Ti

Al mismo tiempo, me animo comentar las cinco contrarias al celibato, que me resultan -por via negativa- un apoyo al celibato que atacan. Me explico:

Al acabar de leer me impresionó el contraste, que me pareció grotesco: por un lado, cinco personas escriben llenas de alegría sobre la grandeza del celibato; mientras que por el otro lado, cuatro personas llenas de amargura, llenan de ofensas a la Iglesia y a quienes felices lo viven. Y me llamó la atención la carga de agresividad -y por tanto, la carencia de argumentación racional- de algunos de ellos.

Quienes se oponen al celibato, aportan bastantes datos erróneos -es decir, falsos-, que incluso se contradicen entre ellos. Es el caso del origen del celibato sacerdotal, que cada uno de ellos sitúa en siglos distintos: IV, XI, XII, XVI, según el autor… Resulta curioso, ya que el origen del celibato está en Cristo y en las cartas de San Pablo. Es al menos imprudente, citar concilios sin precisar exactamente qué tema trataron. Para quien tenga interés en un artículo serio y profundo sobre el tema, les ofrezco El celibato eclesiástico. Historia y fundamentos teológicos. Los datos históricos con los que contamos hoy, muestran que el celibato (entendido como abstención total de la vida sexual, tanto para los solteros como para los casados), fue ley desde el comienzo de la Iglesia: los casados que se ordenaban, se obligaban a dejar la vida matrimonial.

Lo mismo ocurre en cuanto a la justificación del celibato: afirman que en su origen hay cuestiones ¡económicas!, visiones maniqueas de la corporeidad… Es algo que nunca he leído en los libros de teología, y que contrasta bastante con la antropología y teología católicas… Resulta llamativo que atribuyan el celibato a cuestiones que no son verdaderas… ya que el cristianismo nunca fue maniqueo… (San Agustín lo fue, pero antes de su conversión).

En cuanto al psicoanalista ateo, me sorprende que se interese tanto por el tema, se haya tomado el trabajo de hacer una investigación, aporte un supuesto dato histórico disparatado y termine acusando a quienes creemos en la vida eterna de sufrir un “delirio colectivo”. Le podría mostrar en la vida de la inmensa mayoría de los sacerdotes que conozco que no despreciamos la alegría y la vida.

Por último, me resulta original (en la única opinión anti-celibato que no es agresiva ni insultante), el argumento de que el celibato pertenezca a la vida monástica, ya que ni Jesús ni los Apóstoles fueron monjes. Es cierto que los monjes viven el celibato, pero eso no quiere decir que sea algo exclusivo para ellos. Que ellos lo vivan, no significa los demás no deban vivirlo. Y poner en la misma línea, la eliminación del celibato y la ordenación de mujeres, parece un error teológico grosero, ya que en el segundo caso, se trata de algo que está esencialmente ligado al sacramento del orden.

Y les recomiendo las cuatro opiniones a favor que son encantadoras (sobre la mía, como es obvio no emito un juicio).

Entrevista sobre el celibato

Les paso una entrevista que me hicieron el jueves pasado por radio. Son unos diez minutos.

Entrevista en FM Identidad

De paso, les remito a dos entradas sobre el tema:

¿Qué sentido tiene el celibato? febrero 5, 2012

 

FE EN LA IGLESIA Y VATILEAKS

Para bajar el artículo en Word: Fe en la Iglesia y Vatileaks

Los sucesos que han salido a la luz en los últimos meses de filtración de documentos en la Santa Sede, son dolorosos y escandalizan a muchas almas buenas, que resultan confundidas con informaciones que no acaban de entender.

Con este artículo sólo queremos dar una visión general de esos sucesos y reflexionar sobre la relación que pueden tener las miserias humanas con la fe en la Iglesia.

La explicación más sencilla y clara de cómo estos sucesos pueden afectar la fe en la Iglesia, se da con un ejemplo. Si se lo entiende, se entendió todo y no hace falta más que transportar el ejemplo al otro campo.

Jesús está realmente presente en la Eucaristía. Está en las especies de pan y de  vino. Si el vino consagrado se avinagra, ¿qué pasa? ¿Esto afectaría mi fe en la Eucaristía (en el sentido de que produjera dudas de fe en mí, plantearme cómo puede ser que si allí está Cristo, el vino se avinagre)? ¿Se pudre acaso Dios? No, sencillamente deja  de haber presencia eucarística. Si la especie del pan se echa a perder ¿Qué pasa? ¿Dios se ha enmohecido? No. La corrupción de los accidentes de pan y de vino, no afectan mi fe en la presencia real de Cristo en la Eucaristía.

Lo mismo sucede con los instrumentos libres de Dios: si yo –sacerdote–  me pudro (me desvirtúo espiritualmente, me vuelvo polígamo, asesino…) ¿deja de tener valor lo que Dios hizo a través mío en los años de sacerdocio? No, sencillamente el instrumento se corrompió y dejó de ser instrumento (el problema es suyo, no de Dios).

La libertad es un tesoro: Dios nunca querrá títeres: sólo se lo puede amar libremente, sólo se lo puede servir libremente. Lleva consigo, la posibilidad de fallas humanas. Un obispo infiel no justificaría que Dios impidiera que los obispos fueran libres… que estuvieran obligados a obrar bien.

Que los hombres no estemos a la altura de la grandeza a la que Dios nos llama está dentro de los cálculos: Jesús no se equivocó al llamar a Judas, ni lo eligió para que fuera traidor…

Si vamos a los sucesos de robos de cartas al Papa, a faltas de coincidencia o incluso de peleas entre personas, no es algo nuevo. Ya en la Iglesia primitiva, hubo faltas de sintonía humana. Bernabé y Saulo discutieron si llevaban o no a Marcos en el segundo viaje; y lo hicieron hasta tal punto que no se pusieron de acuerdo y cada uno partió por su lado… Los primeros cristianos tuvieron grandes disputas acerca de los bautizados provenientes del paganismo (¿debían vivir la ley mosaica?): tuvo que resolverlo el concilio de Jerusalén…

Cristo pidió por la unidad en la Última Cena. Es importante, pero no es la fuente de la fe. Hemos de rezar por la unidad, trabajar por ella, y tener paciencia cuando vemos que falta, pidiendo a Dios perdón por las faltas de caridad y de justicia que supone.

Para una persona de fe, el hecho de que los hombres podamos fallar no representa ningún problema. Porque Dios no falla, y a nosotros la conciencia de nuestra falibilidad nos ayuda a aceptar lo poco que somos y ser humildes.

Es cierto que para una persona sin fe –con una fe poco madura– , sí le provoca un problema: las miserias humanas le dificultan descubrir a Cristo presente en la Iglesia, le resulta un obstáculo para descubrir la fe.

¿Qué es lo que ha sucedido?

Se han publicado cartas privadas dirigidas al Papa.

¿Es tan terrible? No. Los “documentos secretos” de los que hablan los medios de comunicación, no son documentos secretos, son cartas personales dirigidas al Papa. ¿Qué muestran? ¿Una corrupción terrible? No, sencillamente muestran el clima de confianza que existe en la Iglesia: todos los obispos –y cualquiera- pueden escribirle al Papa transmitiendo sus opiniones, preocupaciones, inquietudes, pidiendo medidas… ¿Es malo? No, es buenísimo.

Cualquier  duda, sugiero preguntar a los políticos argentinos el margen de dar opinión que tienen en sus respectivos partidos políticos…

Lo malo violar esa confianza. Evidentemente atenta contra ese clima.

Dato: pocas personas en el mundo tienen el conocimiento de lo que sucede en todo el mundo que tiene el Papa: visitas ad limina: todos los obispos cada 5 años pasan y despachan. Lo mismo en todas las Congregaciones Romanas.

Como resumen, cito una entrevista al Arzobispo Becciu, publicada en L´Osservatore Romano, y resumida por Zenit:

El arzobispo Becciu afirma que ha visto al santo padre “dolido, porque, por lo que ha podido verse hasta ahora, alguien cercano a él parece responsable de comportamientos injustificables desde cualquier punto de vista. Cierto, en el papa prevalece la piedad por la persona implicada. Pero queda el hecho de que ha sufrido una acción brutal: Benedicto XVI ha visto publicadas cartas robadas de su casa, cartas que no son simple correspondencia privada, sino informaciones, reflexiones, manifestaciones de conciencia, incluso desahogos que ha recibido únicamente en razón de su ministerio. También por eso el pontífice está particularmente dolido, por la violencia que han sufrido los autores de las cartas o los escritos dirigidos a él”.

Según monseñor Becciu, la publicación de estos documentos es “un acto inmoral de inaudita gravedad. Sobre todo porque no se trata únicamente de una violación, ya en sí misma gravísima, de la reserva a la que cualquiera tiene derecho, sino también de un vil ultraje a la relación de confianza entre Benedicto XVI y quien se dirige a él, también para expresar en conciencia una protesta. No se han robado simplemente algunas cartas al Papa, se ha violentado la conciencia de quien se ha dirigido a él como al Vicario de Cristo, y se ha atentado al ministerio del Sucesor del Apóstol Pedro”.

Afirma que no se puede tratar de justificar la publicación de las cartas con una pretensión de transparencia y reforma de la Iglesia: no es lícito robar ni aceptar lo que otros han robado. “Son principios simples, quizá demasiado simples para algunos, pero lo cierto es que cuando alguien los abandona, se pierde fácilmente y lleva también a los demás a la ruina. No puede haber renovación que pisotee la ley moral, quizá basándose en que el fin justifica los medios, un principio que además no es cristiano”.

Algunos de los artículos publicados por la prensa en estos días insisten en que las cartas robadas revelan un mundo turbio dentro de los muros del Vaticano. Monseñor Angelo Becciu señala al respecto que “por una parte, acusan a la Iglesia de gobernar de modo absolutista; por otra, se escandalizan de que algunos, escribiendo al papa, expresen ideas o quejas sobre la organización del gobierno mismo. Los documentos publicados no revelan luchas o venganzas, sino esa libertad de pensamiento que, en cambio, se dice que la Iglesia no permite. (…) Los diversos puntos de vista, incluso las valoraciones contrastantes, son más bien normales. Si alguien se siente incomprendido, tiene todo el derecho de dirigirse al Pontífice. ¿Dónde está el escándalo? Obediencia no significa renunciar a tener un juicio propio, sino manifestar con sinceridad y hasta el fondo el propio parecer, para luego aceptar la decisión del superior. Y no por cálculo, sino por adhesión a la Iglesia querida por Cristo”.

En cuanto a la imagen del Vaticano que se está transmitiendo estos días, el arzobispo afirma que siente mucho que esté tan deformada, pero que “ello nos debe hacer reflexionar y estimularnos a todos nosotros a esforzarnos a fondo para hacer que se vea una vida más conforme con el Evangelio”.

 La parte periodística, la delego en unos videítos de Rome Reports, que recomiendo ver.

Estos sucesos, nos brindan la ocasión de recordar aspectos básicos sobre la naturaleza de la Iglesia: después de hablar de los Vatileaks, hablemos de la fe en la Iglesia.

Fe en la Iglesia

Tres principios básicos:

 1.      Sin Iglesia no hay Jesús

Lo hace presente. Jesús se hace presente en la Iglesia –y sólo en la Iglesia–.

No es raro escuchar la falacia “Jesús sí, Iglesia no”. Es absurdo, por lo imposible (sin la Iglesia no es posible encontrar a Jesús en la tierra); es un  contrasentido (contradice al mismo Jesús que fundó la Iglesia).

Por señalar algunos ejemplos básicos:

Tu eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia…”: es decir, mi Iglesia –hay una Iglesia que Cristo fundó– está aquí, con Pedro.

Todo lo que ates, será atado en el cielo”: Jesús se comprometió a confirmar la acción de Pedro como cabeza de mi Iglesia, porque velará por él.

Yo estaré con ustedes hasta el fin del mundo”: es decir, cuando quieran buscarme, búsquenme en la Iglesia, porque es allí donde estaré.

El Espíritu Santo los llevará  a la verdad plena”: les he enseñado muchas cosas, pero necesitan que envíe el Espíritu Santo para que los conduzca a la verdad completa.

No se puede entender a Jesús y su misión sin la Iglesia

El encuentro con Jesús hoy se da en la Iglesia, que es su Iglesia (de la que Él es parte como cabeza).

 2.      Sin Jesús no hay Iglesia

La Iglesia no tiene consistencia propia: su misión y sentido es hacer presente a Cristo, ser el lugar de encuentro con Cristo. Su razón de ser es referir a Cristo. Es depositaria de tesoros de doctrina y gracia (sacramentos) que no le pertenecen (en sentido que no puede alterarlos a su antojo, sino sólo puede transmitirlos fielmente), porque son de Cristo.

 3.      Sin Pedro no hay Iglesia

Sin cabeza visible, no hay cuerpo. Pedro es vital: “sobre esta piedra”, aunque sea frágil por sí misma. Jesús sabe que Pedro lo negará, incluso después de Pentecostés necesitará ser corregido por Pablo cuando ante los judaizantes respete escrupulosamente la ley mosaica, confundiendo a los demás sobre la obligatoriedad de hacerlo.

Fe, pero fe madura. Sin fundamentalismos, sin simplificaciones ingenuas.

El Espíritu Santo asiste, pero no para que todo le salga bien humanamente… Tendrá que pasar por  la cruz –Pedro, Benedicto XVI y todos los cristianos–.

¿Qué supone la infalibilidad? Es garantía de la perennidad de la Iglesia: que la Iglesia dure para siempre, esencialmente idéntica a sí misma (como la fundó Cristo, sin cambiar; ya que si cambiara no sería la que Cristo fundó, sería otra). Esto implica una asistencia especial en temas doctrinales y morales.

La asistencia del Espíritu Santo no es para toda la vida del Papa y todos sus actos. En lo administrativo, en lo humano, se puede equivocar… y no pasa nada. Dios nos santifica incluso con los errores ajenos. En lo opinable, lo estratégico, el nombramiento de Obispos y hasta de su mayordomo…, en la aprobación del presupuesto de la Santa Sede, y en mil cosas más no goza de la infalibilidad…, no la necesita.

Y creemos en el Papa, lo seguimos y lo queremos, aunque no nos gustara la música clásica que Benedicto XVI tanto ama (ya la fe no nos pide que coincidamos en eso…).

Creemos en la Iglesia ¿Qué es lo que creemos? Vamos a precisar un poco, también para superar posibles fideísmos…

Una, Santa, Católica y Apostólica. De todo lo que supone la fe en la Iglesia, me detendré solo en un aspecto: su carácter de misterio.

¿Qué es la Iglesia?

La Iglesia es un misterio

La Iglesia en sentido propio es un misterio. En el sentido teológico de la palabra misterio, es decir, una realidad donde se da lo humano y lo divino, donde lo que se ve es muy poco respecto a lo que hay (como sucede con la Eucaristía: uno ve sólo pan y vino, y está Cristo completo allí presente).

La Iglesia es un misterio grande, profundo. No puede ser nunca abarcado en esta tierra. Si la razón intentara explicarlo por sí sola, vería únicamente la reunión de gentes que cumplen ciertos preceptos, que piensan de forma parecida. Pero eso no sería la Santa Iglesia (…). A nadie se le oculta la evidencia de esa parte humana. La Iglesia, en este mundo, está compuesta de hombres y para hombres, y decir hombre es hablar de la libertad, de la posibilidad de grandezas y de mezquindades, de heroísmos y de claudicaciones. Si admitiésemos sólo esa parte humana de la Iglesia, no la entenderíamos nunca, porque no habríamos llegado a la puerta del misterio (…): la Iglesia es el Cuerpo de Cristo [San Josemaría, El fin sobrenatural de la Iglesia].

Esto significa que no se puede entender a la Iglesia sin fe.

Si me aproximo a Ella sin fe, veré muchas cosas, pero no entenderé mucho, me perderé lo más valioso, la riqueza verdadera. Es lo mismo que mirar una hostia consagrada sin fe: veo un trocito de pan, pero no reconozco en ella a Cristo escondido.

La Iglesia es una realidad humana y divina al mismo tiempo.  En la que Dios actúa. No debe sorprendernos que alguna  vez alguna parte de la parte humana, falle…

Lo humano y lo divino, se puede comparar con las dos naturalezas de Cristo: perfecto Dios y perfecto hombre: sin mezcla, sin separación, sin división, sin confusión.

¿En qué consiste este misterio? Me limito a reproducir lo que enseña en Catecismo de la Iglesia al respecto:

770 III. EL MISTERIO DE LA IGLESIA

La Iglesia está en la historia, pero al mismo tiempo la transciende. Solamente “con los ojos de la fe” (Catech. R. 1, 10, 20) se puede ver al mismo tiempo en esta realidad visible una realidad espiritual, portadora de vida divina.

771 La Iglesia, a la vez visible y espiritual

“Cristo, el único Mediador, estableció en este mundo su Iglesia santa, comunidad de fe, esperanza y amor, como un organismo visible. La mantiene aún sin cesar para comunicar por medio de ella a todos la verdad y la gracia“. La Iglesia es a la vez:

 – “sociedad dotada de órganos jerárquicos y el Cuerpo Místico de Cristo;
– el grupo visible y la comunidad espiritual
– la Iglesia de la tierra y la Iglesia llena de bienes del cielo”.

Estas dimensiones juntas constituyen “una realidad compleja, en la que están unidos el elemento divino y el humano” (LG 8):

Es propio de la Iglesia “ser a la vez humana y divina, visible y dotada de elementos invisibles, entregada a la acción y dada a la contemplación, presente en el mundo y, sin embargo, peregrina. De modo que en ella lo humano esté ordenado y subordinado a lo divino, lo visible a lo invisible, la acción a la contemplación y lo presente a la ciudad futura que buscamos” (SC 2).

“¡Qué humildad y qué sublimidad! Es la tienda de Cadar y el santuario de Dios; una tienda terrena y un palacio celestial; una casa modestísima y una aula regia; un cuerpo mortal y un templo luminoso; la despreciada por los soberbios y la esposa de Cristo. Tiene la tez morena pero es hermosa, hijas de Jerusalén. El trabajo y el dolor del prolongado exilio la han deslucido, pero también la hermosa su forma celestial” (San Bernardo, Cant. 27, 14).

772 La Iglesia, Misterio de la unión de los hombres con Dios

En la Iglesia es donde Cristo realiza y revela su propio misterio como la finalidad de designio de Dios: “recapitular todo en El” (Ef 1, 10). San Pablo llama “gran misterio” (Ef 5, 32) al desposorio de Cristo y de la Iglesia. Porque la Iglesia se une a Cristo como a su esposo (cf. Ef 5, 25  – 27), por eso se convierte a su vez en Misterio (cf. Ef 3, 9  – 11). Contemplando en ella el Misterio, San Pablo escribe: el misterio “es Cristo en vosotros, la esperanza de la gloria” (Col 1, 27)

773 En la Iglesia esta comunión de los hombres con Dios por “la caridad que no pasará jamás”(1Co 13, 8) es la finalidad que ordena todo lo que en ella es medio sacramental ligado a este mundo que pasa (cf. LG 48). “Su estructura está totalmente ordenada a la santidad de los miembros de Cristo. Y la santidad se aprecia en función del ‘gran Misterio’ en el que la Esposa responde con el don del amor al don del Esposo” (MD 27). María nos precede a todos en la santidad que es el Misterio de la Iglesia como la “Esposa sin tacha ni arruga” (Ef 5, 27). Por eso la dimensión mariana de la Iglesia precede a su dimensión petrina” (ibid. ).

774 La Iglesia, sacramento universal de la salvación

La palabra griega “mysterion” ha sido traducida en latín por dos términos: “mysterium” y “sacramentum”. En la interpretación posterior, el término “sacramentum” expresa mejor el signo visible de la realidad oculta de la salvación, indicada por el término “mysterium”. En este sentido, Cristo es El mismo el Misterio de la salvación: “Non est enim aliud Dei mysterium, nisi Christus” (“No hay otro misterio de Dios fuera de Cristo”) (San Agustín, ep. 187, 34). La obra salvífica de su humanidad santa y santificante es el sacramento de la salvación que se manifiesta y actúa en los sacramentos de la Iglesia (que las Iglesias de Oriente llaman también “los santos Misterios”). Los siete sacramentos son los signos y los instrumentos mediante los cuales el Espíritu Santo distribuye la gracia de Cristo, que es la Cabeza, en la Iglesia que es su Cuerpo. La Iglesia contiene por tanto y comunica la gracia invisible que ella significa. En este sentido analógico ella es llamada “sacramento”.

775 “La Iglesia es en Cristo como un sacramento o signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano “(LG 1): Ser el sacramento de la unión íntima de los hombres con Dios es el primer fin de la Iglesia. Como la comunión de los hombres radica en la unión con Dios, la Iglesia es también el sacramento de la unidad del género humano. Esta unidad ya está comenzada en ella porque reúne hombres “de toda nación, raza, pueblo y lengua” (Ap 7, 9); al mismo tiempo, la Iglesia es “signo e instrumento” de la plena realización de esta unidad que aún está por venir.

776 Como sacramento, la Iglesia es instrumento de Cristo. Ella es asumida por Cristo “como instrumento de redención universal” (LG 9), “sacramento universal de salvación” (LG 48), por medio del cual Cristo “manifiesta y realiza al mismo tiempo el misterio del amor de Dios al hombre” (GS 45, 1). Ella “es el proyecto visible del amor de Dios hacia la humanidad” (Pablo VI, discurso 22 junio 1973) que quiere “que todo el género humano forme un único Pueblo de Dios, se una en un único Cuerpo de Cristo, se coedifique en un único templo del Espíritu Santo” (AG 7; cf. LG 17).

¿Es razonable creer en la reencarnación?

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En algunos ambientes de occidente se ha puesto de moda creer[1] en la reencarnación, pero ¿es razonable hacerlo?

Cuando se analiza el tema, se concluye es que una creencia bastante reñida con la razón…

En este artículo nos planteamos la cuestión del fundamento necesario para dar algo por verdadero, consideramos algunos puntos no razonables de esta doctrina y por último, su absoluta incompatibilidad con el cristianismo.

Una cuestión de fundamento

La inteligencia acepta como verdadera alguna realidad sólo si tiene motivos que hacen razonable tal aceptación. Así resulta obvio que no es razonable aceptar como real lo que carece de fundamento racional.

Que algo sea razonable, no garantiza su existencia; pero si es irrazonable -contrario a la razón- seguro que no es real.

Una persona es libre de tener deseos, gustos o teorías infundadas; pero es importante distinguir entre los conocimientos que tienen fundamento racional e ideas que más bien pertenecen al campo de la fantasía.

En principio disponemos de cuatro fundamentos sobre los que apoyan nuestro conocimiento:

–          hay cuestiones que son evidentes: están patentes a los sentidos o la inteligencia –se ven-. Así, por ejemplo aceptamos que esta flor que tenemos delante es amarilla o que el todo es mayor que la parte.

–          hay conclusiones de razonamientos lógicos, basados en premisas ciertas. Así llegamos a conocimientos por deducciones, inducciones, demostraciones por el absurdo, etc.

–          hay afirmaciones verificables empíricamente.

–          hay conocimientos que se aceptan por fe: basados en el convencimiento de que es razonable confiar en quien nos comunica lo que creemos. El fundamento del conocimiento de fe es el conocimiento directo que tiene de la realidad quien me lo trasmite -a quien le creo- y la racionalidad de lo que creo.

Éste último es el caso de la mayoría de nuestros conocimientos humanos: no nos hemos tomado el trabajo de verificar las fuentes, demostrar lo afirmado, etc., pero la confiabilidad de la fuente, los hace válidos.

También es el caso de la fe sobrenatural: la religión revelada se fundamenta en la revelación que Dios ha hecho. Habrá que verificar la razonabilidad o no del fundamento de esa fe, pero en principio y en general, es razonable aceptar el testimonio de otro que inspira confianza (más si se trata de Dios). El salto de la fe aparece aquí: creo eso que no veo, porque confío en quien me lo revela, que es sincero y no me engaña. Pero eso que creo debe ser razonable: si no lo es, no podré creerlo.

Por el contrario, no parece razonable tener por ciertas afirmaciones que nos son demostrables racionalmente, ni verificables empíricamente, ni se basan en el testimonio digno de confianza de quien lo conoce de primera mano.

Éste es el caso de la reencarnación. Se trata de una creencia que no tiene ningún fundamento racional, ni pretensión de haber sido revelado por un ser superior. A veces se la quiere sustentar en el testimonio de personas que dicen tener conocimientos procedentes de vidas anteriores. En todo caso, aún el caso de que esos conocimientos fueran reales, no demostraría nada (sólo mostraría que tienen esos conocimientos), lo demás sería una interpretación de esos hechos, que no es posible verificar, ni tiene una revelación que lo sustente.

Flaquezas racionales

Para poder creer en algo, debe ser razonable. Es decir, no resulta lógico aceptar como verdades asuntos que no son racionales, porque contienen elementos esenciales contrarios a la razón. En el caso de la teoría de la reencarnación:

–          La reencarnación desdice la dignidad personal

La grandeza del hombre reside en su espíritu: su capacidad de conocer y amar, la conciencia de sí mismo, su capacidad de trascenderse y entrar en comunión con los demás.

Cada persona es irrepetible, tiene una identidad intransferible.

Esto lleva consigo una dignidad personal: yo soy yo, y no otro; cada uno es insustituible, vale por sí mismo -por lo que es: un ser humano-.

–          Niega la identidad personal

Si yo pudiera ser otro sin saberlo… no sería yo mismo. Mi identidad personal es inseparable de mi dignidad. Si pierdo mi identidad -dejo de ser yo-, perdería mi dignidad.

–          Niega la espiritualidad humana

Si yo puedo haber sido un rinoceronte o puedo llegar a ser en otra vida una cucaracha, resulta que mi espíritu no es espiritual. Mi persona sería la misma siendo rinoceronte, cucaracha o ser humano. Todos gozarían de la misma dignidad -ninguna-, ya que todos son lo mismo.

Esto no es compatible con la grandeza del ser humano: si me convierto en una cosa, ya no soy yo mismo; no puedo ser una persona distinta, con una personalidad distinta… si todos podemos ser todos, entonces nadie es nadie.

–          Niega la distinción entre ser cosa y persona

Hay una diferencia fundamental entre una cosa y una persona. Las cosas -inanimadas, vegetales o animales-, precisamente por ser cosas -no tener dignidad personal-,  se pueden usar; cosa que nunca se puede hacer con un ser humano.

Por esto, no es razonable dejar de matar mosquitos, ante la perspectiva de estar matando a quien podría ser mi abuelo reencarnado. Si es un mosquito, no es un ser humano, no tiene dignidad personal, no puede haber sido un ser humano.

–          Contradice el sentido de la justicia

La justicia supone la libertad y la responsabilidad personales. No tiene sentido hablar de seres que pagan deudas de vidas anteriores o se hacen acreedores de premio: sin libertad y conciencia no se puede merecer y ser culpable. Más todavía en el supuesto de reencarnarse en seres carentes de razón y voluntad.

–          Supone una concepción cruel del castigo

No parece justo sufrir una pena sin saber por qué se la sufre. Las penas -además de restablecer el orden roto por la falta- en principio tienen un sentido medicinal, no vengativo. El sentido de la pena es redentor -me redime de mi falta- sólo si la asumo personalmente con esa finalidad.

No es justo que sufra una pena por una vida pasada de alguien que en el fondo no soy yo mismo.

Excluye la posibilidad de la misericordia y del perdón.

–          Fomenta la pasividad y desaconseja la solidaridad

Si los males ajenos son consecuencia de malos comportamientos en vidas anteriores, por los que se está pagando, yo haría un daño a esa persona si aliviara sus sufrimientos, ya que es la manera que tiene de superarse en una vida futura. La consecuencia práctica sería decir: aguanta que ya en otra vida estarás mejor, no me pidas que te ayude ya que te haría un daño.

Incompatibilidad con el cristianismo

Este último punto no demuestra nada, simplemente rechaza el intento de hacer compatible el cristianismo y la reencarnación; intento hecho por bastantes sostenedores de esta doctrina (buscan en la Biblia el fundamento que les falta, según vimos en el primer punto).

La doctrina de la reencarnación no es que difiera en algún punto con el cristianismo, sino que es totalmente incompatible con él. En efecto, tiene una visión contraria de los puntos esenciales:

–          el carácter personal de Dios

–          concepto de tiempo y eternidad

–          religión como relación personal con Dios

–          el cuerpo humano, parte de la persona, tiene dignidad

–          la identidad personal de la persona

–          la misericordia divina, el perdón

–          la redención obrada por Cristo: la salvación es gracia

–          el sentido de los sacramentos

–          la unicidad de la vida personal

–          las postrimerías: el juicio, el purgatorio y el infierno

–          inmortalidad del alma y resurrección de los cuerpos

Es decir, la doctrina de la reencarnación es alternativa al cristianismo: no se pueden sostener ambas al mismo tiempo. Y esto no por una cuestión colateral, sino porque representan respuestas contrarias a preguntas fundamentales: la cuestión de la responsabilidad personal, el modo de redimirse (un Salvador o cada uno a sí mismo), la relación justicia-misericordia (cabida o no del perdón), el sentido de la vida, el tipo de destino eterno, etc.

Eduardo M. Volpacchio
www.algunasrespuestas.com
31.5.12

[1] Cuando hablamos de creer nos referimos a un conocimiento recibido de otro que merece confianza (le creo, tengo por cierto lo que me dice). La fe de la que hablamos aquí es un conocimiento, que se tiene por seguro, ya que tiene fundamento.

En el lenguaje vulgar usamos también el término creer para referirnos a algo muy diferente: opiniones, intuiciones vagas, deseos basados en sentimientos, mitos sin fundamento real. No hablamos ahora en ese sentido.

La locura de un “matrimonio ecológico”

(Homilía predicada con ocasión de un matrimonio)

La locura de amar y el cuidado del ambiente

Hoy es un día único para Vicky y Alfonso. Lo que van a hacer, les cambiará la vida de tal manera que comenzarán a vivirla de un modo nuevo. ¿Qué es lo que van a hacer?

Su casamiento nos da una gran oportunidad para proclamar la grandeza del amor verdadero.

Nuestro tiempo necesita que le hablen mucho de la grandeza del amor y necesita verlo hecho realidad en la vida de algunas personas. Sólo así superará el escepticismo y comprobará que el gran ideal de amar es posible.

Vamos a ser testigos de uno de los actos de amor más grandes que existen: la entrega de la propia vida. Un dar la vida que engrandece, y consiste en entregarla, para recuperarla enriquecida para vivirla de un modo nuevo, pleno. Entregarla sin perderla, entregarla para encontrarla enriquecida. Es el ABC de la filosofía del amor cristiano.

Vicky y Alfonso -desde cierto punto de vista- están locos. En pocos momentos, van a entregar la vida, uno al otro, de modo total e irreversible. En palabras bíblicas, se  van a hacer una carne, van a alcanzar una unidad muy especial, que sólo el matrimonio puede dar. Una unidad que define la existencia de cada uno de ellos, de aquí en adelante y la realiza.

Repito que están locos, porque efectivamente sólo quien está loco puede hacer algo semejante.

Pero en la perspectiva del amor auténtico, total, esa locura se convierte en algo razonable: lo que van a hacer pertenece a la lógica del amor. Para poder alcanzar el amor en plenitud hay que hacer esta locura. Para quien ama de verdad, resulta lógico; para quien no ama de verdad, una locura. Por eso, espero que para todos Uds. resulte lógico, ya que es un termómetro de su capacidad de amar.

Permítanme que analice un poco esta lógica-locura del amor.

El hombre ser realiza existencialmente a través del amor. Como pueden entender no me refiero al amor como una emoción transitoria y provisional, que busca la propia satisfacción; sino ese que es algo muchísimo más grande, de otra dimensión.

El amor total es posible. Un amor pleno, perfecto (dentro de las limitaciones de una persona con defectos, como somos todos nosotros). Un amor que abarque toda la vida, en extensión y profundidad.

El amor para ser total, debe cumplir dos condiciones: debe ser exclusivo (uno con una) y definitivo (fiel y para siempre). Sólo la exclusividad y la definitividad hacen posible un amor pleno.

Este amor total, en el cristianismo se realiza de dos maneras: en el celibato y en el matrimonio: dos modos de amor total, en los que la persona, entregándose a sí misma, se realiza existencialmente.

Se trata de una entrega muy particular, con unos resultados paradójicos. Hay cosas que cuando las das, las pierdes. En la dinámica del amor cristiano, sucede algo totalmente diferente: cuando se entrega la vida por amor, se la recupera enriquecida. Es la lógica del grano de trigo. Jesús al dar la vida, la recupera gloriosa. Vicky le entrega su vida a Alfonso, y Alfonso le entrega su vida a Vicky. El resultado es que cada uno de ellos recupera su vida enriquecida: ya no es más sólo la vida de Vicky, su vida se ha enriquecido con Alfonso. Y lo mismo le pasará a Alfonso.

Sólo en ese contexto -amor total, exclusivo y definitivo- puede existir la confianza incondicional que permite la entrega y que hace feliz.

¿Por qué hoy Vicky entrega su vida a Alfonso? Porque lo quiere con amor total. Y eso es posible porque confía en él. Confía con una confianza absoluta. Y ¿por qué confía? Porque Alfonso en el noviazgo le ha mostrado que es confiable, pero sobretodo porque lo quiere: el amor hace que quiera confiar en él lo suficiente como para entregarle la vida. ¿Por qué Alfonso entrega su vida a Vicky? Porque confía en ella con una confianza absoluta. ¿Por qué pueden confiar así mutuamente? Porque se entregan la vida en el matrimonio. Lo que hacen hoy es fruto de la confianza y al mismo tiempo causa de la confianza de ahora en adelante.

El amor en serio, pleno, sólo es posible con una confianza así. Si confío y garantizo confianza; entonces, es posible la intimidad plena que los une. La profundidad de la unión de una pareja depende de esta confianza, que lleva a la entrega y procede de la entrega.

Esto explica que sólo en el matrimonio se realiza plenamente el amor entre un hombre y una mujer. Y por eso es natural que quienes no se quieren así -con un amor total- no se casen: ya que no confían y ni ofrecen semejante confianza. Quieren que su amor, permanezca así: provisional, inestable; no quieren hacerlo total.

El matrimonio no es un papelito que vamos a firmar al final de la ceremonia: es la entrega mutua que van a realizar con una decisión irrevocable de unir sus personas y sus vidas, expresada en las palabras del consentimiento matrimonial. Una entrega que produce su unión existencial, llamada a ser fecunda, tan fecunda como el amor que se tienen.

Y Dios bendice esa unión, se involucra en ella, para engrandecerla, asegurarla y hacerla partícipe de su poder creador.

Esta entrega de amor que los va a unir del todo y para siempre, es al mismo tiempo un compromiso: el compromiso de vivirla en el clima de amor que los llevó a casarse. Y esto, no es sólo para Uds. sino para todos los casados aquí presentes.

En este contexto, se me ocurre que podríamos hablar de una ecología del matrimonio, de la necesidad de cuidar el medio ambiente. El ambiente de cariño, comprensión y generosidad;  alegre y sacrificado. El ambiente en el cual, el amor se expande y se engrandece. Cuiden el medio ambiente sobrenatural y afectivo.

Un matrimonio ecológico, es un matrimonio lleno de vitalidad y libre de contaminación, de sustancias contaminantes, pero no CO2 sino otro tipo de contaminantes mucho más peligrosos: egoísmo, pereza, soberbia… los siete pecados capitales son contaminantes. El mal humor es de los peores contaminantes. Y la alegría el clima del paraíso, anticipo del cielo.

¡Qué bueno que se quieran! Da gusto ver gente que se quiere de verdad, que sabe amar, que por lo mismo, se entrega. Tiene un amor tan  grande que los lleva a dar la vida.

Hay quienes piensan que los compromisos quitan libertad. Pero el amor entregado es le verdaderamente libre. ¿Libre de qué? Libre de egoísmo, celos, envidias, materialismo, miedos, desconfianza…

Es el amor humano y sobrenatural.

Es exigente, pero ¿qué puede ser más exigente y lindo que el amor? Porque es glorioso. Benditos los que se animan a querer de verdad.

Pobrecitos los que no son capaces de entregarse y se conforman con sucedáneos berretas del amor verdadero.

El mundo necesita testigo de este amor. Las familias cristianas son en este momento histórico, referencia para el mundo entero. Están llamadas a realizar lo que todos sueñan, mostrándoles que es posible.

Los cristianos tenemos la gracia de Dios, de un Dios que es amor. Nos llama a su amor y nos lo concede.

¿Cómo vivir ese amor pleno que todos deseamos para nosotros mismos?

Alimentando el amor humano con el amor divino, que lo sana y eleva. Y teniendo activado un buen antivirus, para conservar el ambiente sano.

Ponemos en manos de la Sagrada Familia, esta familia que hoy comienza. Mirénse en María y José, busquen en ellos la luz y las fuerzas. Y serán reflejo de la bendita familia que ellos formaron y que es modelo para todas las familias.

 

Eduardo Volpacchio

5-5-2012

Paradojas de una muerte

Con la liturgia el Viernes Santo revivimos la muerte de Cristo y nos arrodillamos en el momento de su muerte. Es un día de paradojas divinas.

Muerte de Cristo. Muerte por amor, que mata a la muerte misma: la gran derrotada del Viernes Santo.

Muerte de Cristo: amor que transforma el acto de violencia y destrucción en el comienzo de una nueva creación: en gloria.

Qué misterio: un sufrimiento que produce bien. Muestra que el amor puesto en contacto con el sufrimiento explota en bien. Como la nafta -veneno si la bebemos- puesta en contacto con la chispa que produce la bujía en el motor, explota produciendo un movimiento imponente. El dolor  es veneno, pero con la chispa del amor produce explosiones de bien. Como una reacción química en cadena, el dolor tocado por el amor explota en una explosión creadora.

Una muerte… que es muy viva. Y no sólo porque el cuerpo muerto de Cristo está unido a la divinidad: es decir, es el cuerpo muerto de Dios. Estamos ante la más viva de las muertes, porque es vivificadora.

Una muerte que da vida: porque es entrega de amor infinito. Esa vida entregada no se pierde en el vacío: quienes la reciben viven de ella.

Muerte que da vida: ¡qué misterio más inefable!

Dar la vida hace fecunda la vida entregada. Da vida, no sólo a quien la entrega, sino a muchísimas almas que la reciben. Abre la vida a una fecundidad gloriosa, sobrenatural, divina, que llena –en Cristo- de vida sobrenatural a sí mismo y a los demás.

Toda la vida de Cristo se dirige al Triduo Pascual: glorificación, triunfo, realización y plenitud. Y allí todo es inseparable.

Una muerte unida a la resurrección: Para vivir  hay que morir. En la entrega amorosa de sí mismo está la causa de la exaltación. Con palabras de San Pablo: Se humilló a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Y por eso Dios lo exaltó y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre (Fil. 2,8-9). No como un premio extrínseco, sino como producto de una lógica interna, de una dinámica divina.

Hablando de las imágenes de Cristo, el Card. Ratzinger explica como deben representar todo su misterio, uniendo cruz y gloria:

Cristo es representado como el Crucificado, como el Resucitado, como el que ha de venir de nuevo, como el Señor que reina ya ahora sobre el mundo de forma misteriosa.

Toda imagen de Cristo ha de incluir estos tres aspectos esenciales del misterio de Cristo y, en este sentido, será una imagen pascual. Naturalmente que quedan abiertas aquí diversas posibilidades de acentuación. Una determinada imagen puede explicitar más la cruz, a pasión y el desamparo, o bien puede poner en primer plano la Resurrección y la parusía. Pero ninguna de estas dimensiones debe quedar aislada. A pesar de las diversas acentuaciones, ha de aparecer el misterio pascual en toda su integridad. Un crucifijo en el que en modo alguno pudiera entreverse el elemento pascual sería tan erróneo como un imagen pascual que olvidada las llagas  de Cristo y la actualidad de su sufrimiento.(1)

Hay una conexión entre la muerte y la resurrección.

En la muerte y resurrección de Jesús se verifica y confirma toda su vida y enseñanza: quien quiera salvar su vida la perderá, quien la pierde por mí, la salvará. El que quiera venir en post de mi, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga…: ¿adonde? A la Gloria. Bienaventurados: pobres, mansos, los que lloran, los perseguidos… Dios es amor, amor que da la vida. Nacer de nuevo: Nicodemo para nacer de nuevo, no hay que volver al seno de nuestra madre, tenemos que unirnos a la muerte y resurrección de Cristo. Amor hasta el extremo (¿tiene sentido llamar enemigos a aquellos por los que se da la vida?).

El grano de trigo, que nace al morir, al entregarse del todo se hace fecundo. Muerte que conduce a la resurrección, no sólo propia –la de Cristo mismo-, sino a la de todos los que viven por  Él.

No hay muerte sufrida por amor, sin resurrección: cuando se hace entrega –cuando el sufrimiento se hace entrega amorosa- entonces es transformado radicalmente: se llena de vida, de una vida que es absolutamente superior a la vida previa al sufrimiento, a una vida sin sufrimiento. El amor hace explotar el dolor, transformándolo en vida divina.

No somos salvados desde fuera, sin por una participación personal: incorporándonos a Cristo, a su muerte y resurrección. Es lo que hace el Bautismo. Y es lo que hace la cruz de cada día.

Una vida sin cruz –si fuera posible después del pecado original: que no lo es-, no sería vida, le faltaría el factor que posibilita la entrega amorosa, que hace plena esa vida.

Una vida sin amor no es vida: le faltaría el agente transformador, divinizador, glorificador.

Dinamismo cruz – resurrección: clave, luz, fuerza. Y sobretodo, presencia y compañía del crucificado junto a nosotros: nunca nos deja solos en la cruz. Cercanía de Dios siempre, pero sobretodo en la cruz. Ahí su amor se da hasta el extremo por cada uno.

No nos escapemos de su cruz, no dejemos solo a Jesús con la nuestra.

In laetitia nulla die sine cruce.
Con alegría –con amor, con entrega amorosa- ningún día sin cruz; ningún día sin resurrección, ningún día sin Jesús, sin su gloria.

A San Josemaría no le gustaba nada la palabra resignación: ¿resignarse con lo que da la vida? ¡Si es gloria! ¡Con lo que nos hace hijos de Dios! ¡Con lo que hace fecundos y redentores!

Así como en las imágenes del crucificado debe estar presente la chispa de la resurrección, que sepamos ver en la cruz de cada día –en la de cada uno- la chispa de la gloria, de nuestra gloria en Cristo.

Cruz, fuente de vida. Cruz fuente de amor. Cruz fuente de resurrección. Que no te tengamos ya miedo. Que no nos escapemos de vos. Que te abracemos decididos, que en vos, nos fundamos con el amor divino que nos busca.

Ante Cristo muerto en la cruz, esperando la resurrección, pedimos a gritos: no más esquivar la cruz, no más miedo al dolor, no más amargura ante el sufrimiento, no más cobardía, no más quejas, no más escaparnos, no más protestas, sentirnos víctimas… con aquello que llena de vida, diviniza y glorifica.

La Virgen sabe de la inseparabilidad de la cruz y la resurrección, que nos ayude a ver en cada cruz –en la que sea- la luz de la gloria y nos de el amor que la llene de alegría.

P. Eduardo Volpacchio
Buenos Aires, 6 de abril de 2012

(1) J. Ratzinger, Introducción al espíritu de la Liturgia, San Pablo, Bogotá 2006, pp. 109-110

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