LOS REGALOS DEL PAPA Y EL ABORTO

El Papa Francisco ha regalado hoy cinco documentos suyos al Presidente argentino Alberto Fernández.

En ellos todos ellos habla del aborto. Aquí las citas.

Evangelii gaudium

  1. Entre esos débiles, que la Iglesia quiere cuidar con predilección, están también los niños por nacer, que son los más indefensos e inocentes de todos, a quienes hoy se les quiere negar su dignidad humana en orden a hacer con ellos lo que se quiera, quitándoles la vida y promoviendo legislaciones para que nadie pueda impedirlo. Frecuentemente, para ridiculizar alegremente la defensa que la Iglesia hace de sus vidas, se procura presentar su postura como algo ideológico, oscurantista y conservador. Sin embargo, esta defensa de la vida por nacer está íntimamente ligada a la defensa de cualquier derecho humano. Supone la convicción de que un ser humano es siempre sagrado e inviolable, en cualquier situación y en cada etapa de su desarrollo. Es un fin en sí mismo y nunca un medio para resolver otras dificultades. Si esta convicción cae, no quedan fundamentos sólidos y permanentes para defender los derechos humanos, que siempre estarían sometidos a conveniencias circunstanciales de los poderosos de turno. La sola razón es suficiente para reconocer el valor inviolable de cualquier vida humana, pero si además la miramos desde la fe, «toda violación de la dignidad personal del ser humano grita venganza delante de Dios y se configura como ofensa al Creador del hombre».176
  2. Precisamente porque es una cuestión que hace a la coherencia interna de nuestro mensaje sobre el valor de la persona humana, no debe esperarse que la Iglesia cambie su postura sobre esta cuestión. Quiero ser completamente honesto al respecto. Éste no es un asunto sujeto a supuestas reformas o «modernizaciones». No es progresista pretender resolver los problemas eliminando una vida humana. Pero también es verdad que hemos hecho poco para acompañar adecuadamente a las mujeres que se encuentran en situaciones muy duras, donde el aborto se les presenta como una rápida solución a sus profundas angustias, particularmente cuando la vida que crece en ellas ha surgido como producto de una violación o en un contexto de extrema pobreza. ¿Quién puede dejar de comprender esas situaciones de tanto dolor?

 

Laudato sí

  1. Dado que todo está relacionado, tampoco es compatible la defensa de la naturaleza con la justificación del aborto. No parece factible un camino educativo para acoger a los seres débiles que nos rodean, que a veces son molestos o inoportunos, si no se protege a un embrión humano aunque su llegada sea causa de molestias y dificultades: Si se pierde la sensibilidad personal y social para acoger una nueva vida, también se marchitan otras formas de acogida provechosas para la vida social 97.

 

Gaudete et exsultate

  1. También es nocivo e ideológico el error de quienes viven sospechando del compromiso social de los demás, considerándolo algo superficial, mundano, secularista, inmanentista, comunista, populista. O lo relativizan como si hubiera otras cosas más importantes o como si solo interesara una determinada ética o una razón que ellos defienden. La defensa del inocente que no ha nacido, por ejemplo, debe ser clara, firme y apasionada, porque allí está en juego la dignidad de la vida humana, siempre sagrada, y lo exige el amor a cada persona más allá de su desarrollo. Pero igualmente sagrada es la vida de los pobres que ya han nacido, que se debaten en la miseria, el abandono, la postergación, la trata de personas, la eutanasia encubierta en los enfermos y ancianos privados de atención, las nuevas formas de esclavitud, y en toda forma de descarte84. No podemos plantearnos un ideal de santidad que ignore la injusticia de este mundo, donde unos festejan, gastan alegremente y reducen su vida a las novedades del consumo, al mismo tiempo que otros solo miran desde afuera mientras su vida pasa y se acaba miserablemente.

La nota 84 dice:

Cf. La V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, según el magisterio constante de la Iglesia, ha enseñado que el ser humano «es siempre sagrado, desde su concepción, en todas las etapas de su existencia, hasta su muerte natural y después de la muerte», y que su vida debe ser cuidada «desde la concepción, en todas sus etapas, y hasta la muerte natural» (Documento de Aparecida, 29 junio 2007, 388, 464).

 

Amoris laetitia

  1. Sin embargo, «numerosos niños desde el inicio son rechazados, abandonados, les roban su infancia y su futuro. Alguno se atreve a decir, casi para justificarse, que fue un error hacer que vinieran al mundo. ¡Esto es vergonzoso! […] ¿Qué hacemos con las solemnes declaraciones de los derechos humanos o de los derechos del niño, si luego castigamos a los niños por los errores de los adultos?» 179. Si un niño llega al mundo en circunstancias no deseadas, los padres, u otros miembros de la familia, deben hacer todo lo posible por aceptarlo como don de Dios y por asumir la responsabilidad de acogerlo con apertura y cariño. Porque «cuando se trata de los niños que vienen al mundo, ningún sacrificio de los adultos será considerado demasiado costoso o demasiado grande, con tal de evitar que un niño piense que es un error, que no vale nada y que ha sido abandonado a las heridas de la vida y a la prepotencia de los hombres» 180. El don de un nuevo hijo, que el Señor confía a papá y mamá, comienza con la acogida, prosigue con la custodia a lo largo de la vida terrena y tiene como destino final el gozo de la vida eterna. Una mirada serena hacia el cumplimiento último de la persona humana, hará a los padres todavía más conscientes del precioso don que les ha sido confiado. En efecto, a ellos les ha concedido Dios elegir el nombre con el que él llamará cada uno de sus hijos por toda la eternidad 181.
  2. El embarazo es una época difícil, pero también es un tiempo maravilloso. La madre acompaña a Dios para que se produzca el milagro de una nueva vida. La maternidad surge de una «particular potencialidad del organismo femenino, que con peculiaridad creadora sirve a la concepción y a la generación del ser humano» 183. Cada mujer participa del «misterio de la creación, que se renueva en la generación humana» 184. Es como dice el Salmo: «Tú me has tejido en el seno materno» (Sal 139, 13). Cada niño que se forma dentro de su madre es un proyecto eterno del Padre Dios y de su amor eterno: «Antes de formarte en el vientre, te escogí; antes de que salieras del seno materno, te consagré» (Jr 1, 5). Cada niño está en el corazón de Dios desde siempre, y en el momento en que es concebido se cumple el sueño eterno del Creador. Pensemos cuánto vale ese embrión desde el instante en que es concebido. Hay que mirarlo con esos ojos de amor del Padre, que mira más allá de toda apariencia.
  3. Con los avances de las ciencias hoy se puede saber de antemano qué color de cabellos tendrá el niño y qué enfermedades podrá sufrir en el futuro, porque todas las características somáticas de esa persona están inscritas en su código genético ya en el estado embrionario. Pero sólo el Padre que lo creó lo conoce en plenitud. Sólo él conoce lo más valioso, lo más importante, porque él sabe quién es ese niño, cuál es su identidad más honda. La madre que lo lleva en su seno necesita pedir luz a Dios para poder conocer en profundidad a su propio hijo y para esperarlo tal cual es. Algunos padres sienten que su niño no llega en el mejor momento. Les hace falta pedirle al Señor que los sane y los fortalezca para aceptar plenamente a ese hijo, para que puedan esperarlo de corazón. Es importante que ese niño se sienta esperado. Él no es un complemento o una solución para una inquietud personal. Es un ser humano, con un valor inmenso, y no puede ser usado para el propio beneficio. Entonces, no es importante si esa nueva vida te servirá o no, si tiene características que te agradan o no, si responde o no a tus proyectos y a tus sueños. Porque «los hijos son un don. Cada uno es único e irrepetible […] Se ama a un hijo porque es hijo, no porque es hermoso o porque es de una o de otra manera; no, porque es hijo. No porque piensa como yo o encarna mis deseos. Un hijo es un hijo» 186. El amor de los padres es instrumento del amor del Padre Dios que espera con ternura el nacimiento de todo niño, lo acepta sin condiciones y lo acoge gratuitamente.
  4. A cada mujer embarazada quiero pedirle con afecto: Cuida tu alegría, que nada te quite el gozo interior de la maternidad. Ese niño merece tu alegría. No permitas que los miedos, las preocupaciones, los comentarios ajenos o los problemas apaguen esa felicidad de ser instrumento de Dios para traer una nueva vida al mundo. Ocúpate de lo que haya que hacer o preparar, pero sin obsesionarte, y alaba como María: «Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su sierva» (Lc 1, 46-48). Vive ese sereno entusiasmo en medio de tus molestias, y ruega al Señor que cuide tu alegría para que puedas transmitirla a tu niño.
  5. La adopción es un camino para realizar la maternidad y la paternidad de una manera muy generosa, y quiero alentar a quienes no pueden tener hijos a que sean magnánimos y abran su amor matrimonial para recibir a quienes están privados de un adecuado contexto familiar. Nunca se arrepentirán de haber sido generosos. Adoptar es el acto de amor de regalar una familia a quien no la tiene. Es importante insistir en que la legislación pueda facilitar los trámites de adopción, sobre todo en los casos de hijos no deseados, en orden a prevenir el aborto o el abandono. Los que asumen el desafío de adoptar y acogen a una persona de manera incondicional y gratuita, se convierten en mediaciones de ese amor de Dios que dice: «Aunque tu madre te olvidase, yo jamás te olvidaría» (Is 49, 15).

 

Christus vivit

  1. Todavía son «más numerosos en el mundo los jóvenes que padecen formas de marginación y exclusión social por razones religiosas, étnicas o económicas. Recordamos la difícil situación de adolescentes y jóvenes que quedan embarazadas y la plaga del aborto, así como la difusión del VIH, las varias formas de adicción (drogas, juegos de azar, pornografía, etc.) y la situación de los niños y jóvenes de la calle, que no tienen casa ni familia ni recursos económicos»30. Cuando además son mujeres, estas situaciones de marginación se vuelven doblemente dolorosas y difíciles.

 

OTRAS INTERVENCIONES DE FRANCISCO SOBRE EL TEMA

Discurso a los obispos en la Catedral de San Mateo Apóstol, Washington D.C.
Miércoles 23 de septiembre de 2015.
Viaje a Cuba y EE.UU., 19-28.IX.15

Las víctimas inocentes del aborto, los niños que mueren de hambre o bajo las bombas, los inmigrantes se ahogan en busca de un mañana, los ancianos o los enfermos, de los que se quiere prescindir, las víctimas del terrorismo, de las guerras, de la violencia y del tráfico de drogas, el medio ambiente devastado por una relación predatoria del hombre con la naturaleza, en todo esto está siempre en juego el don de Dios, del que somos administradores nobles, pero no amos. No es lícito por tanto eludir dichas cuestiones o silenciarlas. No menos importante es el anuncio del Evangelio de la familia que, en el próximo Encuentro Mundial de las Familias en Filadelfia, tendré ocasión de proclamar con fuerza junto a ustedes y a toda la Iglesia.

 

Indulgencia en el Jubileo extraordinario de la Misericordia
1 de septiembre de 2015

Uno de los graves problemas de nuestro tiempo es, ciertamente, la modificación de la relación con la vida. Una mentalidad muy generalizada que ya ha provocado una pérdida de la debida sensibilidad personal y social hacia la acogida de una nueva vida. Algunos viven el drama del aborto con una consciencia superficial, casi sin darse cuenta del gravísimo mal que comporta un acto de ese tipo. Muchos otros, en cambio, incluso viviendo ese momento como una derrota, consideran no tener otro camino por donde ir. Pienso, de forma especial, en todas las mujeres que han recurrido al aborto. Conozco bien los condicionamientos que las condujeron a esa decisión. Sé que es un drama existencial y moral. He encontrado a muchas mujeres que llevaban en su corazón una cicatriz por esa elección sufrida y dolorosa. Lo sucedido es profundamente injusto; sin embargo, sólo el hecho de comprenderlo en su verdad puede consentir no perder la esperanza. El perdón de Dios no se puede negar a todo el que se haya arrepentido, sobre todo cuando con corazón sincero se acerca al Sacramento de la Confesión para obtener la reconciliación con el Padre.

 

Vuelo de regreso a Roma. Miércoles 17 de febrero de 2016.
Viaje apostólico del Papa Francisco a México (12-18.II.16)

Paloma García Ovejero – «Cope»

Santo Padre, desde hace algunas semanas hay mucha preocupación en diversos países latinoamericanos, pero también en Europa, por el virus «Zika». El riesgo mayor sería para las mujeres embarazadas –hay angustia– Algunas autoridades han propuesto el aborto o evitar el embarazo. En este caso, ¿la Iglesia puede tomar en consideración el concepto de «mal menor»?

Papa Francisco

El aborto no es un «mal menor». Es un crimen. Es echar fuera a uno para salvar a otro. Es lo que hace la mafia. Es un crimen, es un mal absoluto. Sobre el «mal menor»: evitar el embarazo es un caso –hablamos en términos de conflicto entre el quinto y el sexto mandamiento. Pablo vi, el grande, en una situación difícil en África permitió a las monjas usar anticonceptivos para casos de violencia. No hay que confundir el mal de evitar el embarazo, por sí solo, con el aborto. El aborto no es un problema teológico: es un problema humano, es un problema médico. Se asesina a una persona para salvar a otra –en el mejor de los casos– o para vivir cómodamente. Va contra el juramento hipocrático que los médicos deben hacer. Es un mal en sí mismo, pero no es un mal religioso al inicio: no, es un mal humano. Y, evidentemente, como es un mal humano –como todo asesinato– es condenado. En cambio, evitar el embarazo no es un mal absoluto. En ciertos casos, como en este que he mencionado de Pablo VI, era claro. También yo exhortaría a los médicos a que hagan de todo para encontrar también las vacunas contra estos dos mosquitos que contagian esta enfermedad. Sobre esto se debe trabajar.

 

Carta Apostólica Misericordia et misera (20 de noviembre de 2016)

  1. En virtud de esta exigencia, para que ningún obstáculo se interponga entre la petición de reconciliación y el perdón de Dios, de ahora en adelante concedo a todos los sacerdotes, en razón de su ministerio, la facultad de absolver a quienes hayan procurado el pecado de aborto. Cuanto había concedido de modo limitado para el período jubilar14, lo extiendo ahora en el tiempo, no obstante cualquier cosa en contrario. Quiero enfatizar con todas mis fuerzas que el aborto es un pecado grave, porque pone fin a una vida humana inocente. Con la misma fuerza, sin embargo, puedo y debo afirmar que no existe ningún pecado que la misericordia de Dios no pueda alcanzar y destruir, allí donde encuentra un corazón arrepentido que pide reconciliarse con el Padre. Por tanto, que cada sacerdote sea guía, apoyo y alivio a la hora de acompañar a los penitentes en este camino de reconciliación especial.

 

Congreso “Yes to Life! Cuidando del precioso don de la vida en su fragilidad”
Sábado, 25 de mayo de 2019.

Buenos días y bienvenidos. Saludo al cardenal Farrell y le agradezco sus palabras de presentación. Saludo a los participantes en la conferencia internacional “Yes to Life! Cuidando del precioso don de la vida en su fragilidad”, organizada por el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida y por la Fundación “Il cuore in una goccia”, una de las realidades que trabajan todos los días en el mundo para acoger a los niños que nacerían en condiciones de extrema fragilidad. Niños que, en algunos casos, la cultura del descarte define “incompatibles con la vida” y así condenados a muerte.

Pero ningún ser humano puede ser incompatible con la vida, ni por su edad, ni por su salud, ni por la calidad de su existencia. Todo niño que se anuncia en el seno de una mujer es un don que cambia la historia de una familia: de un padre y una madre, de los abuelos y de los hermanos. Y este niño necesita ser acogido, amado y cuidado. ¡Siempre! También cuando lloran, así [aplausos]. Quizás alguien piense: “Pero, hace ruido… vamos a llevárnoslo”. No: esta es la música que todos tenemos que escuchar. Y diré que escuchó el aplauso y se dio cuenta de que eran para él. Siempre debemos escuchar, incluso cuando el niño nos molesta un poco; incluso en la iglesia: ¡que los niños lloren en la iglesia! Alaban a Dios. Nunca, nunca ahuyenten a un niño porque llora. Gracias por el testimonio. (…)

Desafortunadamente, la cultura hoy dominante no promueve este enfoque: a nivel social, el miedo y la hostilidad hacia la discapacidad a menudo llevan a la elección del aborto, configurándolo como una práctica de “prevención”. Pero la enseñanza de la Iglesia sobre este punto es clara: la vida humana es sagrada e inviolable y el uso del diagnóstico prenatal con fines selectivos debe ser desalentado, porque es la expresión de una mentalidad eugénica inhumana, que sustrae a las familias la posibilidad de aceptar, abrazar y amar a sus hijos más débiles. A veces escuchamos: “Vosotros los católicos no aceptáis el aborto, es el problema de vuestra fe”. No: es un problema pre-religioso. La fe no tiene nada que ver. Viene después, pero no tiene nada que ver: es un problema humano. Es un problema pre-religioso. No carguemos a la fe con algo que no le pertenece desde el principio. Es un problema humano. Dos frases solamente nos ayudarán a entender esto: dos preguntas. Primera pregunta: ¿es lícito eliminar una vida humana para resolver un problema? Segunda pregunta: ¿es permisible alquilar un sicario para resolver un problema? La respuesta es vuestra. Este es el punto. No buscar en lo religioso algo que concierne a lo humano. No es lícito. Jamás eliminar una vida humana o alquilar a un sicario para resolver un problema.

El aborto nunca es la respuesta que buscan las mujeres y las familias. Más bien, es el miedo a la enfermedad y la soledad lo que hace que los padres vacilen. Las dificultades prácticas, humanas y espirituales son innegables, pero precisamente por esta razón son urgentes y necesarias acciones pastorales más incisivas para sostener a los que tendrán hijos enfermos. Es decir, es necesario crear espacios, lugares y “redes de amor” a los que las parejas puedan recurrir, así como dedicar tiempo a acompañar a estas familias. Me acuerdo de una historia que supe en mi otra diócesis. Había una niña Down de 15 años que se quedó embarazada y sus padres fueron al juez para pedirle permiso para abortar. El juez, un hombre justo en serio, lo estudió y dijo: “Quiero interrogar a la niña”. “Pero es Down, no entiende…” “No, no, que venga”. La niña de 15 años fue, se sentó allí, comenzó a hablar con el juez y él le dijo: “¿Sabes lo qué te pasa?” “Sí, estoy enferma…” “Ah, y ¿cómo es tu enfermedad?” “Me dijeron que tengo un animal adentro que se come mi estómago, y para eso tienen que hacer una operación” “No… no tienes un gusano que se come tu estómago. ¿Sabes lo que tienes ahí? ¡Un niño!” Y la chica Down dijo: “¡Oh, qué bien!”. Así, pues, el juez no autorizó el aborto. La madre lo quiere. Pasan los años. Nació una niña. Estudió, creció, se hizo abogado. Esa niña, desde que supo su historia porque se la contaron, siempre que era su cumpleaños llamaba al juez para darle las gracias por el don de su nacimiento. Las cosas de la vida. El juez murió y ella ahora se ha convertido en promotora de justicia. ¡Pero mira qué bonito! El aborto nunca es la respuesta que buscan las mujeres y las familias.

 

Qué lindo decir, con todo el corazón y a todos: ¡Feliz Navidad! 

Navidad greco

¡Feliz Navidad!

Dos palabras tan valiosas, que encierran tanto amor, tanta fe, tanta alegría…

Son un regalo, un deseo, una invitación y un compromiso.

Tantas veces decimos estos días estas palabras tan lindas y tan llenas de contenido… 

Es el saludo habitual de esta parte del año. Pero ¿que decimos?

Con ese deseo nos expresamos y nos deseamos mutuamente, al mismo tiempo, el mejor regalo, consejo, deseo y empeño que intercambiamos.

¡Feliz Navidad! significa que deseo para vos que Jesús te haga feliz. Porque El es el único que puede hacerte feliz de verdad. Para eso se encarnó, para eso quiere estar cada vez más cerca nuestro.

Pero para que te haga feliz -por eso es un consejo-, debés abrirle tu corazón, abrirle tu inteligencia, abrirle tu vida, para que se pueda meter y llenarlo todo.

El mejor regalo. Quiero regalarte a Jesús. Su amor, cercanía, su gracia, su grandeza, su gloria. Quiero que lo encuentres como los pastores y los Magos, que vivas tan cerca suyo como María y Jesús.

El mejor deseo, porque Jesús quiere hacerte feliz y llenar tu vida. Y hacer que todos los sucesos de tu vida -los que son buenos y los que parecen malos también- sean camino a la felicidad plena. Como en el pesebre: ¿te has preguntado cómo un lugar tan pobre, incómodo, solitario, puede ser un lugar de tanta paz y tanta alegría?

El mejor consejo. Cuando no deseamos feliz Navidad, nos recordamos mutuamente que la  felicidad la encontraremos en Jesús, y entregándonos como El a los demás, buscando hacerlos felices, con Él y por Él.

El mejor empeño, porque desearte feliz Navidad encierra un compromiso: es como decirte me comprometo a intentar hacerte feliz.

Que con la gracia de Dios, tantos deseos de felicidad, estén muy llenos de contenido y sean tan fecundos como el amor que Dios nos tiene.

Y les deseo a todos, de verdad, con todo el corazón, que tengan una ¡Muy feliz Navidad!

P. Eduardo Volpacchio
Córdoba, 24.12.19

De la cruz del aborto a la gloria del cielo

santos inocentes

Los Santos Inocentes de Belén mueren por el miedo de Herodes a perder el poder, miedo que lo lleva a querer matar al Rey de la Paz.

Hoy otros santos inocentes mueren por el aborto, por miedo a perder bienestar, a complicarse la vida, a la ecología, a la pobreza…

Tristes miedos que llevan a matar, como si con la muerte de inocentes se arreglaran problemas.

Estos versos surgen de relacionar estas muertes y quieren encender la esperanza y la paz en quienes defienden la vida y, a veces, se sienten frustrados ante tanta crueldad.

De la cruz del aborto a la gloria del cielo

Imagino la cruz
Con otro crucificado
En vez de Jesús
Son bebés abortados

Este mundo nuestro
Se redime con dolor
Sufriendo lo injusto
Uno se hace redentor

Aquellos niños inocentes
Que crecían en Belén
Fueron dignos antecedentes
De los que hoy matan también

Este mundo loco
Se ha puesto a sacrificar
No nacidos inocentes
En el altar de la libertad sexual

Paga un precio muy caro
Por no querer controlar
Sus instintos sexuales
Sin verdadera intimidad

Uno deja de ser gente
Cuando intentar justificar
La muerte de un inocente
Para afirmar su propia libertad

Declararlo no querido
No alcanza para eliminar
Su existencia y su destino
Por toda la eternidad

La muerte de tanto inocente
Cuyo vivir es truncado
No deja indiferente
Al Dios que los ha creado

La justicia divina
Llena de misericordia
Transforma toda miseria
Y la hace cauce de gloria

El Creador en su bondad
Con su amor y omnipotencia
Será generoso al compensar
Tanta sufrida violencia.

Y nosotros en sus manos
Confiando en su clemencia
Ponemos también resignados
Toda nuestra impotencia

Inocentes del siglo nuestro
Asesinados hoy sin piedad
Recibirán con creces
Recompensa por tanta crueldad

Dios murió en la cruz
Infundiendo amor en la muerte
La injusticia llenó de luz
Y de vida la hizo fuente

Bebés hoy abortados
Que comparten con Él la cruz
Serán resucitados
Por el poder de Jesús

Y escucharán sorprendidos
Llenos de gozo henchidos:
Hoy estarán conmigo
¡Vengan al paraíso!

EMV
Los Talas, 15 de diciembre de 2019
Aclaración: Estos simples versos, sin ninguna pretensión poética, son sencillamente fruto de un rato de oración.

¿Separarse es una buena solución?*

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La vida, con el diario trajín, con facilidad produce falta de alegría, insatisfacción, frustración, desánimo, cansancio y aburrimiento. Las causas son múltiples –externas e internas– pero no es rara la tentación de atribuirlas casi en exclusiva al matrimonio (que también tiene su parte en el asunto, aunque no en exclusiva…).

Entonces, las dificultades en la relación de pareja recrudecen, se enfría el cariño, se conversa menos, se mete el pesimismo en la relación… y aparecen pequeñas crisis que aunque no sean graves, cansan… Entonces, puede ocurrir que comience a aparecer en la mente –como flashes– el pensamiento de separarse, como una liberación que traería la paz y tranquilidad que faltan.

Pero, este pensamiento agrava las cosas y engaña, ya que presenta como liberador algo que, en realidad, en la mayoría de los casos, posiblemente sea la peor solución, porque no soluciona nada: no arregla la relación sino que acaba por destruirla. Puede haber casos en que una separación temporal -y planteada así, como temporal, para tomar aire y perspectiva- pueda ayudar a mejorar alguna relación matrimonial, pero en la mayoría de los casos, la empeora o rompe definitivamente.

Es obvio que hay casos en los que no queda más que la separación. De todos modos, quien escribe estas líneas está convencido que en muchísimos casos no es el mejor remedio, ya que los motivos que empujan a hacerlo pueden superarse –y los cónyuges tienen muchos motivos para hacerlo–: con creatividad, paciencia y generosidad se pueden resolver muchísimos problemas, diferencias, incomprensiones, arideces, enojos, hartazgos, etc.; puede renacer el amor y ser felices.

Por las dudas, aclaro que está bien lejos de mi intención proponer una política de aguante: pienso que aguantar suele ser de las peores políticas (aunque a veces, aguantar alguna cosa, por un tiempo, puede resultar muy buena política, siempre que no sea incondicional, sea medida, hablada…, y con metas concretas…).

Estoy convencido –basado en la experiencia de muchos años escuchando gente casada– que dos personas medianamente buenas y razonables, que se han casado por amor, son capaces de vivir juntas y ser más felices juntas que separadas. Aunque tendrán que encontrar la forma, los modos, los estilos, etc., que les permitan minimizar las diferencias y maximizar lo positivo que tienen. Entre otras cosas porque no hay marcha atrás: la separación no los devuelve al momento previo a casarse, porque rompe una unión que es parte de su biografía, y no pueden no romperse también ellos (es el ejemplo de dos estatuitas pegadas, que al separarse, cada un queda con parte del otro…) y los hijos.

Suele suceder que la separación saca lo peor de cada uno respecto al otro y produce una espiral de crítica y enojo hacia el otro cónyuge, al que se acaba viendo como causante de todos mis males (cosa que raramente es cierta).

Cuando uno lo está pasando mal, la primera reacción es el deseo de salir cuanto antes de la situación que le produce stress, dolor, incomodidad, etc. Pero corre el peligro de pasar a una situación peor que la anterior. A veces el remedio puede ser peor que la enfermedad. Y antes, habría que buscar -juntos- soluciones, que las hay muchas.

Consecuencias de la separación

Como, de hecho, casi siempre, la madre queda viviendo con los hijos, se deja -de hecho, en el día a día- a los hijos huérfanos de padre. Y se carga a la madre con todo el cuidado diario de los hijos (ya no se reparten las tareas).

Se priva al marido y padre de su propia casa (debe irse a vivir a otro lugar) y su familia (ya no puede vivir con sus hijos). Ya no podrá ver a sus hijos crecer en el día a día, compartir las comidas, emociones y dolores… Su participación en la educación de los hijos será muy esporádica. Se convertirá para ellos en un visitante o cuidador de fin de semana, una especie de extraño muy cercano…

Además se lo condena a la soledad (a vivir solo) o a que busque otra pareja…: que una mujer “eche” al marido de casa, salvo casos de malos tratos, violencia, peligro, infidelidad sistemática…, me parece cruel.

No habrá más vacaciones juntos… para el padre y los hijos es duro.

Y cuando el padre está con los hijos, se da la extraña sensación para la madre de que se trata de una liberación (porque habitualmente ella debe hacerse cargo de todo), como si los hijos fueran un problema.

Normalmente el efecto económico de la separación es notable para todos. Y fuente de muchos nuevos problemas: como es lógico, mantener dos casas es mucho más caro que mantener una, y esto hace que la situación económica decaiga, y se aumenten las tensiones por el dinero.

Los problemas de comunicación se mejoran con comunicación, no rompiendo la comunicación.

Las molestias que provocan formas de ser o defectos del cónyuge, se solucionan con entrega de ambas partes… el amor es capaz de hacer amable algo que molesta.

Si me molestan cosas de mi cónyuge no será poniendo distancia o con pequeñas venganzas cómo lo ayude a cambiar y contribuya a mejorar la relación…

Los problemas de las relaciones se mejorar de muchas maneras, pero romper la relación no la mejora, sino que la acaba de destruir.

Quizá lo primero y más importante sea fomentar la esperanza. Cuando desaparece la esperanza, se acaban las fuerzas, la motivación, todo se hace más difícil, más pesado, más oscuro. Aparece la tibieza, el desánimo, el victimismo… Sin esperanza se hace muy duro vivir. Pero el principal problema… no son los problemas, las dificultades, los obstáculos… es esa falta de esperanza, que agobia, cansa y quita las fuerzas.

Siempre cabe la esperanza. Es una decisión nuestra. Y para un cristiano, además, es extensión de la fe. Nunca hay que dar todo por perdido o por irrecuperable. Con la gracia de Dios, todo es posible.

Y necesitan ayuda. Cuando la relación se empantana… es como una camioneta que se empantana en el barro… cuando más acelera, más se hunde. Necesita que venga un tractor que la saque arrastrando… Y esa camioneta, incapaz de salir con sus propias ruedas, con ayuda sale y sigue su ruta como antes… Necesitan ayuda espiritual y de orientación familiar; y, con frecuencia, también psiquiátrica y psicológica, porque hay defectos de carácter que necesitan para superarse ayuda de terapia y pastillas.

En el próximo artículo, analizaremos algunas soluciones reales a los problemas, soluciones que no crean más problemas de los que querían resolver…

P. Eduardo Volpacchio
Córdoba, 19 de octubre de 2019

*En este artículo me refiero a matrimonios, es decir a un hombre y una mujer que han unido sus vidas en un proyecto de vida común, de cara a los hijos, formando una comunidad de vida y amor estable. Obviamente excluyo noviazgos –que es razonable que se rompan cuando no funcionan–, matrimonios presumiblemente nulos, parejas de hecho, etc.

Para bajar el artículo en Word: Separarse no es una buena solución

Una reflexión moral después de las PASO

No son pocos los de desearían que la Iglesia bajara línea concreta a sus fieles cara a las elecciones.

Hay tres aspectos que ayudan a entender por qué no lo hace.

1) en el ámbito moral hay muy pocos absolutos morales. Porque la vida es muy rica, el punto de referencia son las virtudes, las normas morales no son un reglamento sino exigencias de las virtudes y en casos límites su delimitación puede ser muy finita, hay matices, etc.

2) la conciencia teniendo referencias absolutas es personal, también porque hay casos muy complejos, otros parecidos pero distintos, en los que hay varias virtudes en juego y muchos matices. Obviamente erraría si decidiera actuar contra un absoluto moral, pero en muchos casos puede exigir a personas distintas cosas distintas: porque tiene presupuestos personales y circunstancias distintas, no es un reglamento para aplicar al margen de lo concreto.

3) respeto de la libertad. En política, economía, ordenamiento una sociedad el ámbito de libertad es enorme. La Iglesia no debe quitar la libertad que Dios nos ha dejado. Prefiere quedarse corta que pasarse de largo… Por eso da criterios generales…

CONCLUSIÓN: aunque en principio es ilícito votar a un abortista, es posible hacerlo -rechazando el aborto- por motivos graves. Esto se explica en la entrada anterior de este blog, cuando se explica la posibilidad de cooperar materialmente al mal. Porque se consideran otras necesidades urgentes, no es seguro que lo ponga, etc. Cuanto más abortista sea alguien, más graves deberán ser los motivos para que sea lícito votarlo.

Una vez pasadas las PASO, con uno de los candidatos que ha manifestado que una de sus prioridades será legalizar el aborto, los pro-vidas discuten qué hacer.

Aquí sólo analizo lo moral -qué es lícito hacer-, la decisión personal será guiada por la virtud de la prudencia, que se ocupa de lo que es conveniente hacer.

[Aclaración sobre las distintas funciones de la conciencia y la prudencia. La conciencia juzga la licitud o ilicitud de una acción; la prudencia, qué es conveniente hacer: es decir, busca la acción más acertada (lo que supone que sea lícita: con la injusticia nunca se puede construir justicia].

La prudencia es personal: en nuestro caso concreto, unas personas verán necesario votar a MM ante el peligro de CK (y hasta podrán justificarlo diciendo que es menos abortero y es una posibilidad factible, etc.), mientras que otras verán necesario votar a GC pensando en el largo plazo, que es necesario armar un partido con valores, etc. Y las dos posturas son igualmente válidas desde el punto de vista moral. Unos se inclinarán por una y otros por la otra.

Es razonable intentar convencer a la otra parte de la posición propia, pero respetando la otra posición como válida moralmente.

La libertad es un don muy grande…, que en temas políticos parece patear en contra, pero a largo plazo es una bendición que nos previene de autoritarismos…

En caso de optar por un candidato que promueva el aborto (o que sea ambiguo), se tendrá obligación de intentar  neutralizar las consecuencias malas del voto: votando legisladores pro-vida, trabajando contra el aborto, etc. Que pueda ser lícito votar un candidato a presidente de este tipo, no garantiza que lo sea votar la boleta complete. Lo anterior no es un “permiso”, sino una actuación lícita, siempre y cuando vele por la efectiva realización del bien.

En las PASO llamó la atención el poco corte de boleta a favor de candidatos pro-vida al Congreso. Resulta incomprensible que muchas personas que participaron en marchas por la vida, votaran candidatos a diputados y senadores promotores del aborto (y lo peor es que ni siquiera se dieran cuenta de que lo hicieron).

Y en muchos casos por motivos muy vanos: ignorancia (no sabía cómo hacerlo), pereza (algunos se excusaron de que era muy complicado cortar boleta), miedo a hacerlo mal y que les impugnen el voto…

El voto supone una responsabilidad muy grande, y exige aprender a ejercerlo. Es una obligación seria. Quien quiere votar en conciencia, lo primero que debería hacer es saber a quienes vota (conocer los candidatos de la lista sábana) y saber cómo optimizar su voto, eligiendo de boletas distintas. Es una irresponsabilidad muy grande no analizar el tema como lo merece y no saber llevar a cabo lo que la conciencia manda.

¿Es moralmente lícito votar a un candidato o partido que promoverá el aborto?

[Aclaración: en el n. 3 de las conclusiones había un error: faltaba un “no” que ya ha sido introducido, hoy 26/6/19]

Artículo en Word para bajar: Sobre la licitud moral de votar candidatos favorables al aborto

¿Es moralmente lícito votar a un candidato o partido que promoverá el aborto?

Este artículo está escrito desde la perspectiva de la Ética natural, de manera que no se dirige solo a creyentes sino que es válido para quien reconozca una ética común cognoscible racionalmente.

En el campo político, social y económico los católicos tienen toda la libertad que les da su fe. Son campos con inmensos márgenes de opinabilidad, en los que cada uno piensa y decide cómo le parezca, haciendo uso de su libertad, siempre buscando el bien común. Sólo tienen los límites de la fe y la moral: es la coherencia que deben tener consigo mismo.

La Iglesia siempre ha sido escrupulosamente delicada en este ámbito y nunca indica a quien se debe o no votar. Esto se debe que en este ámbito la línea entre la libertad personal en materia política y la moral es muy finita: y no debe invadir ninguno de los dos campos: ni dejar actuar inmoralmente a los fieles, ni quitarles la libertad que Dios les ha dado.

Como es obvio resulta un deber moral grave conocer la postura de los candidatos sobre los temas morales fundamentales. Sería una omisión importante votar si conocer la opinión de los mismos.

Hay evitar que el apasionamiento político oscurezca el análisis moral del caso, que siempre es concreto (depende candidatos, opciones, tipo de cargos en juego, etc.). No es un cálculo matemático, sino un juicio de conciencia (la conciencia busca discernir la bondad o malicia moral de un acto que va a realizar).

Para justificar el voto a candidatos abortistas, no alcanza con un slogan de campaña del tipo “para no convertirnos en Venezuela”. Ni tampoco, la negación de la posibilidad de la licitud de votar en un caso determinado a un abortista, en el extremo opuesto.

El tema es muy complejo, no puede darse una respuesta válida para todos los casos, pues depende de muchos matices.

Aportamos algunos criterios para el análisis personal.

Daremos cuenta a Dios de las consecuencias conocidas de nuestros votos. Una cosa es que un candidato nos engañe, otra distinta es votarlo sabiendo lo que hará. Esto hace que tengamos que pensar el voto en conciencia, sabiendo que nos jugamos personalmente responsabilidades morales.

Principio general: en principio no es moralmente lícito votar un abortista porque es una clara cooperación al mal.

Ensayo dos explicaciones, una breve y una profunda.

Explicación sencilla.

Votar a un candidato supone –en principio– adherirse a su propuesta, contribuir a que salga elegido para llevarla a cabo, elegirlo como representante propio, de manera que uno participa en la responsabilidad de las cosas que realice con el cargo que consigue con mi voto (está ahí, haciendo eso, gracias a que yo lo voté). El voto me hace “socio” de las cosas que yo sabía que iba a hacer (en este caso, yo sabía que votaría a favor del aborto). Soy además una especie de cómplice necesario: sin mi voto, no sería congresista y no podría votar a favor del aborto. Por tanto, en principio, votarlo equivale a que yo vote a favor del aborto.

Si en mi intención, lo voto compartiendo su postura abortista, ese voto es un pecado mortal. Sin ninguna duda.

Pero si lo votara, rechazando interiormente su postura abortista, por otras razones que me parecen importantes, debería tener motivos muy graves, de muchísimo peso, para que ese voto fuera lícito. Hacerme responsable con mi voto de la posible aprobación de una ley de aborto es una cuestión muy grave.

En caso de que todos los candidatos fueran abortistas, debería votar a quien fuera menos abortista (no sería obligatorio votar en blanco); pero si hubiera uno que no lo fuera, tendría que tener una causa mucho muy grave para no votarlo y votar a un abortista.

Explicación teológica.

Cuando una acción mía –en sí misma buena o indiferente– contribuye a la acción mala de otra persona, estamos ante un caso de cooperación al mal. Es un tema muy estudiado en la Teología Moral.

En la vida profesional y social es frecuente que se den este tipo de casos. Sucede, por ejemplo, cuando el dueño de un supermercado vende bebidas alcohólicas quien se va a emborrachar, ya que está cooperando con su borrachera.

¿Cómo saber si es moralmente lícito o no hacer una acción, que servirá a otra persona para hacer algo malo?

Comencemos dejando sentado otro principio general: tenemos obligación de cooperar al bien y de no cooperar al mal.

Pero podrían presentarse casos en los que tengo que hacer algo bueno a pesar de que otra persona se aproveche de ello para obrar mal. Se trata de una cooperación material al mal que podría ser lícita.

El análisis de la licitud se hace recurriendo al estudio de las acciones de doble efecto (acciones que tienen un efecto bueno y uno malo).

El estudio requiere considerar primero la necesidad que tengo de hacer esa acción: si no hubiera verdadera necesidad de realizar la acción que coopera al mal, no sería lícito hacerla.

En caso de que considere necesario hacerlo, habrá que estudiar cuatro condiciones de licitud:

  • la bondad de mi acción (que no sea mala en sí misma),
  • la conexión entre ella y el efecto malo no deseado (que mi acción no sea la causa directa de la malicia de la acción del otro),
  • mi intención (que sea buena),
  • y la proporcionalidad entre la necesidad de lo que busco y la malicia del efecto malo.

La acción será lícita si tengo necesidad real de hacerla y las cuatro condiciones se cumplen.

Apliquémoslo al caso de votar a un candidato abortista:

En primer lugar hay que descartar mi intención de adherirme a la acción mala de la otra persona. En nuestro caso, si yo votara a un favorable al aborto, porque es favorable al aborto, mi voto es siempre un pecado mortal. No cabe duda.

Pero ¿qué pasa cuando quiero votarlo –no por ser abortista, ya que yo estoy contra el aborto–, sino a pesar de que lo sea, porque me interesan otras propuestas de ese candidato, o me preocupan las consecuencias económicas o ideológicas de que gane otro…?

Estaríamos ante un típico caso de cooperación al mal: yo no quiero el mal que hace el otro, pero de algún modo contribuyo al mismo. Estaría votando a un candidato que me parece bueno y que hará mucho bien, aunque en su plataforma incluya el aborto (que sería un efecto no querido de mi voto). ¿Es lícito hacerlo?

En nuestro caso, supuestas las tres primeras condiciones, el punto clave es el siguiente: ¿hay proporcionalidad entre el peligro de aprobación de una ley de aborto y los motivos sociales, políticos, económicos, etc., que me llevan a querer votar por ese candidato?

1) Riesgo de aprobación de la ley: cuánto más probable sea que se sancione la ley, más graves deben ser los motivos que puedan justificar el voto. Cuanto menos probable sea que se sancione la ley, menos graves deberán ser para poder votarlo. En las décadas anteriores cuando no se trataba el proyecto de aborto en el Congreso, la cooperación era muy remota. Cuánto más probable sea que se trate la ley, más graves deben ser los motivos que justifiquen favorecer a un abortista ganar las elecciones.

2) Proporción entre la gravedad de una ley de aborto y el peligro que quiero evitar votando a ese candidato. Siendo el valor de la vida humana algo tan importante para la sociedad, si bien no puede descartarse que esta proporción sea posible, debería ser motivos de mucha gravedad. El precio de una ley de aborto es un precio demasiado caro a pagar para conseguir otras cosas, por muy buenas que sean.

Otra distinción

También hay que tener en cuenta si estoy votando cargos ejecutivos o legislativos. Ya que debería realizar dos análisis diferentes.

En el caso de elecciones legislativas, teniendo una opción defensora de la vida, no parece que pueda ser lícito votar una lista de candidatos que estén a favor del aborto, porque con mi voto estoy cooperando bastante directamente a la instauración del aborto.

Si la lista de candidatos está mezclada, tendré que analizar quienes pueden ser realmente elegidos.

Es importante recordar que en las elecciones de parlamentarios, tengo obligación positiva de ayudar a candidatos defensores de la vida a llegar al Congreso.

Conclusión

Tengo obligación de velar por el bien común con mi voto, lo que incluye la defensa de la vida.

En algún caso, por motivos graves, podría llegar a ser lícito votar a un candidato abortista.

Y ese caso, la persona que decida votar a un abortista deberá  estudiar mucho como compensa los efectos negativos de su voto a través del corte de boleta, votando diputados y Senadores mayoritariamente defensores de la vida, etc.

La cooperación al mal no es un “permiso” para obrar mal. Surge de la necesidad de hacer el bien, que en alguna ocasión me expone al riesgo de cooperar al mal que no hago, ni quiero, pero no puedo evitar.

Y deberá evitar el escándalo explicando muy bien a los demás por qué hace lo que hace y cómo buscó disminuir los efectos negativos del propio voto.

La decisión en conciencia debe tomarla cada uno, bien estudiado el asunto y meditado en la oración, sabiendo que dará cuenta a Dios de su voto.

Consejos prácticos a partir de lo expuesto:

  1. Conocer la postura sobre el aborto de los candidatos a presidente y vice, gobernador y vice, los dos senadores y los primeros de la lista de diputados, intendente y primeros de la lista de concejales. Votar sin saberlo sería cometer un pecado de imprudencia posiblemente grave. Encontrarás información en cualquier movimiento pro-vida.
  2. En una lista de candidatos a diputados y concejales habrá que ver cuántos candidatos pro-vida y pro-aborto hay en los primeros lugares (quienes entrarían al Congreso con mi voto), para analizar si con mi voto estoy apoyando la vida o el aborto. En cargos legislativos parece más difícil que se de la proporcionalidad que permita la cooperación al mal.
  3. Por ejemplo, votar una lista formada por dos candidatos a Senadores abortistas es pecado grave, porque no parece que pueda haber una causa grave que pudiera hacer lícita esta cooperación al mal. Si hubiera candidatos a legisladores pro-vida habría obligación de votarlos.
  4. Pudiendo ser lícita, por una causa grave, la votación de un candidato a presidente que apoye el aborto, no deja de ser recomendable votar en primera vuelta a un candidato pro-vida aunque no tenga posibilidades de ganar.
  5. En caso de decidir apoyar, por una causa grave, a un candidato presidencial favorable al aborto, debería cortar boleta, y votar legisladores favorables a la vida.

A mí personalmente, no me gustaría exponerme a cargar sobre mi conciencia la sanción de una ley de aborto y todas sus consecuencias. Porque como es obvio, los culpables de una ley son responsables de todo el mal que la ley realice.

 

Eduardo Volpacchio
Doctor en Teología Moral
25.6.2019

 

ANEXO

Adjunto la Carta que el Card. Ratzinger envió a los Obispos de los Estado Unidos sobre el tema en junio de 2004.

Se debe tener en cuenta que la carta responde a la situación concreta de Estados Unidos y no puede ser generalizada sin más. Una diferencia de situación importante es que en USA la ley de aborto estaba vigente. Es decir, el voto de un candidato abortista en principio no cambiaría la situación legal del aborto. Es el caso en que en una elección hubiera peligro de que el aborto fuera legalizado, la nota aclaratoria hubiera sido mucho más exigente.

 

Carta del Cardenal Ratzinger a los obispos de Estados Unidos:

Dignidad para recibir la Sagrada Comunión

Principios Generales

  1. El presentarse para recibir la Sagrada Comunión debería ser una decisión consciente, basada en un juicio razonado respecto de la propia dignidad para hacerlo, según los criterios objetivos de la Iglesia, haciéndose preguntas como: “¿Estoy en plena comunión con la Iglesia Católica? ¿Soy culpable de algún pecado grave? ¿He incurrido en una pena (p.ej. la excomunión, el entredicho) que prohíbe que reciba la Sagrada Comunión? ¿Me he preparado ayunando por lo menos una hora antes?” La práctica de presentarse indiscriminadamente a recibir la Sagrada Comunión, simplemente como consecuencia de estar presente en la Misa, es un abuso que debe ser corregido(cf. Instrucción Redemptionis Sacramentum, números 81, 83).
  2. La Iglesia enseña que el aborto o la eutanasia son pecado grave. La Carta Encíclica Evangelium vitae, respecto de decisiones judiciales o leyes civiles que autorizan o promueven el aborto o la eutanasia, declara que existe “una grave y clara obligación de oponerse por la objeción consciente. En el caso de una ley intrínsecamente injusta, como una ley que permite el aborto o la eutanasia, nunca es lícito por tanto obedecerla, o ‘participar en una campaña de propaganda a favor de tal ley o votar por ella’” (n. 73).

Los cristianos tienen “una grave obligación de conciencia de no cooperar formalmente en prácticas que, aún permitidas por la legislación civil, son contrarias a la ley de Dios. En efecto, desde el punto de vista moral, nunca es lícito cooperar formalmente con el mal. …Tal cooperación nunca puede ser justificada invocando el respeto a la libertad de otros o apelando al hecho de que la ley civil lo permite o lo requiere” (n. 74).

  1. No todos los asuntos morales tienen el mismo peso moral que el aborto y la eutanasia. Por ejemplo, si un católico discrepara con el Santo Padre sobre la aplicación de la pena de muerte o en la decisión de hacer la guerra, éste no sería considerado por esta razón indigno de presentarse a recibir la Sagrada Comunión.

Aunque la Iglesia exhorta a las autoridades civiles a buscar la paz, y no la guerra, y a ejercer discreción y misericordia al castigar a criminales, aún sería lícito tomar las armas para repeler a un agresor o recurrir a la pena capital. Puede haber una legítima diversidad de opinión entre católicos respecto de ir a la guerra y aplicar la pena de muerte, pero no, sin embargo, respecto del aborto y la eutanasia.

  1. Aparte del juicio de un individuo respecto de su propia dignidad para presentarse a recibir la Santa Eucaristía, el ministro de la Sagrada Comunión se puede encontrar en la situación en la que debe rechazar distribuir la Sagrada Comunión a alguien, como en el caso de un excomulgado declarado, un declarado en entredicho, o una persistencia obstinada en pecado grave manifiesto (cf. Can. 915).
  2. Respecto del grave pecado del aborto o la eutanasia, cuando la cooperación formal de una persona es manifiesta (entendida, en el caso de un político católico, como hacer campaña y votar sistemáticamente por leyes permisivas de aborto y eutanasia), su párroco debería reunirse con él, instruirlo respecto de las enseñanzas de la Iglesia, informándole que no debe presentarse a la Sagrada Comunión hasta que lleve a término la situación objetiva de pecado, y advirtiéndole que de otra manera se le negará la Eucaristía.
  3. Cuando “estas medidas preventivas no han tenido su efecto o cuando no han sido posibles”, y la persona en cuestión, con obstinada persistencia, aún se presenta a recibir la Sagrada Comunión, “el ministro de la Sagrada Comunión debe rechazar distribuirla” (cf. Declaración del Pontificio Consejo para los Textos Legislativos “Sagrada Comunión y Divorcio, Católicos vueltos a casar civilmente” [2002], números 3-4).

Esta decisión, propiamente hablando, no es una sanción o una pena. Tampoco es que el ministro de la Sagrada Comunión está realizando un juicio sobre la culpa subjetiva de la persona, sino que está reaccionando a la indignidad pública de la persona para recibir la Sagrada Comunión debido a una situación objetiva de pecado.

Nota aclaratoria: Un católico sería culpable de cooperación formal en el mal, y tan indigno para presentarse a la Sagrada Comunión, si deliberadamente votara a favor de un candidato precisamente por la postura permisiva del candidato respecto del aborto y/o la eutanasia.

Cuando un católico no comparte la posición a favor del aborto o la eutanasia de un candidato, pero vota a favor de ese candidato por otras razones, esto es considerado una cooperación material remota, la cual puede ser permitida ante la presencia de razones proporcionadas.Principio del formulario

 

Análisis preliminar del proyecto de Código Penal en relación al aborto y el inicio de la vida

Informe de Jorge Nicolás Lafferriere

El 25 de marzo de 2019 el Poder Ejecutivo Nacional presentó en el Senado de la Nación el proyecto de nuevo Código Penal. En este boletín presentamos un primer y rápido análisis del texto en relación al aborto y los delitos vinculados con el inicio de la vida.

1) Descripción de los cambios con relación al Código Penal actual en artículos 85-88:

Desde lo metodológico, el aborto continúa siendo un delito contra las personas y más específicamente contra la vida.

Se modifica la redacción del inciso referido al aborto no punible por peligro para la vida de la madre y se precisa que el peligro refiere a la salud “física o mental”. Actualmente sólo dice “salud”. Este cambio puede interpretarse parcialmente como más restrictivo, pues actualmente el Código Penal sólo habla de la “salud” sin especificaciones. La nueva redacción excluye los supuestos de peligros para la salud “social”, pero explicita los casos de la salud “mental”. Este punto es problemático. Sin embargo, se mantiene la frase referida a que el peligro no pueda ser evitado por otros medios, que ya está en el texto vigente, lo que constituye una restricción importante en este punto. Entendemos que este inciso debe ser interpretado como compatible con la doctrina del aborto indirecto, siempre y cuando no se proceda a realizar un aborto en forma directa y se cumpla las condiciones de tal situación.

Se reemplaza la actual redacción del art. 86 inciso 2 sobre el caso de aborto no punible si el embarazo fue fruto de una violación o atentado al pudor sobre mujer idiota o demente. Se recurre a la expresión más amplia de “abuso sexual”. En este punto, el texto resulta merecedor de las críticas que se formularon en su momento al fallo FAL que significó interpretar el citado artículo 86 inciso 2 en forma amplia y extensiva a todo abuso sexual.

Se incorpora la figura de aborto culposo, es decir, cuando es causado “por imprudencia, negligencia o por impericia en su arte o profesión o inobservancia de los reglamentos o deberes a su cargo” (art. 87.2). Actualmente el CP no legisla este caso como delito.

Se incorpora una norma que permite al juez dejar en suspenso o eximir de pena a la mujer, “teniendo en cuenta los motivos que impulsaron a la mujer a cometer el hecho, su actitud posterior, la naturaleza del hecho y las demás circunstancias que demuestran la inconveniencia de aplicar pena privativa de la libertad” (art. 88).

Se baja el máximo de la pena para la mujer que comete su propio aborto (art. 88), que pasa a ser de 3 años. Habrá que ver cómo se conjuga ello con las disposiciones de la parte general en tanto en el código vigente, si la pena no supera los 3 años, siempre es posible su cumplimiento condicional (art. 26 CP texto actual). Según podemos apreciar el proyecto mantiene ese criterio.

2) Otros textos vinculados con el inicio de la vida

Se incorpora el infanticidio como figura atenuada del homicidio, de modo que según el artículo 81.3, se impondrá prisión de 3 a 6 años, “a la madre que matare a su hijo durante el nacimiento o inmediatamente después, en circunstancias extraordinarias de atenuación”.

Se incorporan tres artículos sobre el delito de lesiones a la persona por nacer (arts. 95 a 97), que sancionan con prisión de 1 a 4 años “al que causare a una persona por nacer una lesión o enfermedad que perjudique gravemente su normal desarrollo o provoque en él una grave afectación física, o mental” (art. 95). En el artículo 96 se contempla la figura culposa con pena de prisión de 6 meses a 2 años o de 6 a 24 días-multa. Y en el artículo 97 se aclara que no son punibles las lesiones a la persona por nacer que sean causadas por la propia mujer embarazada.

En el artículo 100, ubicado entre los delitos por tratamientos médicos no consentidos, se sanciona en forma agravada el hecho de realizar un tratamiento médico sin el debido consentimiento si se trata de “un acto de violencia obstétrica”.

Se incorporan nuevos delitos que sancionan la manipulación genética. El artículo 439 dispone que “se impondrá prisión de 2 a 6 años y 24 a 72 días-multa, al que realizare prácticas tendientes a hacer nacer un ser humano genéticamente idéntico a otro vivo o muerto”. Por su parte, según el artículo 440, se impondrá la misma pena “al que transfiera a una mujer o a un animal un embrión de una especie diferente a la receptora, o formado como consecuencia de fusionar embriones de especies diferentes, utilizando para ello al menos un embrión humano”.

3) Algunos comentarios iniciales

Como todo nuevo código, la valoración de la nueva redacción debe ser hecha considerando todo el articulado, especialmente la parte general. Se trata de apreciar cuál es la política legislativa subyacente para determinar la relevancia que se otorga al bien jurídico de la vida humana y cómo se procura conjugar los otros bienes en juego, como la protección de la maternidad vulnerable y la búsqueda de alternativas para salvar las dos vidas. Así, por ejemplo, en los artículos 95, 96 y 97 se regula lo relativo a las lesiones a la persona por nacer, reconociendo su carácter de persona.

La redacción propuesta para el delito de aborto resulta mucho más acotada en sus modificaciones que anteriores proyectos de modificación del Código Penal.

La ampliación de la redacción del aborto no punible por “abuso sexual” es el punto más cuestionable del proyecto (art. 86.2.2). Se sigue al fallo FAL lo que conlleva una incoherencia del sistema penal con las disposiciones constitucionales y convencionales que protegen la vida desde la concepción y con las otras normas que protegen el derecho a la vida como bien jurídico protegido.

En cuanto a la posibilidad de eximir de pena a la mujer, como potestad del juez (art. 88), algunos penalistas interpretan que esa cláusula puede dar lugar a interpretaciones abusivas que la transformen en una regla de no punibilidad. Otros penalistas discrepan con tal interpretación y consideran que se trata de un supuesto de excepcionalidad, que respeta el carácter de injusto del aborto, pero modera los efectos de la aplicación de la pena en el caso concreto.

La subsistencia de los casos de abortos no punibles y la existencia de protocolos de actuación para tales supuestos, configuran una situación que ha promovido el aborto, ha generado la impresión de que existen casos de abortos “legales” y ha generado las condiciones para una indebida presión sobre los médicos para obligarlos a realizar abortos. El proyecto no trae modificaciones en este punto.