Cómo “confesarse” durante la cuarentena

Así como existe la comunión espiritual,
podríamos hablar de una confesión espiritual

hijo-pródigo-va-e1522452646575

La misericordia de Dios siempre actúa, también en tiempos de iglesias cerradas o imposibilidad de salir a la calle.

La Semana Santa es el tiempo del año por excelencia para acudir a la confesión. Si acompañamos al Señor en su Pasión redentora, queremos hacerlo con el alma lo más limpia posible, purificados de todo pecado.

¿Qué hacer cuando no puedo confesarme?

Primero un poco de doctrina sobre la confesión, para entender de qué se trata lo que vamos a hacer.

El sacramento de la confesión es el medio ordinario para el perdón de los pecados. Pero Dios no se ata las manos, su acción va más allá de los sacramentos.

La Teología enseña que un acto de contrición perfecta, con el propósito de confesar cuánto antes se pueda, perdona los pecado mortales y devuelve la gracia santificante. No permite comulgar todavía (salvo caso de necesidad, cosa muy rara), pero el alma está en gracia. Es decir, Dios le ha perdonado el pecado, anticipativamente a la confesión que uno desea pero no puede hacer.

La contrición es el dolor de los pecados: el arrepentimiento  por los pecados concretos que uno tiene. Cuando ese dolor es motivado por el amor a Dios (por ser tan bueno que no merece que lo ofendamos, porque nos duele haber ofendido a quien nos quiere tanto), la contrición es perfecta (porque es un dolor perfecto). Cuando ese dolor es motivado por la fealdad del pecado, por miedo al infierno, por ganas de irse al cielo… (es decir, motivos que siendo buenos, no son el amor a Dios por Él mismo), la contrición es imperfecta: es buena, pero no es perfecta, y no alcanza para el perdón de pecados mortales fuera de la confesión (sí para el perdón de pecados veniales).

Por eso hemos de fomentar el amor, que haga perfecta nuestra contrición. ¿Cómo hacerlo?

Te recomiendo hacerlo con calma, como fruto de un buen rato de oración.

Ante un crucifijo o imagen de la Divina Misericordia.

Contale a Jesús cómo te gustaría confesarte. Incluso donde, con quién… Hasta te podés imaginar haciéndolo.  Explícale que no podés…

Podés meditar un pasaje del Evangelio: por ejemplo la parábola del hijo pródigo (en el capítulo 15 del Evangelio de San Lucas). Así podrás aumentar tu sentimiento de la necesidad del perdón de tan buen padre.

Después hacé un buen examen de conciencia, para que el arrepentimiento sea concreto. Despacio, sin apuro. Si hace mucho que no te confesás, quizá te ayude buscar un examen de conciencia en la web (basta poner en Google: examen de conciencia para la confesión).

Después expresale a Jesús tu dolor por haberlo ofendido (podés  repasar cada uno de los pecados que has descubierto, para pedir perdón por ellos, uno por uno).

Contale a Jesús que hacés el propósito de confesarse en cuanto puedas.

Intentá hacer algún propósito respecto a los pecados que le has pedido perdón (contale a Jesús como quisieras ser en cada una de esas cosas).

Rezá el pésame o cualquier acto de contrición que conozcas o te guste.

Y ¡a disfrutar de la gracia!

P. Eduardo Volpacchio
Córdoba, 8 de abril de 2020

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s