¡¡¡Muy Felices Pascuas!!!

Les participo la homilía que predicaré en un par de horas. Estarán presentes en la Vigilia, celebrando junto a la Virgen, la gloriosa resurrección de su Hijo.

Vigilia Pascual 2013

En la oscuridad las santas mujeres se dirigen al sepulcro. Entran en la oscuridad de la cueva. Y ¿qué es lo que encontraron? Buscaban un muerto. Un muerto al que aman mucho, pero muerto al fin. Encuentran la vida, una vida que quiere transformarlas en nuevas criaturas. Van a la oscuridad, encuentran la luz.

Comenzamos la ceremonia en la oscuridad. Es la oscuridad de la noche. Pero no de la noche horaria, sino de la noche existencial del hombre sin Dios. Si Jesús está muerto, todo está a oscuras. Si Jesús no está en mi vida, estoy a oscuras. Cuando nos quedamos solos, nos quedamos a oscuras.

¿Qué es esta  explosión de vida que es la resurrección? No podemos entenderlo porque es un misterio sobrenatural.

Repasemos los signos que nos lo muestran a la luz de las lecturas.

Luz. La creación. Lo primero que crea Dios es la luz. La luz es vida, hace posible la vista y con ella el sentido, la belleza, y tantas posibilidades. Es alegría, fuego, energía… Es la imagen más inmediata de Dios: Él es toda Luminosidad, Vida, Verdad, Luz.

¿De dónde sale la luz que necesitamos? No de nosotros: de Cristo. El cirio Pascual es Cristo.

Y ¿cómo la recibimos? La fe enciende la luz: cuantos a oscuras no porque sean ciegos, sino porque no tienen luz.

La oración activa personalmente la luz: porque hace que la fe,  ilumine y encienda la vida. Nos hace superar las tinieblas de nuestra oscuridad y de la oscuridad del pecado. Hemos de abrir la propia oscuridad a la luz de Cristo.

Luz transformadora: luminosidad y calor, luminosidad y energía transformadora del fuego. Una luz que es fuego: verdad y amor van juntos. Fe y caridad. Luz que enciende los corazones. No luz fría, muerta, sino luz viva, explosiva, divina.

Agua. Viene después de la homilía: renovaremos las promesas bautismales y bendeciremos el agua con que seremos aspergidos.

Paso del Mar Rojo. Paso del Jordán. Dejar atrás la vida de esclavitud, el desierto, nacer a una vida plena en la tierra prometida. El Bautismo.

Agua: vida, limpieza, pureza, claridad. Sacia la sed, alimenta. Frescura.

El bautismo: esa vida resucitada de Cristo, se hace nuestra. Vivimos su triduo pascual: morimos, somos sepultados y resucitamos. Esa agua que sale del costado de Cristo es nuestra vida.

Bautismo, lavado que no solo lava, es un nuevo nacimiento. Antes de ser bautizados no existíamos. Resurrección de Cristo que es una explosión de vida: una nueva creación. En la resurrección de Cristo nace un nuevo mundo: el hombre nuevo, los nuevos cielos y la nueva tierra tienen su big-bang.

Manantial fresco de vida, que se hace en nosotros torrentes de agua viva. Con su fuente en el Espíritu Santo, presente en nuestras almas.

Aleluia: canto de alegría. Cuando se experimenta una alegría grande, no se vive en silencio, se canta, se grita. La Iglesia explota y con ella la Iglesia, y todos. Para el hombre alcanzado por la resurrección, por la vida de Cristo, hablar no es suficiente, tiene que cantar. Su alegría le desborda.

Que tengamos luz. Señor, que tengamos tu luz. Que nuestra vida esté iluminada.

No permitas que la oscuridad del odio, de la envidia, del espíritu crítico, oscurezca tu alma.

Que seamos luz que ilumina. Que no conservemos la luz dentro del alma.

Que seamos torrente de agua fresca que vivifica por la acción del Espíritu Santo todas las cosas y personas que tratamos.

Que seamos alegría para todas las personas que nos rodean.

Es el gran tema de las primeras dos semanas del Pontificado del Papa Francisco: que salgamos de nosotros  mismos.

En el inicio de Pontificado: nos pedía que a ejemplo de San José seamos custodios, vivamos para custodiar.

En la primera Audiencia General: hablando de la Semana Santa nos invitaba a salir de nosotros mismos, a ir a más, a la valentía de salir, de ir a la periferia de la vida.

El Jueves en la Misa Crismal: el sacerdote es un ser para los demás, tiene salir de sí mismos, ungido para ungir ha de vivir para ungir con su vida.

Y hoy en la Vigilia Pascual, decía: “¡no nos cerremos a la novedad que Dios quiere traer a nuestras vidas! Con frecuencia estamos cansados, decepcionados, tristes, sentimos el peso de nuestros pecados y pensamos que no conseguiremos vencer. No nos cerremos en nosotros mismos, no perdamos la confianza, no nos resignemos nunca: no hay situaciones que Dios no pueda cambiar”.

Abrirse, abrir el alma a Dios, a la gracia, a la oración, a los demás.

Si encerráramos la luz, se haría oscuridad; si encerráramos el agua se pudriría,  y si escondiéramos la alegría, la entumeceríamos.

Esa luz no es sólo para nosotros, es para que a partir de nosotros ilumine a los demás. Es agua no es sólo para vivificarnos a nosotros, es para que a partir de nosotros santifique a los demás. Esa alegría no es para encerrarla, sino para hacerla llegar a todos aquellos que todavía no experimentan la alegría de resucitar con Cristo.

Esta vida divina que sale del sepulcro –Cristo Resucitado- quiere transformarnos. Dejémonos iluminar, llenar, encendamos la alegría. Pidamos para toda la Iglesia este salir de nosotros mismos, esta apertura generosa que necesitamos para seguir a Cristo de cerca, como el Santo Padre nos pide.

 

P. Eduardo Volpacchio

 

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