La locura de un “matrimonio ecológico”

(Homilía predicada con ocasión de un matrimonio)

La locura de amar y el cuidado del ambiente

Hoy es un día único para Vicky y Alfonso. Lo que van a hacer, les cambiará la vida de tal manera que comenzarán a vivirla de un modo nuevo. ¿Qué es lo que van a hacer?

Su casamiento nos da una gran oportunidad para proclamar la grandeza del amor verdadero.

Nuestro tiempo necesita que le hablen mucho de la grandeza del amor y necesita verlo hecho realidad en la vida de algunas personas. Sólo así superará el escepticismo y comprobará que el gran ideal de amar es posible.

Vamos a ser testigos de uno de los actos de amor más grandes que existen: la entrega de la propia vida. Un dar la vida que engrandece, y consiste en entregarla, para recuperarla enriquecida para vivirla de un modo nuevo, pleno. Entregarla sin perderla, entregarla para encontrarla enriquecida. Es el ABC de la filosofía del amor cristiano.

Vicky y Alfonso -desde cierto punto de vista- están locos. En pocos momentos, van a entregar la vida, uno al otro, de modo total e irreversible. En palabras bíblicas, se  van a hacer una carne, van a alcanzar una unidad muy especial, que sólo el matrimonio puede dar. Una unidad que define la existencia de cada uno de ellos, de aquí en adelante y la realiza.

Repito que están locos, porque efectivamente sólo quien está loco puede hacer algo semejante.

Pero en la perspectiva del amor auténtico, total, esa locura se convierte en algo razonable: lo que van a hacer pertenece a la lógica del amor. Para poder alcanzar el amor en plenitud hay que hacer esta locura. Para quien ama de verdad, resulta lógico; para quien no ama de verdad, una locura. Por eso, espero que para todos Uds. resulte lógico, ya que es un termómetro de su capacidad de amar.

Permítanme que analice un poco esta lógica-locura del amor.

El hombre ser realiza existencialmente a través del amor. Como pueden entender no me refiero al amor como una emoción transitoria y provisional, que busca la propia satisfacción; sino ese que es algo muchísimo más grande, de otra dimensión.

El amor total es posible. Un amor pleno, perfecto (dentro de las limitaciones de una persona con defectos, como somos todos nosotros). Un amor que abarque toda la vida, en extensión y profundidad.

El amor para ser total, debe cumplir dos condiciones: debe ser exclusivo (uno con una) y definitivo (fiel y para siempre). Sólo la exclusividad y la definitividad hacen posible un amor pleno.

Este amor total, en el cristianismo se realiza de dos maneras: en el celibato y en el matrimonio: dos modos de amor total, en los que la persona, entregándose a sí misma, se realiza existencialmente.

Se trata de una entrega muy particular, con unos resultados paradójicos. Hay cosas que cuando las das, las pierdes. En la dinámica del amor cristiano, sucede algo totalmente diferente: cuando se entrega la vida por amor, se la recupera enriquecida. Es la lógica del grano de trigo. Jesús al dar la vida, la recupera gloriosa. Vicky le entrega su vida a Alfonso, y Alfonso le entrega su vida a Vicky. El resultado es que cada uno de ellos recupera su vida enriquecida: ya no es más sólo la vida de Vicky, su vida se ha enriquecido con Alfonso. Y lo mismo le pasará a Alfonso.

Sólo en ese contexto -amor total, exclusivo y definitivo- puede existir la confianza incondicional que permite la entrega y que hace feliz.

¿Por qué hoy Vicky entrega su vida a Alfonso? Porque lo quiere con amor total. Y eso es posible porque confía en él. Confía con una confianza absoluta. Y ¿por qué confía? Porque Alfonso en el noviazgo le ha mostrado que es confiable, pero sobretodo porque lo quiere: el amor hace que quiera confiar en él lo suficiente como para entregarle la vida. ¿Por qué Alfonso entrega su vida a Vicky? Porque confía en ella con una confianza absoluta. ¿Por qué pueden confiar así mutuamente? Porque se entregan la vida en el matrimonio. Lo que hacen hoy es fruto de la confianza y al mismo tiempo causa de la confianza de ahora en adelante.

El amor en serio, pleno, sólo es posible con una confianza así. Si confío y garantizo confianza; entonces, es posible la intimidad plena que los une. La profundidad de la unión de una pareja depende de esta confianza, que lleva a la entrega y procede de la entrega.

Esto explica que sólo en el matrimonio se realiza plenamente el amor entre un hombre y una mujer. Y por eso es natural que quienes no se quieren así -con un amor total- no se casen: ya que no confían y ni ofrecen semejante confianza. Quieren que su amor, permanezca así: provisional, inestable; no quieren hacerlo total.

El matrimonio no es un papelito que vamos a firmar al final de la ceremonia: es la entrega mutua que van a realizar con una decisión irrevocable de unir sus personas y sus vidas, expresada en las palabras del consentimiento matrimonial. Una entrega que produce su unión existencial, llamada a ser fecunda, tan fecunda como el amor que se tienen.

Y Dios bendice esa unión, se involucra en ella, para engrandecerla, asegurarla y hacerla partícipe de su poder creador.

Esta entrega de amor que los va a unir del todo y para siempre, es al mismo tiempo un compromiso: el compromiso de vivirla en el clima de amor que los llevó a casarse. Y esto, no es sólo para Uds. sino para todos los casados aquí presentes.

En este contexto, se me ocurre que podríamos hablar de una ecología del matrimonio, de la necesidad de cuidar el medio ambiente. El ambiente de cariño, comprensión y generosidad;  alegre y sacrificado. El ambiente en el cual, el amor se expande y se engrandece. Cuiden el medio ambiente sobrenatural y afectivo.

Un matrimonio ecológico, es un matrimonio lleno de vitalidad y libre de contaminación, de sustancias contaminantes, pero no CO2 sino otro tipo de contaminantes mucho más peligrosos: egoísmo, pereza, soberbia… los siete pecados capitales son contaminantes. El mal humor es de los peores contaminantes. Y la alegría el clima del paraíso, anticipo del cielo.

¡Qué bueno que se quieran! Da gusto ver gente que se quiere de verdad, que sabe amar, que por lo mismo, se entrega. Tiene un amor tan  grande que los lleva a dar la vida.

Hay quienes piensan que los compromisos quitan libertad. Pero el amor entregado es le verdaderamente libre. ¿Libre de qué? Libre de egoísmo, celos, envidias, materialismo, miedos, desconfianza…

Es el amor humano y sobrenatural.

Es exigente, pero ¿qué puede ser más exigente y lindo que el amor? Porque es glorioso. Benditos los que se animan a querer de verdad.

Pobrecitos los que no son capaces de entregarse y se conforman con sucedáneos berretas del amor verdadero.

El mundo necesita testigo de este amor. Las familias cristianas son en este momento histórico, referencia para el mundo entero. Están llamadas a realizar lo que todos sueñan, mostrándoles que es posible.

Los cristianos tenemos la gracia de Dios, de un Dios que es amor. Nos llama a su amor y nos lo concede.

¿Cómo vivir ese amor pleno que todos deseamos para nosotros mismos?

Alimentando el amor humano con el amor divino, que lo sana y eleva. Y teniendo activado un buen antivirus, para conservar el ambiente sano.

Ponemos en manos de la Sagrada Familia, esta familia que hoy comienza. Mirénse en María y José, busquen en ellos la luz y las fuerzas. Y serán reflejo de la bendita familia que ellos formaron y que es modelo para todas las familias.

 

Eduardo Volpacchio

5-5-2012

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