¿Cuanto cuesta una Misa?

En estos días he recibido un mail, en el que escuetamente me comentan sobre el valor de una Misa:

Una misa de un funeral cuesta para los pobres y para los ricos. Casarse….cuesta dinero. Una misa cuesta dinero.

Quisiera compartir la respuesta:

La Misa es el mayor tesoro que tenemos: la entrega de Cristo mismo -de su vida, de todo su amor y gracia- a toda la humanidad y a cada uno de nosotros. Vivir la Misa no cuesta nada: podés asistir en cualquier iglesia, de cualquier pueblo del mundo, y todos estarán felices de contarte entre los feligreses que viven la entrega de Cristo.
Como es natural, es necesario sostener el culto, los edificios, los trabajos pastorales. Cada parroquia, cada capilla se sostiene con la contribución de los mismos fieles que participan de ella. La Iglesia no es como un Estado que cuenta con la financiación de los impuestos de todas las cosas que hacen los ciudadanos (cuando hablás por teléfono, tomas un colectivo, compras comida o un caramelo, hagas lo que hagas -trabajar, descansar, pasear, etc.- estás pagando impuestos al Estado). Es natural que con ocasión de ceremonias que encargamos -un casamiento, por ejemplo- contribuyamos a los costos que la misma ceremonia lleva consigo (gasto de luz, limpieza, sueldos, flores, mantenimiento, etc.). De modo que es razonable que en esas ocasiones se pida una contribución. Al mismo tiempo, te puedo asegurar que no conozco nadie que no se haya casado por el costo de la ceremonia, ya que lo caro es la fiesta. Además, cualquier parroquia casará sin costo alguno al feligrés (es decir, al miembro de esa comunidad) que lo necesite.
Es decir, que el dinero no es problema.
Sí te animaría a descubrir el valor infinito del amor de Cristo en la Eucaristía: el sentido y el valor de la Misa, la locura de amor de recibir a Dios en nosotros. Para asistir a Misa no tenés ningún requerimiento. Para comulgar sí hay algo que necesitás: estar en gracia de Dios (es decir, purificar tu alma de los pecados que hayas cometido -todos los comentemos-, en la confesión).

Una vez más se confirma que si explicamos las cosas de buena manera y quien pregunta tiene buena voluntad, las cosas siempre se aclaran. Quien me envió la pregunta, me respondió a vuelta de correo: Gracias, Padre creo que esta vez he comprendido mejor.

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