“No voy a Misa porque los que van se portan mal”

Hay quienes dejan de asistir Misa poniendo como pretexto que no lo hacen, porque ven  que los que lo hacemos no cambiamos, seguimos igual o peor. Mi pregunta es:

¿Es correcto lo que dicen ellos y qué se les puede contestar?

Es sencillo darse cuenta que el argumento no tiene mucho sentido: carece de coherencia lógica. Decir que no voy a Misa porque los que van no mejoran, no quiere decir nada. Simplemente es una excusa: tratar de justificar algo que hacen mal (no ir a Misa), con defectos que otros podamos tener los que sí vamos.

Para analizar el tema razonablemente habría que ver si asistir a Misa es bueno o es malo. Si hace bien o hace mal. También habría que pensar para qué uno va a Misa y si faltar a Misa hace mejor a la persona, es muestra de amor a Dios, o es lo contrario.

Por último habría que considerar si quien va a Misa y no se porta bien; se portar mal porque va a  Misa (es decir, si ir a Misa hace mala a la gente).

Pero:

1) Ir a Misa es bueno: quien tiene fe en la Eucaristía, no tiene duda de esto (quien carece de fe en la Eucaristía ni se plantea ir o no a Misa, se supone que estamos hablando con gente que cree que Jesús está en la Eucaristía). Dios se nos entrega en la Eucaristía, y eso no puede hacernos mal.

2) Afirmar que todos los que asistimos a Misa nos comportamos mal o no mejoramos  es una agresión gratuita, sin fundamentación alguna. Obviamente tenemos defectos -como todos- pero lo normal es que procuremos portarnos bien, aunque no siempre nos salga. Este juicio colectivo condenatorio, negativo, generalizado, es injusto y carece de fundamento. Por otro lado, tendrían que demostrar dos cosas:

a) que quienes vamos a Misa somos peores que los que no van.

b) que somos peores precisamente por ir a Misa (es decir, la Misa es la causa de ser peores).

3) Puede ser que haya personas que asistan a Misa y lleven una doble vida (es decir, una vida incompatible con la vida cristiana). Pero eso no es culpa de la Misa. La solución para sus vidas no es dejar de ir a Misa, sino cambiar de vida y comportarse de modo coherente con la Misa.

4) Los defectos de los cristianos pueden dar mal ejemplo (y daremos cuenta a Dios de este mal ejemplo), pero no excusa de amar a Dios, rendirle el culto que le debo como mi Creador y Padre.

Habrá que animar a esas personas a compararse menos con los demás, a no buscar justificaciones para no ir a Misa y a descubrir la maravilla de la Eucaristía: vale la pena.

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